Tras meses de espera y de trabajo en la sombra, el VII Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología (EJIP), que el próximo año se celebrará en la ciudad portuguesa de Torres Vedras, empieza a dar señales de vida. Aunque, se continua trabajando en la web del encuentro, ya se puede consultar información preliminar del evento en la web de la Associação Leonel Trindade-Sociedade de História Natural , y solicitar información en la dirección de correo electrónico habilitada para el encuentro: viiejip@gmail.com. Por su parte, la Primera Circular del evento ya circula por los correos electrónicos de participantes en anteriores Encuentros además de estár disponible en dicha web (www.altshn.org).
En la imagen: Vista de los acantilados de Praia Assenta, en Torres Vedras (Formación Freixial, Jurásico Superior)
6.11.08
Prensa Histórica
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Si existieran hoy los animales antediluvianos. Servicios extraños que podrían prestarnos.
Merece la pena la lectura y reflexión de esta graciosa noticia publicada en Alrededor del Mundo hace más de un siglo, el 23 de noviembre de 1905. Las ilustraciones no tienen desperdicio. Aunque para el ser humano pudiera resultar exótico y rentable realizar un viaje intercontinental transportado por un pterodáctilo o navegar en una embarcación remolcada por un iguanodonte, no creo que a los antediluvianos les hubiese gustado realizar estos y otros servicios. De haber sido uno de ellos, también habría hecho lo posible por extinguirme para evitar este destino, ¿no estáis de acuerdo?
Transcripción (textual):
Transcripción (textual):
Con motivo de la publicación de una obra sobre los animales extinguidos, por el eminente naturalista Ray Lankester (*) el mundo científico ha vuelto a ocuparse en detalle de los monstruos antediluvianos, y de nuevo se ha pensado en lo diferente que sería la vida animal de nuestros bosques y de nuestros campos si aquellas gigantescas especies viviesen aún. Pero hay todavía una cuestión más interesante. Si los mamíferos, los reptiles y las aves de las edades prehistóricas hubieran sobrevivido hasta nuestros días, ¿qué influencia podrían haber tenido en la civilización moderna?Hoy que el hombre ha llegado a á domesticar todos los animales que pueden prestarle en vida algún servicio; hoy que la domesticación de la hasta ahora indómita cebra es un hecho, y que hasta se habla de granjas de caimanes y parques de ballenas, indudablemente habríamos aprovechado la fuerza incomparable de aquellos colosos antediluvianos.
Supongamos por un momento que hubiese en la actualidad mastodontes. Un mastodonte era bastante parecido a un elefante, pero casi de doble corpulencia y con fuerzas igualmente duplicadas; por consiguiente, sería de gran utilidad como animal de carga ó de tiro. Se calcula que podría prestar los mismos servicios que un tiro de treinta caballos, que ya es algo. Para el arrastre de grandes camiones y el acarreo de materiales de construcción, sería difícil encontrar otro animal más a propósito, y tal vez se le pudiera utilizar también para la guerra, en cuyo caso fácilmente transportaría sobre su lomo una pieza de grueso calibre con todos sus artilleros.
No menos útil que el mastodonte, aunque en otro sentido, podría ser el iguanodonte, especie de lagarto que generalmente se tenía derecho sobre las patas traseras, como un canguro gigantesco, y que en esa posición llegaba con la cabeza a la altura de un segundo piso. Era animal anfibio, como la tortuga, y con la facilidad con que debía moverse en el agua, unida a su gran fuerza, lo harían inapreciable para remolcar embarcaciones, especialmente barcos de recreo. La navegación fluvial y el remolque de las barcas en los puertos resultarían con este animalillo mucho más fácil que ahora, pudiendo suprimirse por completo los vaporcitos remolcadores y las lanchas de vapor.
El sistema saldría muy económico, pues aunque la manutención del iguanodonte no sería grano de anís, nunca igualaría á los gastos de carbón, salario de los obreros, etc.Para las compañías de telégrafos, y de teléfonos debe de ser muy sensible que hayan desparecido aquellas gigantescas especies de reptiles que, como el diplodoco, estaban provistos de un cuello desmesuradamente largo y además tenían la costumbre de sentarse sobre el cuarto trasero y de levantarse en dos pies. Si hoy existiera el diplodoco, una vez domesticado sería un auxiliar precioso para la reparación de una línea telegráfica. No habría más que colgarse del cuello una plataforma, y desde ella los operarios podrían trabajar con toda comodidad. También servirían los diplodocos como carros de mudanzas, poniéndoles una especie de aguaderas de gran tamaño. Uno de estos monstruos podría cargar muy bien con todo el mobiliario de una casa, y acaso se le pudiera enseñar á sacar los muebles con la boca por los balcones, cosa que sería fácil dada la longitud de su pescuezo.
