20.5.15

Reevaluando el dimorfismo sexual en Protoceratops



El dimorfismo sexual se conoce en muchas especies actuales y extintas en múltiples clados. No obstante, es difícil de reconocer en especies extintas la presencia de dimorfismo puesto que puede estar enmascarado por otras diferencias intraespecíficas o el efecto de la ontogenia.

Aunque se han registrado posibles diferencias atribuidas a dimorfos en múltiples especies de dinosaurios no avianos del Mesozoico, la presencia de una muestra escasa impide test de hipótesis rigurosos. Es aquí donde cobran un papel especial los ceratopsios, puesto que suelen encontrarse en yacimientos de hasta centenares de ejemplares, con buenos restos craneales.

Maiorino y colaboradores han revisado Protoceratops andrewsi con el objetivo de testar algunas de las hipótesis tradicionales sobre su dimorfismo sexual. Y es que P. andrewsi parece tener una diferencia clara entre machos y hembras tanto en el esqueleto craneal (presencia de defensas más grandes en machos, presencia de un cuerno nasal, diferencias de altura de la parte más delantera de los nasales, etc.) como poscraneal, de acuerdo a estudios como el de Brown y Schlaikjer (1940) o Dodson (1976).

Diferentes landmarks y semilandmarks empleados para este estudio sobre el cráneo en vista lateral y dorsal, así como el módulo del cráneo sin gola y la gola por separado.

Para testar estas hipótesis, Maiorino y colaboradores aplicaron diversas técnicas standard en morfometría geométrica 2D con 29 cráneos de P. andrewsi, entre ellos machos y hembras así como 4 posibles juveniles. Con estas técnicas y teniendo en cuenta las medidas propuestas para diferenciar entre machos y hembras, trataron de ver si eran capaces de obtener dos grupos diferentes y estadísticamente significativos.

Uno de los múltiples análisis de componentes principales presente en el estudio. En este caso de los landmarks y semilandmarks en vista lateral. Como se observa, el morfoespacio de los machos y las hembras se solapan.

Replicando el estudio de Dodson, los autores obtuvieron resultados similares salvo por algunas asignaciones ambiguas entre los nuevos ejemplares estudiados. No obstante, cuando se analizaron los componentes principales o se realizaron análisis de aglomerantes, los resultados fueron muy distintos.
No obtuvieron diferencias significativas entre machos y hembras. Todos los análisis demostraban una buena diferencia entre los ejemplares adultos y los posibles juveniles, pero los morfoespacios de hembras y machos se solapaban.
Tan solo el estudio del rostro sin gola, como módulo aislado, proporcionó una diferencia entre machos y hembras significativa.

Resultado de los análisis de aglomerantes a partir de los landmarks y las medidas. En azul los machos propuestos, en rosa las hembras y los juveniles en gris.

Por tanto los autores concluyen que no habría diferencias significativas entre las morfologías craneales de ambos sexos. Las diferencias existentes no son atribuibles con seguridad a machos y hembras. O como los autores indican, que habría que tener en cuenta el esqueleto craneal para realizar estudios similares para testar los caracteres propuestos como diferencias entre sexos.

Otra posibilidad es que hubiese otras características que diferenciasen a los posibles machos de hembras y que sean distintas a las propuestas en trabajos previos y de las que se han estudiado en este trabajo. Aun así, los autores no han encontrado ninguna tendencia en los análisis que les permita diferenciar entre dos grupos discretos esperable en presencia de dimorfos. 
Ya saben el dicho, las Protoceratops vienen de Venus ¿y los Protoceratops también? O algo así.



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