Mostrando entradas con la etiqueta Dinosaurios de andar por casa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dinosaurios de andar por casa. Mostrar todas las entradas
23.12.16 0 comentarios

Mercadillos navideños (y demás belenes)


Navidad. Otra vez estamos en Navidad. Pero no voy a hablar de las luces que todas las ciudades cuelgan en sus calles, ni de los belenes que uno se encuentra en rincones insospechados ni de las retahílas infinitas de spots publicitarios de juguetes, perfumes o turrones que machacan nuestra mente invitándonos a comprar. No. Ni tampoco voy a hablar del espíritu navideño que nos empuja a ser buenas personas (unos días…)

No. No voy a hablar de nada de eso porque en este blog se habla de dinosaurios. Y, de momento, sólo conozco un belén en el que haya animalitos de este tipo: el mío.

Sin embargo, todos (o casi todos) pisamos en estas fechas alguno de los centros comerciales y mercadillos navideños que proliferan en plazas de ciudades y pueblos. Los atractivos que ofrecen son muchos y las “armas” que emplean para vender, variadas.

Por ejemplo, el centro comercial Quadernillos, de Alcalá de Henares, acoge estos días la exposición itinerante Dinopétrea. A través de ella, mayores y niños podrán adentrarse en el mundo del jurásico y contemplar esqueletos de dinosaurios, fósiles… o participar en una excavación paleontológica, contemplar geodas y tocar un trozo de estrella. Un sinfín de actividades que pretenden acercar el conocimiento científico al público en general.

Más cerca de Cuenca, y de los dinosaurios de Lo Hueco y Las Hoyas, el pueblo de Tarancón organizó del 9 al 11 de diciembre el Mercadillo Jurásico. El objetivo era lograr que la gente saliese a la calle, a pasear, a comprar, a contemplar saurópodos de dos metros de altura e incluso a participar en una expedición de cazadores de dinosaurios…

No hay duda: los dinosaurios forman parte de nuestra vida. Y, ahora, también forman parte de nuestra navidad. Por eso, y aprovechando que en el 2017 (que ya está a la vuelta de la esquina) celebraremos el décimo aniversario de la aparición de uno de los yacimientos paleontológicos del Cretácico Superior más relevantes de Europa, Lo Hueco....

Por favor, ponga un dinosaurio en su belén: todos se lo agradecerán.

Una reflexión: si todos tuviéramos un corazón tan grande como el que debían tener los Triceratops o si los Reyes Magos y Papá Noël pudieran incluir entre sus ayudantes algún titanosaurio, quizás nadie se quedaría sin regalos en estas fechas…O en cualquier otra.

Sonia Martínez Dinosaurios de andar por casa
27.5.16 0 comentarios

Nuevo cocodrilo, nuevo reconocimiento


Nunca es tarde si la dicha es buena. O, al menos, eso afirma un refrán español. En cualquier caso, las últimas semanas que se han ido llegaron cargadas de buenas noticias.

Por un lado, conocíamos que la revista Cretaceous Research acababa de publicar un artículo sobre una nueva especie de cocodrilo del Cretácico Superior europeo: el Agaresuchus fontisensis, hallado en 2007 en el yacimiento de Lo Hueco. El estudio de sus restos craneales ha aportado, como afirmaba Francisco Ortega, “información de enorme calidad y muy abundante para entender la historia evolutiva de las faunas de vertebrados que vivían en Europa en el Cretácico Superior y por proyección en el resto del mundo”. Este hallazgo, unido al de Lohuecosuchus megadontos, ha permitido identificar un nuevo grupo de cocodrilos, llamado Allodaposuchidae, que se convierte en el antecesor más cercano de estos animales que todavía hoy contemplamos en algunas regiones del planeta. Una pena que en el río Moscas no tengamos ninguno…

Casi al mismo tiempo, y coincidiendo con la presentación en sociedad del Agaresuchus fontisensis (debo confesar que me encanta el nombrecito), se anunciaba que el equipo de investigadores que ha trabajado (y lo sigue haciendo) sobre el patrimonio paleontológico de nuestra provincia (Cuenca), recibirá el próximo 31 de Mayo, fecha en la que se celebra el Día de la Comunidad de Castilla-La Mancha, una placa al Mérito Regional. Es un reconocimiento a su labor de investigación, conservación y difusión de la riqueza paleontológica de esta bella tierra, en otro tiempo plagada de dinosaurios…

Como diríamos en mi pueblo, un municipio habitado por fuenteños (¿o quizás fontisensis?), es un galardón que merecen, porque se dejaron la piel trabajando, de sol a sol, en un yacimiento paleontológico perdido entre girasoles, trigo y cebada, en un lugar del que casi nadie quería acordarse. Ahora, gracias a sus investigaciones, a sus publicaciones y a su empeño, gente de otras latitudes sabe situar en el Mapamundi a Fuentes y al yacimiento de Lo Hueco.

