26.12.14

Paleoescándalos: La salamandra que no se salvó de la ira de Dios


Hay gente que dedica su vida a una causa, y Johann Jakob Scheuchzer (Zúrich [Suiza], 2 de agosto de 1672 - 23 de junio de 1733, médico y naturalista) dedicó gran parte de su vida a recoger pruebas que corroboraran lo que las Santas Escrituras decían, sobre todo lo relacionado con el Diluvio Universal. Según el periodista holandés Frank Westerman “A su juicio [J. J. Scheuchzer], Dios se revelaba únicamente en la naturaleza, Él era la naturaleza, ni más ni menos. Scheuchzer, reacio a tanta modernidad, creía que todo conocimiento de la naturaleza contribuía al conocimiento y a la aceptación del Dios de la Biblia y que esa aceptación había de ser la meta final de la ciencia”. De hecho, tras recoger y observar numerosos fósiles vegetales pudo afinar que el Diluvio se produjo en primavera, información recogida en su obra Herbarium Diluvianum (1709). Pero seguía faltando la pieza principal del puzzle: el esqueleto humano de un pecador que no se hubiese salvado de la ira de Dios. En la época la explicación que se daba era que Dios ni siquiera había permitido que los pecadores fosilizaran, pero Scheuchzer era de la creencia de que debían existir estratos llenos de seres humanos ahogados en lodo.

Y así fue como, dos años después de la publicación de su Herbarium Diluvianum, Scheuchzer encontró un esqueleto fosilizado de 1 metro aproximadamente en una cantera de pizarra cercana a Öhningen (Alemania). Se trataba de una columna vertebral casi completa, con unas cortas y gráciles extremidades, y una gran cabeza. Al fin Scheuchzer encontró su prueba definitiva del Diluvio Universal, y lo denominó Homo diluvii testis, es decir, “Hombre testigo del Diluvio”. De esta manera se encontraron los restos de uno de los pecadores muertos ahogados en el Diluvio (probablemente un niño, debido a su tamaño). Es más, Scheuchzer logró datar el espécimen mediante datos bíblicos, viendo así que murió en el 2306 a.C.

Pero tras la muerte de Scheuchzer surgen las primeras dudas:

  • Johannes Gessner en 1758 (botánico, mineralogista, físico suizo): ¿y si fuese un siluro?
  • Petrus Camper en 1777 (paleontólogo, zoólogo, antropólogo, naturalista, etc. holandés): ¿y si fuese un lagarto? (es importante reseñar que en esta época la comunidad científica aún no contemplaba la diferenciación entre los reptiles y los anfibios)
Ya en 1802 Martin van Marum, conservador del Teylers Museum (Haarlem, Países Bajos), adquirió el espécimen para exponerlo en la colección del museo. En la leyenda original de Scheuchzer se puede leer: Trise osamenta de un viejo pecador, ahogado en el Diluvio.

Ya en 1811 el reconocido naturalista francés George Cuvier examinó el espécimen, concluyendo finalmente que no se trataba de un ser humano. Limpió y preparó con delicadeza los huesos aún no expuestos, y así pudo corroborar que se trataba de un fósil de una salamandra gigante del Mioceno superior. Frank Westerman relata el descubrimiento de Cuvier: “Ese genio francés [G. Cuvier], un protestante no menos devoto que Scheuchzer, ya había demostrado durante una clase magistral en París que los “elefantes” peludos hallados en el hielo de la tundra siberiana no eran elefantes arrastrados por el diluvio, sino miembros de otra especie extinguida: el mamut. Durante una visita al museo Teylers de Haarlem emuló aquella proeza esculpiendo un poco más el fósil del hombre diluviano. Se había traído el dibujo de un esqueleto de salamandra y vaticinó a los presentes dónde aparecerían las patas delanteras”.

Ejemplar de Andrias scheuchzeri, más conocido como el niño-salamandra

En cuanto a su taxonomía, Holl la renombró Salamandra scheuchzeri en 1831, en honor a Scheuchzer, y en 1837 Johann Jakob von Tschudi (un naturalista suizo) acuñó el género Andrias y asignó esta especie a dicho género. Es curioso ver cómo el taxón Andrias scheuchzeri rinde tributo a su descubridor, siendo la traducción literal del latín “la imagen del hombre de Scheuchzer”. A día de hoy, el Teylers Museum tiene en su colección más especímenes asignados a dicho taxón.

