3.4.14

El día que inauguramos el MUJA (crónica sentimental)

El día que inauguramos el MUJA, de izquierda a derecha: Martin Lockley, Francisco Ortega, José Lires, Laura Piñuela y José Luis Sanz.

Que ya haga diez años de la inauguración del Museo del Jurásico de Asturias (el MUJA) parece una buena excusa para recuperar (o quizá exorcizar) algunos recuerdos. En realidad, el germen de este Museo tiene más de una década, ya que era una vieja aspiración de parte del personal de la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo (allí lo movieron durante años Laura Piñuela, José Lires y José Carlos García Ramos, entre otros) y existía una colección formada por las aportaciones de un gran número de gente que ya habían cedido al proyecto su tiempo y su entusiasmo. Incluso el arquitecto Rufino García Uribelarrea había presentado un proyecto del edificio y, por supuesto, ya se habían producido las condiciones politico-administrativas que hicieron que, por distintos motivos, algunos responsables de la administración del Principado se comprometiesen con el proyecto.

Cartel de las obras del museo unos meses antes de la inauguración

Proceso de construcción del edificio

El proyecto de lo que sería el MUJA fue encargado a la empresa madrileña Expociencia a finales de la década de 1990, y fue esta empresa la encargada de coordinar administrativa y financieramente tanto el proyecto como su posterior producción. Además de su estructura como empresa, buena parte del personal de Expociencia, entre los que estaban gente como Alejandro Gascueña, Juan Gabriel Pallares o Manuel de Torres, dejaron su impronta en la generación del MUJA. No obstante, permitanme que considere que ese museo no sería lo que es (para lo bueno y para lo malo) sin la impicación de tres elementos que lo modelaron definitivamente: por un lado, el estudio de Francisco P. de Ledesma (Diseño Deledesma), que fueron los autores del diseño y responsables de parte de la produción del museo; en segundo lugar, el grupo formado por las empresas de Fernando Aparicio (Paleomundo) y Adolfo Cuétara (Dinokinetics), que hicieron posible la construcción del bloque mayor de los objetos destinados a rodear al Jurásico asturiano; y por último, el grupo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), con José Luis Sanz y Francisco Ortega que, en estecha colaboración con los anteriores, redactaron el proyecto museológico y museográfico.

El artesonado del MUJA aún sin la cobertura exterior

Adolfo Cuétara montando el esqueleto de Prestosuchus

Fernando Aparicio, Francisco Ortega y Adolfo Cuétara copiando huellas de dinosaurios que luego se colocarían en la exhibición (donde aún siguen)

Supongo que alguno de los citados recibirá su homenaje en estos días de celebración. Pero buena parte de los responsables de que el museo saliese adelante, desaparecieron del escenario unos minutos antes de la inauguración. Este breve texto pretende rendir un humilde homenaje a estas personas que con su trabajo pusieron su granito de arena en la construcción de esta institución que estos días cumple diez años.

Raul Martin en la fase final de la realización del mural del Camarasaurus

Francisco Ortega, Manuel de Torres y alguien más montando el módulo de las cabezas de ceratopsios de Javier Pérez Valdenebro

De izquierda a derecha, Voluntario anónimo 1, Francisco Ortega, Fernando Escaso, Voluntario anónimo 2, Mauro García Oliva y Voluntario anónimo 3 extrayendo del acantilado una de las muestras que forma parte aún de la exhibición del MUJA. Al fondo Laura Piñuela observa la operación

Junto a los citados, un excelente grupo de trabajo se implicó especialmente en la tarea de sacar el proyecto adelante. El aspecto del museo no sería el mismo sin el celo de Angel Corrochano (Diseño Deledesma). La labor audiovisual se debe al trabajo de Claudio Missiego y su grupo. También se recurrió al oficio de Raúl Martin para el grueso de las ilustraciones del Museo, aunque ocasionalmente se requirió el refuerzo de otros artistas, como Juanjo Castellano y Mauricio Antón. De igual forma, en la construcción de algunos elementos se requirió de la destreza de un modelista de detalle, Javier Pérez Valdenebro (Wilbord) y de la capacidad para modelar grandes volúmenes (aunque no solo) de Javier Hernández.

Mauro García Oliva en el invernadero  de la Universidad de Oviedo en el que se prepararon algunos de los ejemplares que forman parte de la exhibición. De hecho, ese bloque de poliuretano contiene el fragmento de esqueleto de cocodrilo marino que se puede ver en el museo

Montaje de la pareja de tiranosaurios. Los ejemplares se montaron pieza a pieza con ayuda de una grúa puente, una plataforma elevadora y varias escaleras. En la foto Adolfo Cuétara (izda. arriba), Francisco Ortega (izda. abajo), José Vicente Casado (dcha. arriba) y Fernando Aparicio (dcha. abajo). Alguien de Exmoarte sobrevuela en una plataforma y, en algún lugar, Claudio Missiego grababa la escena

Cuando el Jurásico asturiano no era suficiente, se contribuyó a completar la oferta museográfica con elementos procedentes de los proyectos desarrollados en la UAM con el Museu Nacional de História Natural e da Ciência de Lisboa en el Jurásico Superior portugués (especialmente con Pedro Dantas), con el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, del que proceden muchos de los fósiles prestados para el área del Cretácico, y con el grupo del Museo Paleontológico de Elche (MUPE). Algunos de las réplicas de ejemplares debieron llegar por intercambio con otros colegas (como Cristiano Dal Sasso o el Museo Geológico del Seminario de Barcelona). El montaje del museo fue trepidante y realizado por el equipo de Expociencia con la colaboración de un nutrido grupo de la empresa Exmoarte.

Laboratorio de la UAM en Madrid en el que Javier Pérez Valdenebro realizó todos los dinosaurios "con carne" del MUJA. En la imagen, detrás del ovirraptorosaurio defendiendo su nido, Jóse Luis Sanz, Francisco Ortega y el propio Javier Pérez Valdenebro

Claudio Missiego fue el encargado de todos los audiovisuales que inauguraron el museo

Con este texto no se pretende ser injusto, ya que seguro que faltan algunos, y tampoco se pretende quitar un ápice al mérito de los que llevan diez años peleando por abrir todos los días la puerta del museo. Cuando visitas el MUJA es fácil reconocer aún la impronta de todos los citados (el museo ha cambiado muy poco). Así que, dado que, previsiblemente, nadie iba a recordarles en la celebración del décimo aniversario, permítannos escribir esta historia parcial y que hagamos nuestro particular homenaje a la gente con la que nos divertimos haciendo el MUJA.

Momento formal en el que la Consejera de Cultura del Principado acompañada del Presidente (Vicente Álvarez Areces) procede a la inauguración del Museo

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1 comentario:

Adolfo Cuetara dijo...

Muy bueno. Me habéis recordado cosas que el tiempo empezaba a relegar en mu cabeza. Efectivamente el que mezcla la silicona en un bote soy yo.