Gracias por eso, por una labor bien hecha y por seguir adelante, con poco dinero pero muchas ganas.

Sonia Martínez
Dinosaurios de andar por casa
21.1.16 0 comentarios

Año nuevo, museo nuevo


Un año más, y como manda la tradición y el turismo, FITUR abrió sus puertas. Contó para ello con la presencia de la Reina y de muchos políticos deseosos de hacerse una foto frente a los stands de sus provincias y comunidades autónomas. A su manera, y absolutamente legitimados para ello, todos intentan sobresalir por encima del mundo circundante, uniforme y plano: el mejor paisaje, la mejor gastronomía, las mejores actividades… Y, este año, también los mejores dinosaurios.

Castilla-La Mancha, y Cuenca como parte integrante de la misma, acuden a la cita con una oferta variada y atractiva: nuevos planes estratégicos de turismo, centenarios de escritores (Cervantes y Cela), Semana Santa, degustaciones gastronómicas de alto nivel y, por fin, un poco de dinosaurios. El Museo Paleontológico es el gran protagonista de la ciudad de las casas colgadas. Ese museo abierto, cerrado y vuelto a inaugurar ya en dos ocasiones, llega a la feria de turismo con el propósito de convertirse en un referente de la paleontología regional y nacional.

El año que se fue, y éste recién estrenado, no han pintado demasiado bien para algunos “dinosaurios” de la música con mayúsculas: en los últimos días de 2015 nos abandonaba Kilmister, de la mítica manada de titanosaurios Motorhead; después, estrenábamos 2016 conociendo el fallecimiento de un saurópodo único, David Bowie, camaleónico como pocos y versátil hasta el infinito. Y, por último, Glenn Frey, perteneciente a un grupo de aves del Cretácico Inferior más famosas que “Pepito”, The Eagles.

A pesar de todo, y porque no creo en los malos presagios, esperemos que tanto cierre e inauguración de museo no sea algo negativo sino absolutamente positivo y que, desvinculándonos de las importantes pérdidas músico-dinosaurianas (tristes y dolorosas) el recinto dedicado a la conservación y exhibición de los dinosaurios de Cuenca tenga un amplio recorrido y un futuro halagüeño y se convierta, como así lo desea, en un centro de referencia.

Siguiendo con la estela musical, quiero terminar estas líneas recordando una estrofa de una canción de Bowie que corona algunas escenas de la película de Tarantino “Malditos bastardos”. La canción a la que me refiero es “Cat People” y lo que dice espero que no venga a cuento:

“You’ve been so long, well, it’s been so long. And I’ve been putting out the fire with gasolina” (Has estado tan lejos, ha pasado tanto tiempo. He estado apagando el fuego con gasolina…)


Dinosaurios de andar por casa,
Sonia Martínez

21.9.15 0 comentarios

La caída del Imperio Dinosauriano


La moda es cíclica. La Historia, no lo sé. Aunque a veces una tiene la sensación de asistir a acontecimientos que, en otro lugar y en otro momento, ya se han producido. Un “déjà vu” que no experimentamos directamente porque no tenemos la posibilidad de vivirlo en nuestras propias carnes pero que, a poco que se haya estudiado durante Primaria y Secundaria, sabemos que sucedió: la caída del Imperio Romano, la desaparición de las culturas Maya, Azteca o Inca, la desintegración del Al-Andalus o la quiebra del dominio español sobre casi todo el mundo civilizado.

Supongo que cuando los últimos dinosaurios que poblaban la Tierra se enfrentaron al cambio climático que provocó su desaparición, también se vieron obligados a emigrar a otros lugares. Y lo harían, básicamente, en un intento desesperado por mejorar sus condiciones de vida, es decir, buscando comida, agua y algún espacio tranquilo donde reposar. Exactamente igual que ha hecho el ser humano a lo largo de su corta, pero tremebunda, historia.

