25.1.13

Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar


No muy lejos del lugar donde estoy tecleando estas letras que se unen formando palabras y posteriormente oraciones (gramaticalmente hablando), no es difícil detenerse por un instante al oir:

Buenos días, hoy me toca sexar larvas.

Sí, sí, estáis leyendo correctamente "sexar larvas" (de mosquitos). Pues algo así les pudo inspirar a los autores del artículo recientemente publicado en la revista Nature Communications cuando sentados (o de pie) delante de cientos de ejemplares del «ave de Confucio» decidieron comprobar si existe una relación directa entre las formas con plumas alargadas en la cola y las formas que no las poseen. A priori y sin alejarse mucho en la filogenia, las aves del paraíso, con sus extravagantes plumas nupciales, parecen dar muestras consistentes de que las primeras formas se podrían relacionar con ejemplares machos mientras que las segundas con ejemplares hembras. Y, ¿dónde está la tecla que se tiene que tocar y que nos permite sexar (estos fósiles) con mayor seguridad? La respuesta nos la proporciona un tipo especifíco de tejido óseo denominado hueso medular que sirve como reservorio de calcio y que es fundamental en la generación de la cáscara del huevo en el que se desarrollará un nuevo ser. Y aquí es donde entran en acción los restos fósiles de Confuciusornis sanctus que no presentan los restos fosilizados de plumas alargadas. Y es que en uno de estos ejemplares de este dinosaurio volador del Cretácico se ha constatado la presencia de este tipo de tejido óseo...

...y bueno todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo (de Confuciusornis sanctus) pero nunca se atrevió a preguntar, se lo han contado.

--Imagen tomada de ScienceDaily (Autor: Stephanie Abramowicz).

--Referencia: Anusuya Chinsamy, Luis M. Chiappe, Jesús Marugán-Lobón, Gao Chunling & Zhang Fengjiao (2013): Gender identification of the Mesozoic bird Confuciusornis sanctus. Nature Communications 4:1381. DOI: 10.1038/ncomms2377.

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