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Las tortugas de la isla griega de Samos


El registro fósil del Mioceno superior de la isla griega de Samos es conocido desde hace casi un siglo y medio, habiendo aportado relevante información para conocer cómo eran las faunas de vertebrados de ese periodo en la región oriental del Mediterráneo. Especímenes provenientes de esa isla forman parte de colecciones de instituciones científicas no sólo griegas y de otros países de Europa, sino también de fuera de este continente. En ese sentido, uno de los grupos de reptiles identificados en los afloramientos de Samos, las tortugas, estaban representados por especímenes previamente documentados y, especialmente, mediante otros inéditos, depositados en varias instituciones europeas y en el American Museum of Natural History de Nueva York.


La información sobre las tortugas del Mioceno superior de Samos era hasta ahora muy limitada. Sin embargo, debido a la posición geográfica de esa región, el estudio de las tortugas que habitaron allí durante ese periodo ofrecía un potencial alto interés desde un punto de vista paleobiogeográfico. Por este motivo, el análisis detallado de estos reptiles ha sido realizado, resultando en una publicación que forma parte del volumen más reciente de la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

Tal como se indica en ese nuevo artículo, el material de tortugas del Mioceno superior de Samos es atribuible a formas terrestres (Testudinidae). Este registro es relevante al incluir tanto una forma extinta del linaje moderno de Testudo, no notificada previamente, como especímenes atribuibles al género del Neógeno de Europa Titanochelon, que supone uno de los mayores de tortugas terrestres documentados hasta la fecha.


El registro de las relativamente pequeñas tortugas de Samos incluye dos caparazones parciales. Ambos parecen formar parte de una misma especie, hasta ahora no definida, que podría ser cercana a la forma coetánea Testudo marmorum, hallada en Grecia continental. La tortuga gigante de Samos, originariamente definida como ‘Testudoschafferi, era únicamente conocida por un cráneo y un fémur. El conocimiento sobre esta especie, actualmente identificada como Titanochelon schafferi, ha sido notablemente incrementado mediante la revisión de esos elementos, así como gracias al estudio de numerosos ejemplares inéditos, incluyendo restos del caparazón, varios huesos apendiculares y osteodermos. Como consecuencia del incremento en el conocimiento sobre la sistemática de los testudínidos de Samos, las relaciones de esta fauna de reptiles con aquellas de otras regiones europeas, pero también con las de Asia Menor, son analizadas en el nuevo trabajo.

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Más información:
  • Referencia: E. Vlachos, A. Pérez-García, S. Roussiakis, G.L. Georgalis & B.P. Kear. 2019. Late Miocene tortoises from Samos, Greece: implications for European Neogene testudinid systematics and distributions, Journal of Vertebrate Paleontology, 39: 6, e1722950. DOI: 10.1080/02724634.2019.1722950
  • Imágenes (de arriba abajo): caparazones del testudínido pequeño del Mioceno superior de Samos (Grecia); cráneo de Titanochelon schafferi (lectotipo); húmero y fémur (paralectotipo) de Titanochelon schafferi.
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Lusovenator santosi en los medios


A principios del pasado julio se publicó la nueva especie de dinosaurio terópodo Lusovenator santosi. El descubrimiento de este nuevo carcarodontosaurio procedente del Jurásico Superior de Portugal se ha difundido por diversos medios y, como es costumbre, hacemos un repaso de la repercusión mediática de esta descubierta y en los siguientes enlaces dejamos las noticias más relevantes sobre la nueva especie:
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Lusovenator santosi, una nueva especie de dinosaurio carnívoro del Jurásico Superior de Portugal


Hace pocos días se publicó en el Journal of Vertebrate Paleontology la descripción de un nuevo taxón de dinosaurio terópodo del Jurásico Superior de la Cuenca Lusitánica. Esta nueva especie, denominada Lusovenator santosi, se ha definido a partir de restos recogidos en las dos últimas décadas en los yacimientos de Praia de Valmitão (Lourinhã) y Cambelas (Torres Vedras), ambos situados en el litoral portugués. Inicialmente, estos restos se atribuyeron a una forma cercana al terópodo Allosaurus, uno de los dinosaurios carnívoros mejor conocidos y más abundantes del Jurásico Superior. Sin embargo, un análisis más detallado de los restos ha permitido relacionarlos con los carcarodontosaurios, un grupo hasta ahora desconocido en niveles tan antiguos en el hemisferio norte. Esto grupo de alosauroides estaba hasta hace poco restringido temporalmente al Cretácico, con escasas excepciones a esta distribución como es el caso de Veterupristisaurus, del Jurásico Superior de Tanzania, y algunos materiales fragmentarios descritos en niveles del Jurásico Superior de China y Alemania.