Muy parecido al diplodoco era el brontosaurio, otro reptil del cual ya en otra ocasión hablamos, y que, como entonces dijimos, medía nada menos que veinte metros de longitud y pesaba tanto como veinte elefantes. Si su fuerza era proporcional á su peso, en nuestros días hubiera sido muy útil para el tiro pesado. Podría habérsele empleado, por ejemplo, para arrastrar quince o veinte coches de tranvía. En las calles habría interrumpido el tránsito, pero fuera de la población, en líneas como las de Carabanchel y de la Guindalera, su utilidad sería inmensa.
Todos estos reptiles serían fáciles de domesticar, pues parece que no eran de carácter feroz, y sólo se alimentaban de hojas y tallos tiernos. En cambio, otro género de gigantes, los dinosaurios carnívoros, no podrían ser reducidos á la domesticidad. A lo sumo, una especie pequeña, que se alimentaba de aves que cogía al vuelo dando prodigiosos saltos, habría servido para la caza, siendo perfectamente posible emplearlo en la de pájaros, como en otro tiempo se empleaba el halcón en la de garzas. Ninguno de estos monstruos, sin embargo, habría sido tan útil al hombre como esos reptiles alados que los naturalistas llaman pterodáctilos, y que surcaban la atmósfera de nuestro planeta durante el periodo secundario.
Con frecuenta se habla de niños arrebatados por águilas. Un pterodáctilo de la mayor especie, cuyas alas abarcaban un espacio de más de seis metros, habría podido atravesar el atlántico de un vuelo, llevándose por los aires no a un niño sino a una familia entera. Transportado a nuestros días y domesticado, la navegación aérea habría dejado de ser un problema, y los inventores de globos y aparatos voladores podrían emplear de otro modo sus esfuerzos intelectuales.
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Pies de fotos (textual):
El brontosaurio sería el animal de tiro más fuerte del mundo
El pequeño dinosaurio, que serviría de perro de caza
El iguanodonte prestaría grandes servicios remolcando barcos de recreo
Merced al pterodáctilo, quedaría resuelta la navegación aérea
El diplodoco empleado para reparar líneas telegráficas
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(*) Se refiere a la obra Extinct Animals, publicada en 1905, de Sir Edwin Ray Lankester, catedrático de Zoología en el University College de Londres entre 1874 y 1890, catedrático de anatomía comparada en la Universidad de Oxford entre 1891 y 1898 y director del Museo de Historia Natural entre 1898 y 1907.
3.11.08
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Patrimonio Geológico de la provincia de Cuenca
La exposición surge como contribución a la celebración del Año Internacional del Planeta Tierra. Actualmente se está exponiendo en el IES Hervás y Panduro de Cuenca y permanecerá hasta el 11 de noviembre, cuando pasará a la Escuela de Magisterio de Cuenca.
La exposición consta de 60 fotografías, acompañadas de un breve texto, que recogen ejemplos destacados del patrimonio geológico conquense. Está dividida en los siguientes bloques temáticos: Paleontología, Mineralogía, Recursos mineros, Estructuras sedimentarias, Estratigrafía, Geomorfología, Tectónica, Hidrología, Modelado fluvial, Riesgos geológicos y Modelado kárstico.
Se ha editado un magnífico catálogo con todo el material gráfico de la exposición que se vende a 20 euros cada uno. El dinero recaudado se destinará íntegramente al proyecto solidario que la AEPECT tiene en Bolivia, en el que se está creando una red de bibliotecas y se trabaja en la formación de maestros y maestras.En el ámbito de este blog, como parte de los actos que complementan la exposición, hasta el momento se ha participado impartiendo un par de conferencias sobre el yacimiento de Lo Hueco en los IES “Pedro Mercedes” y “Hervás y Panduro” de Cuenca.
Mas información:
31.10.08
Prensa Histórica
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Otro monstruo antediluviano. El animal más fuerte que ha habido en el mundo.
A finales del siglo XIX, los hallazgos de nuevos ejemplares del “Diplodoco” en Wyoming, saurio de fuerza, tamaño e inteligencia colosal, son citados en la prensa española. Se reproduce una noticia del diario Alrededores del Mundo, del 29 de septiembre de 1899.
