4.6.12

El megalosaurio que Dickens imaginó en la Casa Desolada


¿Cuándo entraron los dinosaurios a formar parte de la literatura?. La presencia de dragones y otros monstruos reptilianos y gigantes es común en leyendas y bestiarios, pero no queremos referirnos a eso, si no al momento en que un dinosaurio (considerado como tal) salta de los tratados técnicos (por peregrinos que estos sean) y pasa a la literatura… 

La respuesta no puede ser mejor. El escenario es el Londres victoriano, el padrino es Charles Dickens y el papel: hacer de figura literaria para dar dramatismo a un paisaje de londres oscuro, húmedo y desagradable. Y es que el acto fundacional de los "dinosaurios literarios" es la aparición de un Megalosaurus en el primer párrafo de "Casa desolada" (Bleak house) de C. Dickens en 1852:

 "Tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra y no seria extraño encontrarse con un Megalosaurus de cuarenta pies de largo, contoneándose como un lagarto elefantino subiendo por la colina de Holborn" 
(es decir: ...and it would not be wonderful to meet a Megalosaurus, forty feet long or so, waddling like an elephantine lizar up Holborn Hill...)
 
La obra se distribuyó por entregas entre 1852 y 1853 pero, dado que nuestro amigo aparece en los primeros momentos, sabemos que ya estaba en la calle en mayo de 1852. 
En este momento, Megalosaurus era ya un taxón clásico (dejando a un lado la manida historia de Scrotum, Buckland ya había utilizado el nombre en 1824), pero el concepto de Dinosaurio había sido formulado por Owen sólo diez años antes. Para hacernos una idea de lo que imaginaba Dickens al usar la figura de este dinosaurio paseando por Londres, podemos tomar como referencia que en el mismo año en que se publica "Casa Desolada", Benjamin Waterhouse Hawkins recibe el encargo para realizar la famosa escultura de Megalosaurus (ver la imagen) que formaría parte de la ampliación de la exposición del Crystal Palace desde 1854. 


Dejando a un lado esta anécdota dinosauriana, "Casa desolada" deja rápidamente el asunto y se instala en un denso relato en el que se propone una dura crítica a la ineficacia del sistema judicial victoriano que transcurre en un Londres oscuro y embarrado. 
Todo ello de lectura muy recomendable y a vuestra disposición aquí (uno y dos) o (en versión original) aquí 

1 comentario:

Elena Marcos dijo...

Me encantaaaaaa