Lusovenator santosi se ha descrito en base a una combinación de características exclusivas que incluyen tres autapomorfías: (1) la presencia de un receso bien desarrollado en el arco neural de las vértebras dorsales anteriores; (2) la presencia de láminas longitudinales que se extienden desde las prezigapófisis hasta la extremidad distal de las postzigapófisis en las vértebras caudales medias y (3) la cresta supraacetabular del ilion muy desarrollada formando una proyección ventrolateral prominente. El análisis filogenético sitúa a esta nueva espécie en la base del clado Carcharodontosauria, un grupo de dinosaurios carnívoros que incluye alguno de los mayores depredadores que han habitado el planeta. Se han reconocido miembros de este clado en Europa durante el Cretácico Inferior, correspondiendo a formas de medio porte, pero las formas de mayor tamaño son abundantes a finales del Cretácico en distintas áreas del hemisferio sur, como por ejemplo Carcharodontosaurus en África o Giganotosaurus en Argentina. En la península ibérica el grupo sólo estaba representado por Concavenator corcovatus, procedente del yacimiento conquense de Las Hoyas.


Lusovenator es el carcarodontosaurio más antiguo conocido hasta el momento en Laurasia e indica la presencia de estos carnívoros en el hemisferio norte unos 20 millones de años antes de lo que indicaba el registro conocido. Este hallazgo sitúa a la península ibérica como una región fundamental para comprender cómo se produjo el evento de dispersión de los carcarodontosaurios en el hemisferio norte a finales del Jurásico. La descripción de este taxón destaca la diversidad de terópodos de medio y gran porte que habitó la cuenca lusitánica en la parte final del Jurásico Superior. Hasta el momento, la fauna de terópodos del Jurásico Superior de Portugal estaba compuesta principalmente por formas estrechamente emparentadas con especies coetáneas y bien conocidas de la Formación Morrison de Norteamérica como son Ceratosaurus, Torvosaurus y Allosaurus. Sin embargo, no se conocen carcarodontosaurios en América del Norte hasta el Cretácico Inferior. Esta situación podría explicarse por la formación de corredores de fauna a través del Atlántico Norte a principios del Cretácico.


El nombre específico de Lusovenator santosi es un homenaje a José Joaquim dos Santos, un aficionado de la paleontología que a lo largo de más de 30 años ha descubierto un gran número de yacimientos con dinosaurios en la región oeste de Portugal en colaboración con los grupos de investigación que trabajan en la zona. En la actualidad, la colección de restos fósiles descubiertos por José Joaquim dos Santos pertenece a la Câmara Municipal de Torres Vedras y está gestionada por la Sociedad de Historia Natural y contiene ejemplares tan conocidos como la serie tipo del dinosaurio saurópodo Oceanotitan dantasi, el pequeño ornitópodo Eousdryosaurus nanohallucis o la tortuga Hylaeochelys kappa.

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Mas información:
  • Referencia: Malafaia, E., P. Mocho, F. Escaso, and F. Ortega. 2020. A new carcharodontosaurian theropod from the Lusitanian Basin: evidence of allosauroid sympatry in the European Late Jurassic. Journal of Vertebrate Paleontology. DOI:10.1080/02724634.2020.1768106. 
  • Imágenes (de arriba abajo): Reconstrucción del aspecto en vida de Lusovenator santosi (Autor: Carlos de Miguel Chaves para el GBE), elementos esqueléticos del holotipo de Lusovenator santosi, que corresponde a un ejemplar juvenil de unos 3 metros hallado en Praia de Valmitão (Lourinhã), el descubridor de los restos, Joaquim dos Santos, junto a Francisco Ortega (GBE).
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Buscando el origen de las faunas de vertebrados del final del Cretácico de Europa


Gracias a los hallazgos realizados durante los últimos años, la mayor concentración de macrorestos de vertebrados del Cenomaniense (base del Cretácico Superior, hace algo más de 95 millones de años) de Europa suroccidental ha sido identificada en la localidad española de Algora (Guadalajara, Castilla-La Mancha). La información sobre los primeros 25 millones de años del Cretácico Superior (último periodo del Mesozoico) de Europa era extremadamente limitada, comparada con aquella tanto del periodo anterior (el Cretácico Inferior) como del final del Cretácico. Las faunas de ambos momentos temporales eran radicalmente diferentes, por lo que los nuevos datos aportados por yacimientos como Algora habían sido reconocidos como de gran potencial para aportar información sobre cómo ocurrió esta transición faunística, así como para identificar patrones de dispersión de varios linajes, originados fuera de Europa, pero reconocidos en los niveles del final del Cretácico de este continente.