Transcripción (Textual):
Al paso que llevan los descubrimientos de fósiles en el gran valle de Wyoming, no hemos de tardar mucho en tener la colección completa de los grandes animales antediluvianos.
Hace menos de un mes se ha descubierto el esqueleto casi completo de otro que se cree fue el animal más fuerte que ha habido en el mundo.
Es el Diplodoco, que, a juzgar por sus huesos fosilizados, tenía, cuando estuvo vivo, 21 metros de largo y 6 de alto; su cola medía 6 metros de largo.
Calcúlese que su fuerza debía ser igual a la de 100 caballos; hubiera podido arrastrar 50 tranvías llenos de gente, enganchados uno á otro, ó tres trenes. Su peso aproximado debió ser de 20 toneladas.
A su lado el mastodonte y el mammut eran seres insignificantes, y nuestro elefante moderno, un juguete.
El Diplodoco era producto de una evolución mucho más avanzada que le brontosauro, del cual nos ocupamos en nuestro primer número.
En vez de tener la cabeza serpentina y de engullir los alimentos sin mascarlos, este animal masticaba las hojas que le servían para nutrirse. No era acuático, como la mayoría de los monstruos primitivos, sino que pasaba la mayor parte de su vida en tierra, y así lo demuestra el desarrollo de sus patas.
El tamaño de su cabeza indica también que tenía una potencia cerebral muy superior á la de los animales que le habían precedido en aquel ciclo geológico.
Los sabios no se atreven á fijar exactamente el número de años que hace desde que el Diplodoco vivía en la tierra; se limitan á decir vagamente que “hace millones de años”. Se puede formar idea de cuántos pueden ser esos millones de años sabiendo que el lugar donde han sido hallados sus huesos fósiles estuvo en otro tiempo cubierto por una montaña de unos 20.000 pies de altura, y que esta montaña ha sido deshecha por la acción de las aguas. En su tiempo existía un inmenso mar interior, tan ancho como la mitad del Atlántico, entre los montes Alleghanys y las Montañas Rocosas. En las márgenes de aquel mar interior, el Diplodoco vivía y se alimentaba con las plantas tropicales que cubrían aquella parte de la tierra. Otros muchos animales, saurios y reptiles monstruosos, y probablemente las serpientes de mar originales, vivían con él en aquellos lagos y pantanos: al morir se hundían en el cieno y eran poco a poco cubiertos por otros detritus.
Los grandes lechos que ahora se encuentran llenos de sus restos, fueron probablemente embocaduras de grandes ríos, por cuyas aguas iban flotando los animales después de muertos, hasta que quedaban depositados en las barras. Así se explica la existencia de estos grandes depósitos, de los cuales el de Wyoming ha resultado hasta ahora ser el más importante.
El hallazgo del Diplodoco ha sido hecho por el doctor Wortman, del Museo americano de Historia Natural de Nueva York, y sucesor del difunto profesor March, de la Universidad de Yale, en los trabajos de explotación paleontológica.
Hace un mes el doctor Wortman, al frente de otros naturalistas, estaba explorando la cuenca de Sheep Creek (Arroyo del Carnero), cuando en una capa de terreno jurásico, el doctor descubrió toda una línea formada por los extremos de inmensas vértebras fósiles. Casi en el mismo momento uno de sus ayudantes dio un grito desde una pequeña altura que había a pocos metros de distancia: era que también había descubierto restos fósiles que, sin duda pertenecían al mismo animal que las vértebras.
Durante varios días se estuvo trabajando cuidadosamente para extraer los restos sin alterar su posición. El esqueleto ha resultado ser el de un Diplodocus casi completo, y el hallazgo debe ser contado entre los más importantes, si no el más importante de cuantos registran los anales de la paleontología.
El fémur de aquel animal medía 1,80 metros, y se necesitaron dos hombres para levantarlo. Los huesos de los pies cubrían cerca de un metro cuadrado. El cuello, corto y robusto, indicaba gran fuerza.
Del diplodoco sólo se habían encontrado hasta ahora los huesos de una de las extremidades posteriores y algunas vértebras inmediatas á ellas; aquellos restos debían ser de un animal de 17 metros de largo.
