24.1.09

El Museo de la Evolución de Yale

En el Año de Darwin y de la Evolución es interesante recordar que hace casi un siglo existía un museo dedicado a esta temática: el Museo de la Evolución de Yale. Se reproduce una noticia de Alrededor del Mundo, del 4 de diciembre de 1926, donde se acercaba este museo y lo que en él se exponía sus lectores.

Transcripción (textual):

“El mundo tiene muchos museos –dice un sabio-: pero el Museo de la Evolución de Yale es único” En él se encuentran, estudiado demostrativamente, desde los elementos unicelulares hasta el hombre; desde el infusorio hasta los terribles animales, como el pterodáctilo, que asombraba en las primeras edades por sus extraordinarias proporciones.
Todos los fósiles univertebrados están colocados estratigráficamente por orden, con notas explicativas y diagramas y mapas mostrando los cambios verificados en cada sucesiva Era. Por primera vez se ven en el Museo colecciones completas de animales existentes y desparecidos, relacionadas íntimamente las especies para hacer el total estudio de comparación entre ellos.
La colección de caballos es una demostración de la evolución histórica de una raza. El hall del hombre reúne materias para demostrar las evidencias evolucionistas derivadas de la anatomía comparada, el desarrollo histórico y los informes recogidos en el estudio de los fósiles. Junto a esta colección se muestra la llamada de factores evolucionistas: herencia, variación, coloración, semejanza, ambiente, etc…
En la rotonda maravilla al visitante un pequeño hall, donde se muestran algunos fenómenos celestes, en forma luminosa, tales como los meteoritos. En él existe un calendario azteca de piedra de los tres que se conocen.
Un enorme péndulo suspendido del techo, recuerda el experimento clásico que Foncault hizo en el Panteón de París, el año 1851, y que demuestra visualmente el fenómeno de la rotación de la tierra.
No son sólo las colecciones en él reunidas lo que maravilla del Museo que nos ocupa; notable también es el método de reconstrucción de animales de especies desaparecidas, que se debe al profesor Richard S. Lull. El método empleado anteriormente sólo daba una idea del tamaño de los animales, en tanto que el método de Lull muestra a un lado la estructura del esqueleto y a otro la forma y actitudes características que el animal tendría en vida. De ese modo el profesor puede utilizar las esquirlas incompletas de fósiles y los huesos defectuosos en lugar de construir de yeso y montarlos al uso corriente.
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Pie de figuras (Textual):

- El terrible lobo de la Edad de Piedra, reconstruido por el mismísimo método de Lull.
Interesante animal de las primeras edades: lobo de gigantescas proporciones y de una enorme voracidad, en relación con los ejemplares de lobo actualmente existentes. En el Museo de la Evolución es como el punto inicial de los estudios que sobre estos animales se realizan, y del cual se han escrito interesantes trabajos.
Este lobo se encontró en unas excavaciones hechas en el rancho de Brea, en los Ángeles (California). En los terrenos asfálticos de este país los animales de los días prehistóricos se hundían, y sus restos quedaban para testimoniar ante el investigador cuáles eran las características de los animales, cuya descripción nos parece fantástica, más propia de la imaginación que de la realidad.
- Tortuga gigante, la mayor de todas las conocidas, y que pesa tres toneladas y media. Al lado aparece el notable hombre de ciencia R. S. Lull.
- Esqueleto del lobo que aparece en el grabado de la izquierda.
Por el grabado puede comprenderse la importancia del método de Lull de no mostrar sólo la parte exterior de los animales, sino de disponer éstos de modo que por un lado se vea la forma exterior del animal y por otro la estructura del esqueleto.
Lull, teniendo en cuenta que el color de los animales varía poco de una centuria a otra, pinta la piel de acuerdo con un ejemplar determinado de la especie a que pertenece el tipo que se construye.
Para realizar el trabajo de conservación en la forma que lo hace Lull se requiere grandes conocimientos de la materia, un enorme cuidado y dominio exacto del funcionamiento muscular del animal.

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