Investigaciones recientemente efectuadas en Algora habían permitido reconocer una asociación faunística exclusiva de esa región. Sin embargo, muchos de los taxones identificados no habían sido, hasta ahora, analizados en detalle. Excavaciones sistemáticas realizadas en esta localidad, a lo largo de los últimos años, han aportado nuevos restos de esos y otros animales, de manera que el conocimiento sobre esta fauna ha podido ser notablemente incrementado. En este sentido, un artículo que supone la puesta al día sobre la información de esta localidad fosilífera acaba de ser publicado, en la revista Cretaceous Research.

Como consecuencia del nuevo estudio, el listado faunístico de Algora es radicalmente modificado, la identificación de varios taxones pudiendo ser mejorada. De esta manera, implicaciones sobre el origen de las faunas bien establecidas en los niveles del final del Cretácico de Europa, pero desconocidas en los niveles del Cretácico Inferior de este continente, son aportadas.


La fauna de Algora es reconocida como integrada por algunos linages de vertebrados presentes en el registro del Cretácico Inferior de Europa y, especialmente, por otros no reconocidos en niveles más antiguos, y que suponen el resultado de la dispersión de varios linajes de origen gondwanico desde África hasta la Península Ibérica a comienzos del Cretácico Superior, incluyendo peces y algunos grupos de reptiles bien representados en los ecosistemas del final del Cretácico de Europa, como es el caso de las muy abundantes tortugas pleurodiras (botremídidos) o los mayores dinosaurios carnívoros en esos ecosistemas (abelisaurios). Esos y otros linajes muestran como la composición faunística de Algora difería marcadamente de la registrada en niveles anteriores de Europa, mostrando grandes afinidades con aquella bien establecida al final del Mesozoico. Los cambios climáticos que tuvieron lugar a lo largo del final del Cretácico Inferior, y a comienzos del Cenomaniense, son reconocidos, por primera vez en este nuevo trabajo, como uno de los principales factores que condicionaron el radical cambio faunístico en Europa.
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Más información:
  • Referencia: A. Pérez-García, N. Bardet, M.A. Fregenal-Martínez, M. Martín-Jiménez, P. Mocho, I. Narváez, A. Torices, R. Vullo, F. Ortega. In press. Cenomanian vertebrates from Algora (central Spain): New data on the establishment of the European Upper Cretaceous continental faunas. Cretaceous Research. https://doi.org/10.1016/j.cretres.2020.104566
  • Imágenes (de arriba abajo): holotipo de la tortuga litoral Algorachelus y pelvis de un vertebrado marino, atribuible a un elasmosaurio; vértebra dorsal de un cocodrilo derivado atribuible a Eusuchia; dientes de terópodos compatibles con un abelisaurio.
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Spinophorosaurus revela una posible innovación clave para los saurópodos

Un equipo investigador liderado por paleontólogos de la UNED, junto a la Universidade de Lisboa y el Museo Paleontológico de Elche, ha descubierto que una de las principales claves para comprender las estrategias de alimentación de los dinosaurios saurópodos estaba en las vértebras de su pelvis, el sacro. La investigación ha sido publicada en la prestigiosa revista Scientific Reports del grupo Nature, y supone el descubrimiento de una innovación clave en la evolución de este popular grupo de dinosaurios.

Reconstrucción de Spinophorosaurus nigerensis en el ambiente en que habitó durante el Jurásico, según la información obtenida en esta investigación (y un terópodo megalosauroideo conocido a través de los dientes encontrados en el mismo yacimiento que ya fueron publicados aqui). Ilustración por Diego Cobo.

A la mayoría se nos viene a la mente la imagen de un saurópodo cuando pensamos en un dinosaurio. Se trata de esos animales gigantescos, cuadrúpedos, con una cola larga y un cráneo pequeño al final de un cuello también largo. Los recientes descubrimiento de muchas nuevas especies de saurópodos han puesto de manifiesto que sus capacidades de alimentación habrían sido variopintas: habría desde especies capaces de alcanzar las más altas ramas de la vegetación hasta pastadores a ras de suelo. Esto, unido a la eclosión de la paleontología virtual, nos hicieron plantear la necesidad de estudiar con detalle cuales eran estas capacidades de alimentación mediante el uso de esqueletos virtuales.