Transcripción (Textual):
Al paso que llevan los descubrimientos de fósiles en el gran valle de Wyoming, no hemos de tardar mucho en tener la colección completa de los grandes animales antediluvianos.Hace menos de un mes se ha descubierto el esqueleto casi completo de otro que se cree fue el animal más fuerte que ha habido en el mundo.
Es el Diplodoco, que, a juzgar por sus huesos fosilizados, tenía, cuando estuvo vivo, 21 metros de largo y 6 de alto; su cola medía 6 metros de largo.
Calcúlese que su fuerza debía ser igual a la de 100 caballos; hubiera podido arrastrar 50 tranvías llenos de gente, enganchados uno á otro, ó tres trenes. Su peso aproximado debió ser de 20 toneladas.
A su lado el mastodonte y el mammut eran seres insignificantes, y nuestro elefante moderno, un juguete.
El Diplodoco era producto de una evolución mucho más avanzada que le brontosauro, del cual nos ocupamos en nuestro primer número.
En vez de tener la cabeza serpentina y de engullir los alimentos sin mascarlos, este animal masticaba las hojas que le servían para nutrirse. No era acuático, como la mayoría de los monstruos primitivos, sino que pasaba la mayor parte de su vida en tierra, y así lo demuestra el desarrollo de sus patas.
El tamaño de su cabeza indica también que tenía una potencia cerebral muy superior á la de los animales que le habían precedido en aquel ciclo geológico.
Los sabios no se atreven á fijar exactamente el número de años que hace desde que el Diplodoco vivía en la tierra; se limitan á decir vagamente que “hace millones de años”. Se puede formar idea de cuántos pueden ser esos millones de años sabiendo que el lugar donde han sido hallados sus huesos fósiles estuvo en otro tiempo cubierto por una montaña de unos 20.000 pies de altura, y que esta montaña ha sido deshecha por la acción de las aguas. En su tiempo existía un inmenso mar interior, tan ancho como la mitad del Atlántico, entre los montes Alleghanys y las Montañas Rocosas. En las márgenes de aquel mar interior, el Diplodoco vivía y se alimentaba con las plantas tropicales que cubrían aquella parte de la tierra. Otros muchos animales, saurios y reptiles monstruosos, y probablemente las serpientes de mar originales, vivían con él en aquellos lagos y pantanos: al morir se hundían en el cieno y eran poco a poco cubiertos por otros detritus.
Los grandes lechos que ahora se encuentran llenos de sus restos, fueron probablemente embocaduras de grandes ríos, por cuyas aguas iban flotando los animales después de muertos, hasta que quedaban depositados en las barras. Así se explica la existencia de estos grandes depósitos, de los cuales el de Wyoming ha resultado hasta ahora ser el más importante.
El hallazgo del Diplodoco ha sido hecho por el doctor Wortman, del Museo americano de Historia Natural de Nueva York, y sucesor del difunto profesor March, de la Universidad de Yale, en los trabajos de explotación paleontológica.
Hace un mes el doctor Wortman, al frente de otros naturalistas, estaba explorando la cuenca de Sheep Creek (Arroyo del Carnero), cuando en una capa de terreno jurásico, el doctor descubrió toda una línea formada por los extremos de inmensas vértebras fósiles. Casi en el mismo momento uno de sus ayudantes dio un grito desde una pequeña altura que había a pocos metros de distancia: era que también había descubierto restos fósiles que, sin duda pertenecían al mismo animal que las vértebras.
Durante varios días se estuvo trabajando cuidadosamente para extraer los restos sin alterar su posición. El esqueleto ha resultado ser el de un Diplodocus casi completo, y el hallazgo debe ser contado entre los más importantes, si no el más importante de cuantos registran los anales de la paleontología.
El fémur de aquel animal medía 1,80 metros, y se necesitaron dos hombres para levantarlo. Los huesos de los pies cubrían cerca de un metro cuadrado. El cuello, corto y robusto, indicaba gran fuerza.
Del diplodoco sólo se habían encontrado hasta ahora los huesos de una de las extremidades posteriores y algunas vértebras inmediatas á ellas; aquellos restos debían ser de un animal de 17 metros de largo.
