7.3.13

Lo que el tiempo nos dejó (o la herida del Edmontosaurus)


Es sabido que una de las líneas de estudio sobre los dinosaurios en la que la evidencia directa no lo es tanto y por momentos también invita a la especulación, pues no estabamos ahí para verlo, se refiere a los aspectos sobre la biología y el comportamiento dinosauriano. El estudio cada vez más detallado de las evidencias fósiles, acompañado de las técnicas más vanguardistas, está permitiendo a los paleotólogos establecer con mayor finura la biología de estos «lagartos terribles» & co., sabiendo que eso de irse mochila en mano a una región, supongamos Cuenca, en busca de Concavenator y amiguetes vivitos y coleando para un documental de La 2....

Sin embargo sabemos que existían dinosaurios que habitaban en madrigueras, dinosaurios que se alimentaban de peces, dinosaurios que fueron depredados por serpientes y por pequeños mamíferos, que los pterosaurios eran parte de la alimentación de los dinosaurios carnívoros o que el encontrase egagrópilas no fuese tan raro durante el Mesozoico. A este elenco de actividades dinosaurianas se une también la cicatrización de las heridas tras un fallido intento por parte de algún gran dinosaurio carnívoro (uno de los presuntos, siempre la inocencia por delante, sospechosos podría ser el archiconocido Tyrannosaurus rex) de interaccionar de alguna manera traumática para el no interesado. Esto se propone en un trabajo publicado recientemente en la revista científica Cretaceous Research, donde la piel fósil preservada del «pico de pato» Edmontosaurus annectens (el no interesado) muestra evidencias de cicatrización.

Ya sabemos que el tiempo todo lo cicatriza (y sedimenta) y por suerte en este caso... el tiempo nos dejó verlo.

--Imagen tomada de Natural Selections (Autor: Brian Franczak).

--Referencia: Bruce M. Rothschild & Robert Depalma (2013): Skin pathology in the Cretaceous: Evidence for probable failed predation in a dinosaur. Cretaceous Research. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.cretres.2013.01.005.