Para ello, se eligió comenzar con el esqueleto de Spinophorosaurus nigerensis, que había sido excavado en 2007 en Níger, en el contexto del proyecto PALDES (Paleontología y Desarrollo) y que se encuentra temporalmente depositado en el Museo Paleontológico de Elche para su estudio. Esta especie del Jurásico Medio (hace 170 millones de años) es uno de los dinosaurios saurópodos primitivos más completos y mejor preservados conocidos. Mediante avanzadas técnicas de digitalización, se obtuvieron modelos tridimensionales de muy alta resolución de cada uno de los huesos del esqueleto (más de 200 en total). A partir de estos modelos tridimensionales se pudieron articular los huesos de este animal de casi 13 metros de longitud en un entorno virtual, minimizando cualquier noción preconcebida. Al finalizar el montaje, la sorpresa fue que la reconstrucción virtual era muy diferente a lo esperado. En lugar de tener la columna vertebral horizontal, el torso y el cuello se encontraban mucho más elevados que en reconstrucciones previas. Este cuello y dorso más elevados permitían a Spinophorosaurus alcanzar vegetación a más de 5 metros de altura (algo más del doble de la altura de sus hombros) sin necesidad de flexionar el cuello. 

Comparación entre la reconstrucción previa de Spinophorosaurus nigerensis y el esqueleto virtual recientemente publicado, en la que pueden apreciarse las diferencias en la verticalización del dorso y cuello de este dinosaurio.

El motivo de tener un cuello tan elevado, sorprendentemente, estaba no en la base del cuello, sino en las vértebras sacras. Estas vértebras presentan un muy marcado acuñamiento de 20 grados. Este acuñamiento convierte al sacro en una piedra angular o clave, cumpliendo un papel en la columna vertebral muy similar a la dovela central de un arco. El sacro desvía las vértebras de la cola y las dorsales-cervicales unos 20º, elevando el dorso y el cuello en la vertical. El sacro acuñado iba acompañado en Spinophorosaurus de unos brazos relativamente largos o un cuello más flexible que en otros saurópodos. Esto lo hacían capaz de alimentarse de vegetación a más de 7 metros de altura, situando el cuello completamente vertical como las jirafas actuales. 

Características anatómicas, incluyendo el sacro acuñado, que permitieron a Spinophorosaurus (así como a muchos otros dinosaurios saurópodos) llegar a alimentarse de vegetación de gran porte.

Esto sugería que el sacro podría ser un componente esencial para determinar las capacidades de los saurópodos para conseguir alimento. Por ello, el siguiente paso fue comprobar esta región anatómica en otros saurópodos cuyas capacidades de alimentación ya habían sido estudiadas. La sorpresa vino cuando se observó que el sacro de la grandísima mayoría de los dinosaurios saurópodos también estaba acuñado. Aunque este acuñamiento era más acusado en los saurópodos con los brazos más largos que se alimentarían de vegetación de porte alto y mucho menos acusado en los saurópodos de brazos más cortos que se alimentarían de vegetación de porte bajo, todos presentaban sacros con acuñamientos de al menos 10º. Solamente aquellos dinosaurios saurópodos más primitivos tenían sacros no acuñados, de perfil rectangular, a pesar de tener brazos y cuellos relativamente alargados. Esto indica que el acuñamiento del sacro apareció pronto en la historia evolutiva de los saurópodos, y que probablemente supuso una innovación clave: un cambio en una estructura anatómica con enormes repercusiones para el éxito evolutivo de estos animales. Una innovación clave que había pasado desapercibida durante más de 150 años de investigación. 

Historia evolutiva simplificada de los dinosaurios saurópodos, mostrando el importante papel que tuvo el sacro durante su evolución. Ilustraciones por Diego Cobo.

Los primeros saurópodos, con sacros rectangulares, habrían tenido capacidad para alimentarse de vegetación de porte medio. Sin embargo, pronto apareció el acuñamiento en el sacro. Estos saurópodos (denominados Eusauropoda) con sacro acuñado tuvieron una capacidad para alcanzar vegetación de mayor altura que sería heredada por todos sus descendientes. Sin embargo, aquellos eusaurópodos que se especializaron en comer vegetación de menor porte se encontraron con un hándicap: el sacro hacía que su torso y cuello se elevaran en la vertical, alejando su cabeza del suelo. Por un motivo aún desconocido, el sacro nunca perdió el acuñamiento, de modo que estas formas sufrieron modificaciones adicionales en su esqueleto durante su evolución (como acortar mucho la extremidad anterior) para que la cabeza no se elevara tanto del suelo, y compensar así el efecto de piedra angular del sacro. Por contra, en algunos linajes de eusaurópodos el sacro acuñado se volvió e extremadamente acuñado, lo que junto a unos brazos y cuellos larguísimos dio lugar a los animales de mayor estatura que jamás anduvieron sobre la tierra. Ambas situaciones ocurrieron de forma convergente en varios linajes de dinosaurios saurópodos. Ello deja patente que el sacro fue, en efecto, una estructura que condicionó la evolución de estos animales desde casi sus orígenes hasta su extinción hace 66 millones de años.