25.10.08
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Los Ictiosaurios del Museo Nacional de Ciencias Naturales

En la colección de Paleontología de Vertebrados del Museo Nacional de Ciencias Naturales hay más de una docena de ejemplares de ictiosaurios muy completos, provenientes de Alemania. Estos reptiles marinos formaban parte de la colección de Juan Vilanova y Piera. Su primera adquisición está documentada el 24 de abril de 1.854 en la “cuenta de los gastos ocasionados en los viajes practicados por Don Juan Vilanova durante los dos últimos años de la comisión que le fue confiada en 12 de Octubre de 1849, para cultivar en el extranjero e introducir en España el importantísimo ramo de la geología”. En Alemania, Vilanova adquirió por 1.400 francos fósiles de invertebrados, peces, diez ejemplares de ictiosaurios y un cocodrilo, conservados actualmente en las Colecciones de Paleontología del MNCN. Unos años más tarde, incorporó más fósiles de ictiosaurios a las colecciones.
Vilanova consideraba a los ictiosaurios entre los “animales superiores” que caracterizan el Jurásico, afirmando de este sistema que “se halla caracterizado por una de las primeras manifestaciones de los mamíferos y por los enormes reptiles que a la sazón vivían, organizados los unos para reptar, como los Ichthiosauros; para nadar otros, los Plesiosauros, y los Terodáctilos para volar”.
Vilanova cita entre sus adquisiciones “un Ychthiosauro de doce pies de largo conteniendo un feto en la cavidad intestinal”, que es posteriormente empleado para acusar a estos animales de la práctica de “ictiosauriofagia”.
El registro de éstos animales en el MNCN se completa con otros restos aislados, fundamentalmente vértebras, también adquiridos en el siglo XIX por Augusto González de Linares.
Vilanova consideraba a los ictiosaurios entre los “animales superiores” que caracterizan el Jurásico, afirmando de este sistema que “se halla caracterizado por una de las primeras manifestaciones de los mamíferos y por los enormes reptiles que a la sazón vivían, organizados los unos para reptar, como los Ichthiosauros; para nadar otros, los Plesiosauros, y los Terodáctilos para volar”.
Vilanova cita entre sus adquisiciones “un Ychthiosauro de doce pies de largo conteniendo un feto en la cavidad intestinal”, que es posteriormente empleado para acusar a estos animales de la práctica de “ictiosauriofagia”.
El registro de éstos animales en el MNCN se completa con otros restos aislados, fundamentalmente vértebras, también adquiridos en el siglo XIX por Augusto González de Linares.
Curiosamente, en los inventarios de las colecciones de paleontología realizados en 1871 por José María Solano y Eulate y en 1891 por José Gogorza se consideró erróneamente los ejemplares de ictiosaurios de Vilanova como “moldeados en yeso y engastados en placas de esta sustancia” al estar parte de los esqueletos y la pizarra que los contenía cubiertos por yeso.__
Más información:
- Pérez García, A. & Sánchez Chillón, B. 2008. Los Ictiosaurios del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Los primeros reptiles que llegaron a la Colección de Paleontología. Periódico del MNCN 8: 10.
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Imágenes:
- Arriba: MNCN 66822. Uno de los esqueletos de ictiosaurios adquiridos por Juan Vilanova y Piera en Alemania en la década de 1850.
- Debajo: MNCN 68179. Cocodrilo jurásico de la colección de Vilanova, proveniente de la misma localidad que los ictiosaurios.
Se reproduce un artículo publicado en Alrededor del Mundo el 15 de febrero de 1900. La imagen de los terroríficos reptiles voladores, presenciando la batalla a muerte entre los grandes saurios pone los pelos de punta a cualquiera de nosotros y más aún a los humanos que convivieran con ellos.
Transcripción (Textual):Durante todo el verano último los coleccionadores de los grandes Museos de Europa y de America han estado explorando el territorio de Wyoming, donde, como dijimos hace algún tiempo, habían sido hallados los restos completos del diplodoco, el gran monstruo antediluviano.
El resultado de sus exploraciones ha sido fructuoso, y el más interesante de ellos es el haber encontrado los restos de dos grandes monstruos que murieron agarrados uno á otro en mortal combate.
El profesor Reed, que ha hecho el hallazgo, lo describe en estos términos:
-A mi juicio, uno de los animales cuyos fósiles he descubierto, pesaba en vida unas 60 toneladas.
-Tenía un cuello de 9 metros de largo; su rabo ó cola medía 18 metros.
-El largo total del monstruo era de 39 metros.
-A juzgar por la manera en que estaban entremezclados sus restos, murió combatiendo con otro monstruo de la misma especie.
-Imagínese una lucha de dos de los animales más gigantescos que ha habido en la tierra.
