Entre el 9 y el 11 de septiembre de 2026 se celebró en Morella el Curso de Verano de la UNED «Patrimonio paleontológico. Estado de la cuestión y retos de futuro». Durante tres jornadas, especialistas de universidades, administraciones públicas, museos, organismos científicos y empresas analizaron los principales problemas relacionados con la identificación, protección, conservación, gestión y uso social del patrimonio paleontológico.
El curso nació como una propuesta de la Comisión de Patrimonio de la Sociedad Española de Paleontología como intención de exponer el estado del patrimonio paleontológico, particularmente en España, y propiciar una reflexión colectiva. Su objetivo no era únicamente describir los problemas existentes, sino avanzar en el establecimiento de criterios compartidos que permitan conocer, valorar y gestionar mejor este patrimonio. La propuesta fue acogida por el Centro Asociado de la UNED en Vila-real y dio forma al segundo curso de verano organizado por la UNED en Morella.
La elección de Morella como sede respondía a la estrecha relación de la localidad y de la comarca de Els Ports con la historia de la paleontología española. Los primeros estudios sobre sus vertebrados fósiles se remontan al siglo XIX y, desde entonces, los afloramientos de la Formación Arcillas de Morella han proporcionado uno de los registros de dinosaurios del Cretácico Inferior más relevantes de la península ibérica.
Morella constituye también un buen ejemplo de la interacción entre la investigación científica, la actividad minera en áreas de interés paleontológico, la conservación del patrimonio en colaboración con la administración local y su divulgación. Ofrecía, por tanto, un marco apropiado para debatir cómo un recurso científico adquiere la consideración de patrimonio y de qué manera puede incorporarse, de forma respetuosa y sostenible, a la vida cultural y económica de un territorio. Además, el Grupo de Biología de la UNED, organizador del curso, desarrolla desde hace más de dos décadas una actividad continuada de investigación, conservación y divulgación del patrimonio paleontológico morellano.
El curso partió de la consideración de los yacimientos, los fósiles, las colecciones y la información asociada a ellos como recursos singulares de la geosfera. Se trata de archivos irreemplazables de la historia de la vida que, además, prestan importantes servicios culturales relacionados con la educación, la identidad territorial, la divulgación científica y el desarrollo local.
La gestión del patrimonio paleontológico es un asunto recurrente en la paleontología española. Aunque los fósiles, los yacimientos y las colecciones poseen un indudable valor científico, natural y cultural, su protección se distribuye entre distintos marcos jurídicos y administrativos. A ello se añaden la diversidad de criterios de valoración, la desigual disponibilidad de inventarios, la fragilidad de los recursos y las dificultades para coordinar a investigadores, administraciones, museos, empresas y comunidades locales.
La apertura institucional incluyó una presentación del curso en la que participaron el alcalde de Morella, Bernabé Sangüesa; el director del Centro Asociado de la UNED en Vila-real, Alejandro Ribes Ferrer; el director del curso, Francisco Ortega, y Jesús de Andrés Sanz, en representación del Vicerrectorado de Centros Asociados de la UNED.
La primera jornada se dedicó a definir la estructura del patrimonio paleontológico y examinar su marco administrativo. Las intervenciones abordaron los conceptos, valores, usos y conflictos asociados a los recursos paleontológicos, así como su tratamiento en la legislación cultural y ambiental. El debate puso de manifiesto la necesidad de distinguir entre la mera existencia de un recurso paleontológico y su reconocimiento como patrimonio. Para que se produzca este reconocimiento es necesario identificar y documentar el recurso, determinar sus valores y decidir qué medidas deben aplicarse para garantizar su investigación, protección, conservación y uso social.
También se analizó la aplicación a la paleontología de procedimientos procedentes del ámbito arqueológico. Este modelo ha permitido resolver numerosas situaciones administrativas, pero no siempre responde de forma adecuada a las particularidades de los yacimientos, fósiles y colecciones paleontológicas. La mesa redonda que cerró la jornada llevó el debate desde la protección jurídica formal hasta las condiciones necesarias para lograr una protección efectiva.
La segunda jornada se centró en las herramientas necesarias para gestionar el patrimonio, tanto en los yacimientos como en las colecciones. Las intervenciones trataron la gestión in situ, los sistemas de valoración y la conservación y restauración de los fósiles. Una de las principales conclusiones fue que no puede gestionarse adecuadamente aquello que no se conoce. Los inventarios deben ser algo más que una enumeración de localidades: han de incorporar información sobre la naturaleza y extensión de los recursos, su estado de conservación, su relevancia científica y patrimonial, los riesgos a los que están expuestos, sus posibles usos y sus necesidades de protección. Solo a partir de este conocimiento pueden establecerse prioridades y fundamentarse las decisiones administrativas.
La conservación del patrimonio paleontológico mueble recibió especial atención. Los fósiles extraídos de los yacimientos requieren condiciones adecuadas de preparación, estabilización, documentación, almacenamiento y acceso. Aunque tradicionalmente se han tratado de acuerdo con criterios procedentes de la conservación de bienes culturales, presentan características propias como ejemplares de historia natural y como soportes de información científica irrepetible. En relación con la toma de decisiones y las posibilidades de uso del patrimonio paleontológico, también se abordó el papel de los geoparques y de la gestión integrada del territorio. Los recursos paleontológicos no existen de manera aislada, sino que se relacionan con otros elementos del patrimonio natural y cultural, con las comunidades locales y con las actividades económicas desarrolladas en su entorno.
La última parte del curso estuvo dedicada a la dimensión profesional, económica y comunicativa del patrimonio. Los recursos paleontológicos pueden generar actividad en campos como la prospección, el seguimiento de obras, la excavación, la preparación y conservación de fósiles, la museografía, la producción de réplicas, la divulgación y el turismo científico. Cuando un recurso paleontológico se convierte en un producto cultural, puede contribuir al desarrollo local y abrir oportunidades empresariales, especialmente en el medio rural. Esta posibilidad exige, sin embargo, reflexionar sobre los límites y las condiciones de su utilización. Los fósiles y los yacimientos son recursos frágiles, por lo general no renovables y dotados de un valor científico insustituible. Su conversión en productos turísticos o culturales debe evitar los usos banales, descontextualizados o insostenibles. El desafío consiste en hacer compatibles la conservación, el rigor científico, la comunicación pública y el desarrollo territorial.
En una localidad con una trayectoria paleontológica tan extensa como Morella, el curso permitió formular una posición común: el patrimonio paleontológico es un legado científico, natural y cultural frágil e irreemplazable. Su conocimiento, conservación y transmisión requieren criterios sólidos, profesionales especializados, coordinación institucional y una participación activa de la comunidad paleontológica.
El encuentro no pretendía cerrar el debate, sino ordenarlo y darle continuidad. El reto consiste ahora en que estas y otras reflexiones se instalen en la comunidad paleontológica y que, hasta donde se pueda, se transformen en actuaciones que mejoren la gestión cotidiana de los yacimientos, los fósiles y las colecciones. Se trata, en último término, de garantizar que este patrimonio del pasado siga generando conocimiento, cultura y oportunidades para las generaciones futuras.










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