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Febrero de conferencias paleontológicas en el Grupo de Biología Evolutiva de la UNED


El pasado 11 de febrero se celebró como cada año el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y diversos integrantes del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED participaron en actividades enmarcadas en este evento ofreciendo diferentes charlas divulgativas en centros educativos.

Imagen de las tres ponentes en la Jornada de la UAM, de izquierda a derecha: Jimena Nicolás, Irene Julián y Elena Cuesta

Elena Cuesta, como miembro de la Asociación Mujeres con los Pies en la Tierra, dio una charla titulada “Caminando hacia la equidad de género en la Investigación científica” en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid como parte de la Jornada “Científicas Fantásticas y dónde encontrarlas”. La jornada iba dirigida a estudiantes del departamento y se centraba en la visibilización de científicas a lo largo de la historia y a concienciar sobre la situación de las mujeres científicas desde una perspectiva de equidad de género en la Universidad Autónoma, en particular, y en la carrera científica, en general. Sobre esto último, es en lo que se centró Elena durante su charla, poniendo sobre la mesa los datos recogidos en recientes bases de datos del Ministerio y el CSIC, centrándose en la problemática de la baja representación de mujeres en los altos cargos, el techo de cristal y los estereotipos en ciencia.

Gráfico en “tijera” de la representación por género en los distintos niveles de la carrera científica que comparan 2008 con 2018 extraída del Informe del CSIC de 2018

Ane de Celis estuvo en el IES Marqués de Santillana (Colmenar Viejo, Madrid) dando una charla titulada “¿Cuántos cocodrilos existieron?” a los alumnos de 4ºESO. En esta charla se les explicó brevemente la historia evolutiva de los cocodrilos, desmintiendo que “no han evolucionado” y mostrando la gran cantidad y diversidad de grupos de cocodrilos que hubo en el pasado.

Diapositiva de la charla de Ane de Celis, mostrando cómo ha cambiado la biodiversidad de los distintos linajes de cocodrilos a lo largo de su historia evolutiva (paleodiversidad)

Por otra parte y fuera del marco de actividades relacionado con el 11 de febrero, otro de los miembros del GBE, Marcos Martín presentó el viernes 14 de febrero, una charla divulgativa sobre “Paleontología de Vertebrados Mesozoicos” en el IES Juan Bautista Monegro de Torrejón de Ardoz. En ella explicó a los alumnos de cuarto de ESO una breve historia sobre los descubrimientos de reptiles mesozoicos, principalmente dinosaurios, y cómo trabajan los paleontólogos desde que se solicitan los permisos a la Administración para la realización de excavaciones, hasta la publicación de sus hallazgos y divulgación mediante los diferentes medios.

Momento en el que Marcos Martín describe los diferentes tipos de actividades que desarrollan los paleontólogos

Y hoy mismo, Adán Pérez-García intervendrá en la XI Olimpiada Geológica Madrileña con la conferencia "Patrimonio paleontológico español: hallazgos relevantes recientes de reptiles mesozoicos y cenozoicos en el centro peninsular". Tendrá lugar a las 12:00 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, cerca del yacimiento paleontológico de Somosaguas.

Adán Pérez-García y Fernando Escaso trabajando en el yacimiento triásico de El Atance (Guadalajara)
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A vueltas con la validez (o no) de 'Partanosaurus'



Varios investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED acaban de publicar un nuevo artículo en la revista Journal of Vertebrate Paleontology titulado "On the validity of the Middle Triassic sauropterygian ‘Partanosaurus zitteli’ and the diversity of Simosauridae". 'Partanosaurus' es un género problemático y dudoso de sauropterigio triásico (ya sabéis, el mismo grupo al que pertenecen notosaurios y placodontos) encontrado en los Alpes austriacos y descrito a finales del siglo XIX. Casi desde el principio ha sido un taxón reconocido como no válido, y durante más de 20 años ha sido considerado un sinónimo del notosauroideo Simosaurus, bastante mejor conocido. Ahora, el hallazgo de nuevos restos de simosáuridos ha permitido re-evaluar su validez. En el artículo se reconoce como un nomen dubium (nombre dudoso), aunque se sugiere que sí podría ser un taxón válido y se rechaza su sinonimia con Simosaurus

Habrá que esperar a ver si aparecen ejemplares más completos que ayuden a resolver todo este follón. Mientras tanto, os dejamos aquí con el resumen del trabajo:

Partanosaurus zitteli’ is an obscure and doubtful sauropterygian taxon from the Ladinian (Middle Triassic) of the Austrian Alps, described at the end of the 19th century and based on isolated axial and pectoral remains belonging to a single individual. For more than 20 years, it has been considered an invalid species, belonging to the much better known sauropterygian genus Simosaurus, also from the European Ladinian record. The revision of the type species of Simosaurus (i.e., Simosaurus gaillardoti, considered to be the only representative of the monospecific clade Simosauridae until recent times), the recent definition of a new simosaurid taxon (i.e., Paludidraco multidentatus), and the discovery in the past decade of new European Upper Triassic simosaurid remains not attributable to any of those two species permit a better understanding of the Simosauridae clade. The validity of ‘P. zitteli’ is revised based on these new findings. Its previous proposal as a junior synonym of S. gaillardoti cannot be justified here, but we opt to declare it a nomen dubium, considering the scarce material currently attributed to it and the absence of autapomorphies. We recognize a higher diversity for the clade Simosauridae than previously expected. Emended diagnoses for S. gaillardoti and Pa. multidentatus are provided, based on the review of the known simosaurid specimens, including the holotype of ‘P. zitteli.’

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Más información: 
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Sobreviviendo a la extinción finicretácica: una tortuga primitiva terrestre en el Cenozoico de Laurasia


Todas las tortugas actuales corresponden a dos linajes, separados en el tiempo desde el Jurásico, hace más de 160 millones de años. Sin embargo, esos dos linajes de tortugas “modernas” no son los únicos que han existido. Así, se conocen muchos grupos de tortugas primitivas, la mayoría de ellos habiendo habitado antes del origen de esas formas modernas. Algunos consiguieron sobrevivir más tiempo, coexistiendo con ellas durante el periodo en el que los grandes dinosaurios dominaron la Tierra, pero desapareciendo como consecuencia del fenómeno de extinción masiva que acabó tanto con los dinosaurios (a excepción de las aves) como con muchos otros organismos, hace unos 66 millones de años. Hasta ahora únicamente se conocía una excepción. Así el único linaje de tortugas primitivas terrestres identificado como superviviente de ese fenómeno eran las llamadas “tortugas con cuernos” o meiolánidos. Estas curiosas tortugas son exclusivas de la región sur del Hemisferio Sur, su registro fósil estando bien representado en las actuales Oceanía y Sudamérica. De hecho, sus últimos representantes habitaron en tiempo relativamente reciente, conviviendo con el ser humano, identificado como el principal causante de su desaparición.


La información sobre los vertebrados que habitaron en Europa durante los diez millones de años posteriores la citada extinción masiva que marcó el final del Mesozoico o periodo dominado por los grandes reptiles es muy limitada, debido al escaso número de yacimientos de ese periodo. Debido a la resistencia del caparazón, y a la relativa alta abundancia de este grupo de reptiles en muchos ecosistemas, las tortugas son uno de los grupos de vertebrados mejor representados en esos yacimientos. Estudios recientes sobre sus restos muestran que las faunas europeas de tortugas experimentaron un cambio radical: desaparecieron las formas que habitaron en este continente en momentos anteriores a la extinción, su papel en muchos ecosistemas quedando vacante hasta la relativamente rápida llegada de nuevos grupos de tortugas provenientes de diversas direcciones (Norteamérica, África y Asia). Todos los grupos de tortugas hasta ahora identificados en los nuevos ecosistemas europeos correspondían a miembros de los dos linajes de tortugas modernas. De hecho, ninguna tortuga primitiva era reconocida, en el Hemisferio Norte, en el registro de los últimos 66 millones de años. Sin embargo, un nuevo estudio que acaba de ser publicado en una revista del bien conocido Nature Publishing Group, Scientific Reports, muestra que las tortugas modernas no estaban solas. Así, se ha realizado un curioso hallazgo: una tortuga primitiva sobrevivió en Laurasia (es decir, en las tierras emergidas que actualmente constituyen el Hemisferio Norte) tras la extinción masiva. Esta tortuga terrestre corresponde a una nueva forma, con características anatómicas muy peculiares.


Considerando tanto que habitó en esa región del Planeta (Laurasia), como a que corresponde a un auténtico superviviente de tiempos anteriores (un animal relicto), esta nueva tortuga ha sido denominada Laurasichersis relicta. Laurasichersis ha sido descrita a partir de abundante material proveniente de un yacimiento del noreste de Francia, su presencia siendo también identificada en Bélgica. Sin embargo, Laurasichersis no tiene nada que ver con las formas primitivas del Mesozoico de Europa. Su origen hay que buscarlo en otro continente: se trata del último representante de un grupo previamente identificado a mucha distancia, en China y Mongolia, donde era conocido desde el Jurásico, más de 100 millones de años antes de que habitara la nueva Laurasichersis. Este grupo llegó a Europa muy poco tiempo después del final del Mesozoico. El motivo por el que Laurasichersis sobrevivió a la gran extinción, pero no ninguna de las otras tortugas terrestres primitivas norteamericanas, europeas o asiáticas, resulta todo un misterio. De hecho, el linaje de Laurasichersis no tiene nada que ver con el de las “tortugas con cuernos” de las masas continentales del sur del Planeta, del que se separó más de 100 millones de años antes, evolucionando de manera independiente.