Lo que no creo es que tuvieran que sortear vallas de varios metros de altura que les impidieran el paso, periodistas que los zancadillearan, gobiernos discutiendo semanas enteras sobre cuotas de asignación… Ante este espectáculo dantesco, me pregunto qué es lo que nos espera. Porque si los dinosaurios no tuvieron que esquivar esas injusticias y afrentas y, aún así, desaparecieron, ¿qué será de nosotros, europeos ultracivilizados? ¿De verdad podemos poner barreras al hambre, la guerra y la desesperación de otros seres humanos? Y, aunque así fuere durante unos meses, ¿cuánto tiempo podrá nuestro mundo perfecto soportar el empuje de personas que sólo quieren vivir un día más?

Los “lagartos terribles” buscaban un futuro mejor. Nuestros titulados universitarios emigran a Estados Unidos, Alemania, Reino Unido o Francia persiguiendo exactamente lo mismo. Pero los afganos, sirios o subsaharianos que llaman a las puertas del viejo continente solo buscan un futuro. Y eso da mucha fuerza.

El ocaso de los dinosaurios lo provocó un meteorito y las consecuencias de su impacto. El ocaso de una civilización lo marca la falta de humanidad, la decadencia y la podredumbre que la envuelve. Deberíamos estudiar un poco de Historia.


Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez 

--
Imagenes: compuesta por una imagen de Dinotopia (James Gurney) y la portada del libro "The Decline and fall of the Roman Empire" de Edward Gibbon
4.9.15 1 comentarios

Amores (dinosaurianos) de verano



El verano es época propicia para los enamoramientos. Será el calor, las horas de luz (y de oscuridad buscada), la vida al aire libre, las terrazas y los chiringuitos de playa… O serán las feromonas… ¡Quién sabe! Lo cierto es que en la época estival florecen amores por todas partes. Luego, con la caída de la hoja, la mayoría de ellos decrecen y mueren. 

Sin embargo, y como la excepción siempre confirma la regla, también los hay que resisten, que sobreviven a las altas temperaturas y que, exultantes, afirman que llegaron para quedarse.

Hace unos días una buena amiga mía me enseñó el primer anillo que, su ahora marido, le había regalado cuando eran jóvenes, allá por el Cretácico Superior, cuando los saurópodos todavía poblaban la tierra. ¿Qué tiene de particular este hecho? Nada, excepto que el anillo llevaba incrustadas las siluetas de ¡pequeños dinosaurios!

Quizás fuera una premonición sobre su amor, resistente al paso del tiempo, o quizás la confirmación de que la pareja pisaba fuerte sobre futuros yacimientos paleontológicos…

En cualquier caso, me resultó chocante que allí no hubiera grabados unos corazones (muy al uso en estos regalos) o las socorridas palabras “te quiero”. No, allí había dinosaurios.

Esto confirma mi teoría de que hay hombres con mucha vista, que saben anticiparse al futuro y que en vez de decirte cosas tan románticas como “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte” (que diría Drácula) o “prefiero vivir una vida contigo que pasar el resto de las edades sin ti” (frase pronunciada por el atractivo Aragorn de “El señor de los anillos”), conocen la tierra que hay bajo sus pies y te conquistan con palabras mucho más contundentes: “Siempre nos quedará Lo Hueco, querida”.

Dinosaurios de andar por casa,
Sonia Martínez

--
Imagen de aquí
18.6.15 0 comentarios

Cretacic World!!!!!! (Quinta entrega)

 
Sólo se me ocurre una forma de empezar a escribir esta entrada y es haciendo una petición a todo aquel que lea estas líneas: por favor, si alguien conoce el número de teléfono de Steven Spielberg, que llame al contestador del blog y lo deje allí (se le recompensará generosamente).

¡Quinientos once millones de dólares en su primer fin de semana! Esa es, según dicen las buenas lenguas, la recaudación obtenida por “Jurassic World”, la cuarta entrega de la saga. Debo reconocer que no he ido a verla, pero tampoco creo que eso entristezca mucho a su productor, dadas las cifras alcanzadas. Suficientes para tomarse una cerveza en la barra del bar de mi pueblo…

Y es que son muchas las cosas que se pueden hacer con ese dineral: un museo, un centro de investigación, un parque…

Aunque, a raíz del estreno de esta película, me he encontrado con una noticia muy curiosa: alguien (seguramente un tanto aburrido) se ha entretenido en cifrar el coste que, aproximadamente, tendría un espacio como el que se describe en Jurassic Park. Pues bien, dejando de lado las patatas fritas, las pipas y los refrescos de cola, resulta que es mucho más caro comprar los terrenos para construir el parque (23.000 millones) y mantenerlo abierto (12.000 millones), que pagar a todo un equipo de científicos para crear nuevos dinosaurios.