Los antecedentes bíblicos

Transcribiendo el Antiguo Testamento: “Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra. También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra. Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová” (Génesis 7: 1-5). Por suerte, en otros apartados de la Biblia (Levítico 11, Deuteronomio 14: 3-21) Dios distingue a los animales limpios (o que se pueden comer) de los inmundos (que para qué los crearía si son inmundos…).

Así pues, según estas definiciones, nos encontramos con que la pobre salamandra del Diluvio está considerada como un animal inmundo (Levítico 11: 12, y Deuteronomio 14: 10), por lo que podemos adivinar que nuestro querido espécimen de Andrias scheuchzeri no pasó la criba para el programa divino Hombres, Animales y Viceversa y no pudo acceder al Arca de Noé, fosilizando de esta manera y siendo encontrada milenios más tarde por Scheuchzer.

Mitología clásica

Es importante reseñar que la historia bíblica sobre el Diluvio Universal está fundamentada en otros mitos previos del mundo antiguo y clásico, como por ejemplo el mito de Decaulión y su esposa Pirra. Los escritores e historiadores clásicos Apolodoro (s. II a.C) y Ovidio (I a.C.-I d.C.) describen como Zeus, cansado de los hombres de la Edad del Bronce (insolentes y despiadados, y amantes de la guerra), decide destruirlos mediante un diluvio. Pero igualmente consideró que Decaulión (descendiente de Prometeo) y Pirra (descendiente de Pandora), debían salvarse, así que les ordenó construir un arca con el que navegarían durante el diluvio hasta las aguas de Tesalia, en la cumbre del Parnaso. Y es lo que sigue a continuación en el mito lo que podría tener un componente interesante para la historia de nuestra salamandra.

En el décimo día, tras llegar a Tesalia, Zeus concedió un deseo a Decaulión: tener compañeros. Y para ello debían lanzar los huesos de sus madres por encima del hombro y así repoblar la tierra, comprendiendo Decaulión que Zeus se refería a las piedras (¿o fósiles?) de la Madre Tierra. ¿Y si entre esas piedras/fósiles se encontraba la salamandra de nuestra historia? ¿Podría este mito ser un reflejo de que los antiguos griegos ya conocían los restos fósiles y lo que significaban?

Quizás la mejor frase para terminar este post sea una ya escrita por Frank Westerman que nos invita a reflexionar sobre los caminos que sigue la ciencia según las creencias personales del estudioso: “[…] y, desde entonces, las órbitas vacías del fósil reflejaban la obcecación religiosa de eruditos como Johann Jakob Scheuchzer, un hombre de ciencia cuya fé en Dios le llevó a confundir un anfibio con un ser humano”.

P.D.: Como curiosidad friki mencionar que los descendientes ficticios de Andrias scheuchzeri son los malos en la novela de ciencia-ficción satírica del novelista checo Karel Čapek: “War with the newts” (1936). Una venganza que las salamandras estuvieron planeando durante un siglo desde el descubrimiento de Scheuchzer…

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Referencias:
  • Esta entrada surge a raíz del artículo de la MUY INTERESANTE de Octubre de 2014: Los escándalos más sonados de la paleontología.
  • Si quieres ahondar más en el tema sobre la historia del descubrimiento y descripción de Andrias scheuchzeri puedes empezar navegando por Wikipedia y los blogs de A Primate of Modern Aspect, Animaladas, El Ojo de Darwin, La Ciencia y sus Demonios, o Tecnología Obsoleta. Aparte de la obra de J.J. Scheuchzer también se pueden ojear los libros:
    • Ellis, Richard. Aquagenesis: The Origin and Evolution of Life in the Sea
    • Schopf, J. William. Cradle of Life: The Discovery of Earth's Earliest Fossils
  • Para comparar mitos, además de la Biblia es muy interesante consultar el “Diccionario de Mitología Griega y Romana” de Pierre Grimal.