-Los dinosaurios empeñados en mortal combate, necesitarían para luchar un terreno tan grande, que los seres humanos que vivieran en kilómetros a la redonda, tendrían que huir espantados.
-Los dos animales se acometerían con la misma fuerza que dos locomotoras que se encontrasen en una vía. El cuadro debió ser soberbio. Probablemente no lo ha habido nunca en nuestro planeta de carácter tan terrorífico como aquéllos.
-Es de suponer que mientras se reñía en torno infinidad de reptiles voladores aguardando la oportunidad de arrojarse sobre los combatientes, cuando éstos se sintieran extenuados y para devorarlos con sus enormes dientes semejantes á lanzas. Estos grandes reptiles voladores hacían las funciones de aves de rapiña de sus tiempos y poseían una ferocidad que no ha tenido paralelo en nuestra época. El hecho de haberse encontrado con mucha frecuencia restos de grandes lagartos y reptiles voladores en los mismos sitios que los de dinosaurios, parece demostrar que aquellos reptiles voladores acudían siempre al olor de la carne muerta ó al estruendo de los combates.
-La cavidad que ofrecen las costillas de los dos dinosaurios que lucharon hace millones de años y cuyos restos se han encontrado ahora, es tan tremenda, que dentro de ella podrían sentarse 140 personas.
-Entre los hallazgos hechos durante los últimos meses en el mismo territorio, se encuentra el de hojas de plantas de la época de los diplodocos. Son ejemplares perfectos de vegetación tropical y demuestran que aquella región que ahora es una meseta frían y árida disfrutaba de un clima tropical. Sus depresiones eran grandes lagos donde se han hallado huesos de reptiles inmensos que probablemente dieron al hombre primitivo la primera idea de la serpiente de mar.
17.10.08
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Saurópodos de Morella en las XXIV Jornadas de la SEP
En las XXIV Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología desarrolladas en Colunga en Octubre de 2008 se ha presentado un trabajo sobre los restos de Dinosaurios saurópodo en el yacimiento del Cretácico Inferior de la Cantera del Mas de la Parreta en Morella (Castellón)Resumen:
Elementos de la cintura pélvica de dinosaurios saurópodos Titanosauriformes del Cretácico Inferior (Aptiense inferior) de Morella (Castellón) (Gasulla, J.M., Sanz, J.L., Escaso, F. y Yagüe, P.): La consideración conjunta de la información procedente de distintos restos del esqueleto de la Formación Morella permiten considerarlos como pertenecientes a un titanosauriforme que comparte una combinación de caracteres congruente con formas basales del grupo, como Brachiosaurus o el saurópodo de Peñarroya de Tastavins.
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En la foto: J.M. Gasulla en un intento de secuestro.
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Estegosaurios portugueses en las XXIV Jornadas de la SEP
En las XXIV Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología desarrolladas en Colunga en Octubre de 2008 se ha presentado un trabajo que muestra mas restos (concretamente un pata trasera)de estegosaurios del Jurásico Superior de PortugalResumen:
Estudio preliminar del material de estegosaurio de Vale Pombas (Portugal): nueva evidencia de Stegosaurus en el Jurásico Superior del suroeste europeo (Escaso, F., Ortega, F., Dantas, P., Malafaia, E., Silva, B. y Sanz, J.L.:
El ejemplar de Vale Pombas confirma la presencia compartida de Stegosaurus en los ecosistemas del final del Jurásico europeo y norteamericano, y permite considerarlos como elementos frecuentes en los ecosistemas ibéricos, al menos hasta el lapso Kimmeridgiense superior-Titónico inferior.
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En la foto: Fernando Escaso esperando dinosaurios en la Patagonia argentina
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En la foto: Fernando Escaso esperando dinosaurios en la Patagonia argentina
16.10.08
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Histología de los Estegosaurios Ibéricos en las XXIV Jornadas de la SEP
En las XXIV Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología desarrolladas en Colunga en Octubre de 2008 se ha presentado un trabajo sobre las diferencias en la estructura histológica de las placas de los dos estegosaurios ibéricos.Resumen:
Análisis histológico comparado de placas dérmicas de Stegosaurus y Dacentrurus (García-Oliva, M., Escaso, F., Dantas, P. y Malafaia, E. Se muestra que existen diferencias hitológicas en preparaciones de placas dérmicas de los dos estegosaurios (Stegosaurus y Dacentrurus) presentes en la Península Ibérica.
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En la foto: Mauro García-Oliva
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