En definitiva, lo de menos son las atracciones. Lo caro son las recalificaciones y compras de terrenos y los mantenimientos de las instalaciones (sean del tipo que sean).

¿Por cuánto salía el complejo de “Lo Hueco”? Creo recordar que era algo menos… Pero claro, a la vista de esos datos, es para pensárselo.

Sonia Martínez
Dinosaurios de andar por casa
15.2.15 0 comentarios

¡¡Comienzan las obras en Fuentes!!


Lo que parecía lejano y casi producto de la fantasía, acaba de convertirse en realidad: las obras de reforma y acondicionamiento del Centro expositivo de Lo Hueco de Fuentes han dado comienzo.

Gracias al dinero comunitario proveniente del PLAMIT, en nuestro pueblo podremos contar, en un plazo de tiempo breve, con un local que servirá como sala de exposiciones dedicada a la paleontología local: información y reproducciones de algunos de los fósiles del yacimiento de “Lo Hueco” tendrán, por fin, un acomodo digno entre sus paredes.

Además, vecinos y visitantes podrán admirar una reproducción a tamaño natural de los primeros habitantes saurópodos del Cretácico Superior que nacieron y crecieron en nuestra tierra. Estos estarán colocados en un lugar estratégico del pueblo, desde el que, además, puede verse el yacimiento .

Desde este rincón sólo nos queda desear que las obras se ejecuten dentro de la normalidad y que, sin interrupciones ni sobresaltos, podamos asistir a la inauguración con ilusiones renovadas. No parece el gran proyecto que se anunciaba al principio, pero se supone que por algo se empieza.

Por otro lado, y por si acaso nos escuchan, me gustaría decirles a los responsables del Museo de Ciencias Naturales de Londres que si no saben que hacer con el pobre “Dippy” en Cuenca somos muy hospitalarios: sólo tienen que envolverlo un poco, facturarlo en uno de los barcos que hacen la travesía hasta Santander y nosotros, a lomos de un tractor, un camión o lo que sea necesario, le buscaremos emplazamiento en Fuentes.

Supongo que, aunque pertenezca a otra era, nadie notará en exceso la diferencia y, como buenos vecinos, sabremos hacer que se sienta cómodo entre nosotros. Al fin y al cabo, vamos a contar con un centro de interpretación. Seguro que un contrato a media jornada como responsable de información se le puede firmar: ¡Ánimo, Dippy, Fuentes te espera!

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez

--
En la imagen, el ayuntamiento de Fuentes y los primeros y tímidos indicadores de las obras.
17.1.15 0 comentarios

Un dinosaurio instantaneo


Por un instante

Sí, por un instante, un dinosaurio recorrió otra vez el yacimiento de Lo Hueco.

Todas las mañanas, llueva o haga sol, con frío, calor, granizo o nieve, un grupo de aguerridas fuenteñas nos atrevemos a desafiar las predicciones meteorológicas y seguimos fielmente las recomendaciones de la medicina actual: hacer deporte (lo de la vida sana y la ingesta de agua lo dejamos para los otros dos tercios de la población mundial). Y el deporte elegido es el de la caminata ligera: seis kilómetros diarios que, además de favorecer nuestro sistema inmunitario, dan para mucho: para resolver los problemas de la economía nacional, para enviar a determinados políticos al lugar que merecen, para reescribir guiones de telenovelas, etc.

Sin embargo, la mañana del día 16 de enero todas nos quedamos sobrecogidas: una nube caprichosa, grisácea y alargada, extendía su sombra dinosauriana sobre el yacimiento. Porque lo que nuestros ojos atónitos contemplaban era la silueta exacta (o casi) de un dinosaurio volando (quizás Pepito, antes de posarse definitivamente en Las Hoyas).