La nueva tortuga europea tenía un tamaño relativamente grande, el caparazón de los individuos adultos excediendo los 60 cm de longitud. Como ocurre con las otras tortugas primitivas, se considera que Laurasichersis carecería de la capacidad de retraer el cuello dentro del caparazón, para poder ocultar así la cabeza frente a los depredadores. Por este motivo, generó otros mecanismos para su protección, destacando la presencia de una importante coraza protectora, a modo de grandes pinchos, mediante estructuras duras situadas sobre el cuello, las patas y la cola. De hecho, aunque elementos similares son reconocidos en otros grupos de tortugas primitivas, los de Laurasichersis son únicos, constituyendo una estructura compleja, compuesta por varios elementos suturados entre sí, y cubiertos de numerosos escudos córneos. Así, aunque los grandes dinosaurios mesozoicos ya habían desaparecido, Laurasichersis convivió con nuevos animales depredadores, que rápidamente ocuparon las posiciones de dominio en la cadena trófica que habían quedado disponibles. Otra de las curiosidades anatómicas de Laurasichersis radica en el número de placas que componen su caparazón. Aunque la cantidad de placas suele ser la misma en la mayoría de las tortugas, la región ventral de caparazón de la nueva tortuga estaba provista por un número superior de estos elementos que los conocidos para cualquier otra tortuga. Además del caparazón, se han identificado elementos de las extremidades, pero también importantes restos craneales, de esta nueva tortuga. Por lo tanto, su anatomía ha podido ser descrita con gran precisión.


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Más información:
  • Referencia: Pérez-García, A. 2020. Surviving the Cretaceous-Paleogene mass extinction event: A terrestrial stem turtle in the Cenozoic of Laurasia. Scientific Reports 10:1489.
  • Imágenes (de arriba abajo): Escena del Paleoceno de Mont de Berru (Francia), donde se observa una pareja de tortugas Laurasichersis, así como el ave Gastornis (Realizada por José Antonio Peñas para SINC)/Reconstrucción del caparazón/Localización del yacimiento donde Lausasichersis relicta ha sido descrita y reconstrucción dorsal y ventral de la tortuga (Realizada por José Antonio Peñas para SINC)/Varios morfotipos de osteodermos de la nueva tortuga/Cladograma calibrado con información paleobiogeográfica.
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Variabilidad en los saurópodos de Lo Hueco: ¡La Tesis!


El pasado viernes 24 de enero, en el Salón de Grados del Edificio de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, Adrián Páramo defendió su memoria de tesis titulada "Análisis de la evolución neurocraneal en la radiación temprana de Eusuchia". El resultado, por supuesto, fue la obtención del título de Doctor en Ciencias, obteniendo además la calificación, Sobresaliente...

La tesis ha sido dirigida por José Luis Sanz de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Académico Numerario de la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (RAC), y por Francisco Ortega, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). La finalización de este proceso de doctoramiento de Adrián supone el reconocimiento al duro esfuerzo y trabajo llevado a cabo en los últimos años en su labor de resolver el rompecabezas de elementos apendiculares de saurópodos titanosaurios que se conocen del yacimiento paleontológico de Lo Hueco. Aquí tenéis el abstract de la tesis:

In the current dissertation a revision of new data of the appendicular skeleton of the Campanian-Maastrichtian fossil site of Lo Hueco (Cuenca, Spain) is presented. This fossil site have yielded an abundant sample of specimens referable to titanosaur sauropods, with several individuals partially articulated and tens of isolated specimens. There has been identified a high morphological variability in each appendicular element and the presence of several small-sized specimens in this sample.

Until now, a single titanosaur exclusive form have been described, Lohuecotitan pandafilandi. However, the study of abundant isolated specimens from the fossil site have allowed to identify two main teeth morphotypes, two types of braincase, three morphotypes in the axial skeleton of the dorsal region, and four morphotypes among the caudal vertebrae.

The current study explores the high variability found in the sample of appendicular elements. For this matter, a series of analytical techniques related with modern machine learning and 3D geometric morphometrics are used with the objective of identifying the probable morphotypes that help explain the morphological variance. A 3D digitizing workflow of the specimens of study is herein proposed, with a new proposal for virtual restoration of fragmentary elements and its incorporation to statistical analyses. Using these techniques it has been identified two main appendicular morphotypes. Based on this morphotypes, the intraspecific variability has been quantified in each of them, the ontogenetic sequences have been identified and the variability related to transformations during titanosaur ontogenetic development.

