24.10.12

La caída de los gigantes… (O la reflexión de una neurona sencilla)


Algunas veces paseamos por entornos naturales de belleza extraordinaria, rincones mágicos que nos asombran y cautivan. Otras, lo hacemos por lugares llenos de historia, plagados de leyendas y tradiciones, mentiras y verdades. Unos pocos, sin saberlo, hemos tenido la suerte de caminar por territorios que antaño estuvieron poblados por los señores del fuego (dragones y dinosaurios… Dinosaurios y dragones).
Hubo un tiempo en el que esos animales, grandes y pequeños, dominaron este planeta; un tiempo en el que lo habitaron pero no lo poseyeron.

Ahora, cuando nos acercamos a los campos que circundan el yacimiento de “Lo Hueco”, todas las parcelas tienen propietario. Coches, tractores, trenes… Cada uno por SU sitio. ¿Harían ellos esas distinciones? ¿Acotarían el terreno por especies, por clases, por tamaños…? ¿Establecerían turnos para comer o para acercarse a las orillas del lago para beber?

Durante el tiempo que duró su reinado estoy segura de que jamás se creyeron los dueños de nada.

Quizás eso nos debiera hacer reflexionar sobre nuestra soberbia y nuestro complejo de superioridad, porque por muchos elefantes que cacemos (en África o Asia) o por muchos árboles que cercenemos (en Fuentes o en la cuenca del Amazonas), apenas bastarían unos segundos para hacernos desaparecer de la faz de la Tierra. A las pruebas me remito.

Nadie debería sentirse como un gigante orgulloso en un lugar tan pequeño del Universo. ¿O sí?

Dinosaurio de andar por casa.
Sonia Martínez Bueno

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