Prisas por buscar el móvil, por conectar la cámara, por conseguir esa instantánea que no hubiera recibido el Pulitzer pero que hubiera significado mucho para esas ilusas caminantes. Imposible. Igual que el humo, la forma sinuosa que emergió de la nada y se transformó majestuosamente en un dinosaurio alado, desapareció antes de inmortalizar su corta existencia.

Pero todas supimos que aquello no había sido fruto de casualidad, del viento, de la humedad o de cualquier factor racional. Ese dinosaurio apareció ahí porque era su sitio, quizás imaginario.

Sí, duró apenas unos segundos, pero fue bello, fue mágico. Fue nuestro instante.


Sonia Martínez
Dinosaurios de andar por casa

29.12.14 0 comentarios

Como manda la tradición…


Los turrones, los belenes, la publicidad de juguetes y grandes almacenes… Todo vuelve a casa por Navidad. Aunque no sea el caso de algunos dinosaurios famosos, que felices en el reino nipón, siguen con su exitosa romería por diversos museos japoneses. Dejémosles que disfruten de su momento de gloria.

Otros, fieles a la tradición, también volvieron a reinar por unas horas (nada menos que cuatro), en el “Máster en nuevas tendencias y procesos de innovación en comunicación” que organiza la Universidad Jaume I de Castellón. A mí me costó una irritación de garganta y al equipo informático un buen remojón (“casi” derramé un vaso de agua encima de una decorada manzanita). Afortunadamente ellos, los flamantes dinosaurios de Lo Hueco y Las Hoyas, volvieron a brillar con luz propia en la sala, a despertar la admiración de los presentes y a revivir, en quienes los vimos emerger de las entrañas de la tierra, recuerdos casi olvidados.

Porque ya son tres las ediciones que se van de viaje a Castellón y siete los años que llevan metidos en un almacén. Parece mentira, pero no lo es. El tiempo pasa a la misma velocidad que el polvo se acumula en las estanterías. Y lo hace suavemente, para no llamar la atención. Quizás con la intención de sepultar en el olvido vivencias y recuerdos que nos negamos a abandonar. Pero entonces la tradición y las costumbres, en esa trayectoria cíclica que marca nuestra vida, devuelven el pasado al presente. Y así fue como unos alumnos de un máster felicitaron a esta que escribe “por una exposición tan llena de sentimiento. Porque cuando uno vive y cree lo que dice, siempre resulta más convincente”.

Y eso, doy fe de ello, es cierto.

¡Felices navidades a todos los dinosaurianos que pueblan el planeta Tierra!

Sonia Martinez
Dinosaurios de andar por casa 

--

17.8.14 0 comentarios

El verano y los reyes del mambo


Sin darnos cuenta se nos fue el mes de julio, nos vamos haciendo con agosto y, poco a poco, con el verano.

A los conquenses, además, se nos fueron los dinosaurios. Pero, dada la época en la que estamos, no es de extrañar. El que más y el que menos, con presupuestos altos y bajos, trata de aprovechar el periodo estival para relajarse, olvidar los problemas del trabajo (¿qué es eso?) y conocer otros mundos.

Los dinosaurios conquenses no iban a ser menos. Una representación de ellos cambió el calor de Cuenca por el de Ciudad Real (aunque dudo que esa alteración espacial les haya gustado mucho) y otros, los más avispados, optaron por viajar a Japón. Estos sí fueron inteligentes porque, aunque el largo viaje en avión pusiera los pelos de punta a más de uno, el despliegue técnico al que han asistido seguro que ha merecido la pena. A lo bueno todo el mundo se acostumbra rápido.

Sin embargo, la pregunta que flota en el ambiente y que me bulle en la cabeza es ¿qué pasará a la vuelta? Después de un año disfrutando de mimos, alta tecnología y visitas top-ten, ¿volverán a su tierra para criar polvo en estanterías?

Cabe otra posibilidad: que pidan asilo político en aquel país. Motivos no les van a faltar porque ellos, que ya pasaron por un cataclismo que los avocó a la extinción, conocen mejor que nadie los síntomas previos al desastre: hambruna, revueltas sociales, emigración…

La vitrina, limpia y reluciente, ya la tienen. La publicidad, también (aunque, desde mi modesto punto de vista, sea algo cutre). Y la atención, el interés y el respeto de los japoneses, los reciben a espuertas.