Previous studies indicates that two titanosaur morphotype from Lo Hueco could have been pertain to two different guilds with two different types of feeding niche exploitation. In the current study, the implications of several morphological differences between both main morphotypes are discussed under the hypothesis of differences in the ecomorphological specialization. A statistical proxy model was created to test the relationships between main appendicular morphology with ecomorphological specialization related with the height of the feeding envelope among neosauropods. The results allow relating the two main morphotypes with two different feeding niche exploitation strategies congruent with previous analyses in the cranial material.

The observed intraspecific variability in each morphotype allows determining its impact on morphological character scoring. In the current dissertation it has been identified the presence of several ontogenetic sequences in each morphotype. The ontogenetic sequences have been comprehensively described for first time in this group, as well as the ontogenetic stage and relative time estimation of the morphological character changes with implications for character scorings.

Como es tradición en estos eventos de enorme felicidad y algarabía, al final del acto oficial de lectura y defensa de la tesis no pudo faltar la ya típica celebración. Sólo una cosa más: ¡enhorabuena Adrián!


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Más información:
  • Referencia: Páramo Blázquez, A. 2019. The Appendicular Skeleton Variability of the Sauropoda Titanosauria from the Upper Cretaceous of Lo Hueco (Cuenca, Spain). Tesis Doctoral. UAM, Madrid.
  • Imágenes: Arriba, Adrián Páramo al comienzo de la defensa de su tesis; abajo, el ya doctor junto a sus directores y a los miembros de tribunal instantes después de dar por concluido el acto.
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La tortuga de la sal de Murcia: Una nueva forma gigante Europea


Hasta ahora se conocía un único género de tortugas terrestres gigantes en Europa. Se trataba de la exitosa Titanochelon, representada por cerca de una decena de especies y cuyo registro fósil es reconocido como muy abundante. Un reciente hallazgo, que acaba de ser publicado en la revista Palaeontology, muestra que Titanochelon no era la única forma de gran tamaño del Neógeno de Europa. El hallazgo de una nueva tortuga española aporta, además, curiosos datos sobre su origen no europeo.

La nueva tortuga procede del Plioceno inferior de Murcia, del área de Puerto de la Cadena. Esta tortuga muestra claras afinidades africanas, estando estrechamente relacionada con la actual tortuga de espolones (Centrochelys sulcata).

En el pasado se había propuesto que podrían existir estrechas relaciones de parentesco entre algunas formas de tortugas terrestres europeas y africanas, debido a la dispersión de faunas en una única dirección: desde Europa hasta África. Sin embargo, la dispersión desde África a Europa del linaje que incluye a la nueva tortuga y a la tortuga de espolones es reconocida en el nuevo trabajo. Esta propuesta es compatible con otras previamente sugeridas para algunos linajes de mamíferos, también hallados en el área de Puerto de la Cadena. Dichos grupos fueron reconocidos como pertenecientes a linajes africanos que probablemente alcanzaron Europa como consecuencia de la Crisis de Salinidad Mesiniense, momento en que se redujo notablemente el nivel del mar Mediterráneo, estableciéndose áreas de unión entre ambos continentes, con grandes llanuras salinas.


Considerando su origen murciano, y esta llegada como consecuencia del momento de depósito de grandes superficies salinas, la nueva tortuga se ha denominado Alatochelon myrteum, es decir, la tortuga de la sal de Murcia. Además, la partícula Al-, incluida en su nombre genérico, evidencia su origen africano. El antiguo nombre de Murcia, empleado para esta especie, procede del mirto, una planta distribuida tanto por el sur de Europa como en el norte de África.

El mejor conocimiento sobre las relaciones de parentesco entre las tortugas terrestres, unido al desarrollo de análisis paleobiogeográficos, muestra que probablemente ésta no sea la única llegada de tortugas terrestres gigantes de África a Europa: la tortuga gigante europea Titanochelon podría ser el resultado de una dispersión mucho más antigua, también de origen africano.

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Más información:
  • Referencia: A. Pérez‐García; E. Vlachos; X. Murelaga. 2020. A large testudinid with African affinities in the post‐Messinian (lower Pliocene) record of south‐eastern Spain. Palaeontology. https://doi.org/10.1111/pala.12468
  • Imágenes (de arriba a abajo): Vista anterior del caparazón de la nueva tortuga terrestre Alatochelon myrteum. Cladograma calibrado mostrando la posición de la nueva tortuga, así como la historia paleobiogeográfica de los linajes de testudínidos considerados en el análisis.