En estas condiciones, la mayoría entenderíamos que optasen por asentar definitivamente sus huesos en el primer lugar donde los han tratado como auténticos reyes del mambo. Y de paso, que creen patria, para los que vayan después…

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez
3.7.14 0 comentarios

Tú a Florida, yo a Doñana


Ha vuelto a suceder. Un año más, con hogueras o sin ellas, amanecimos envueltos en verano. Ningún gobierno se ha atrevido a recortar la duración de las estaciones (todavía). Sin embargo, con los presupuestos vacacionales tiritando de frío, tendremos que desempolvar aquella vieja canción de Mecano que decía “Hawai, Bombay, son dos paraísos, que a veces, yo, me monto en mi piso…”.

Después de escuchar la entrevista que Radio Televisión Castilla-La Mancha le hizo a Francisco Ortega, debo reconocer que me siento afortunada. No voy a decir que en mis tiempos de estudiante viajara con la imaginación a esos lugares que nombraba Mecano, pero desde luego sí hacía alguna que otra incursión a la azotea del piso compartido de Madrid con la intención de pillar bronce. Sin embargo, ahora que he descubierto que los humedales de Las Hoyas bien podrían asemejarse a los Cayos de Florida y que el entorno de Lo Hueco admite comparaciones con las marismas de Doñana, todos los fuenteños lo tenemos muy fácil: el que desee teletransportarse en lancha rápida, deberá dirigir su mente a la península americana (plantarse en Las Hoyas); los que sean más felices contemplando aves y playas infinitas, al sur de España (promontorio de Lo Hueco, nada más cruzar el puente del AVE).

Por otro lado, para aquellos que a veces tememos morir aplastados por la rutina del día a día y que ansiamos un chute esporádico de adrenalina que nos haga revivir sentimientos olvidados, aún nos queda otra opción: el lejano oriente, un mundo desconocido y fascinante. Porque hacia allí dirige sus pasos, perfectamente vestido y maquillado, nuestro querido Pepito. Y, como es una pena que un viaje tan largo lo haga solo, si se admiten voluntarios yo me apunto.

¡Qué envidia me da el animalillo! Japón, el paraíso nipón donde uno puede atiborrarse a pescado crudo y cerezas (que no picotas), comprar el último grito en tecnología punta y perderse por jardines milenarios (me quedo con esto último).

En fin, bienaventurados los huesos de Pepito porque ellos verán el reino del sol naciente. A los demás siempre nos quedará la piscina de Fuentes, con su agua fría y cristalina, y la terraza de Chencho, sin sombrillas hawaianas pero con unas tapas que ya quisieran para sí los de los ojos rasgados… ¡Ay!, “que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez
25.6.14 1 comentarios

Ovejas, dinosaurios, Fuentes y la puerta de Alcalá


Mírala, mírala, mírala…

Cada vez que la contemplo, fuerte y altiva, a mi mente acude la misma idea: ¡cuántas cosas podría relatarnos si pudiera hablar! Acontecimientos históricos que marcaron una época o líos cotidianos que sólo atañen a sus protagonistas. Guerras, amores, pasiones…

Pero ella ahí está, viendo pasar el tiempo. Y también las ovejas porque cada año, según se estableció en la Concordia del 2 de marzo de 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Consejo de la Villa de Madrid, unas 2000 ovejas desfilan a los pies de uno de los monumentos más emblemáticos de la capital de España: la Puerta de Alcalá.

Hasta aquí, aparte de lo curioso que puede resultar este acontecimiento, todo normal. Pero ¿se imaginan nuestros lectores a 2000 dinosaurios efectuando ese “paseillo” por lugar tan regio?

Pues, aunque parezca mentira, podría haber sido. Según un estudio publicado en la revista Nature, los dinosaurios también eran trashumantes, como nuestros queridos rebaños ovinos y efectuaban largos viajes de unos lugares a otros en busca de alimento.

Así pues, y aunque no hayan tenido la suerte de coincidir en el tiempo, dejamos la Puerta abierta a que algún director de cine avispado contemple la posibilidad de rodar una escena plagada de saurópodos desfilando, con calma y tranquilidad, por la calle de Alcalá mientras vemos, al fondo, majestuoso, erguirse el soberbio monumento.

En mi pueblo, Fuentes, más modesto que Madrid (en cuanto a tamaño de la población) también tenemos ovejas. Y, a diferencia de ellos, las contemplamos durante todo el año. Por si fuera poco, también tenemos dinosaurios. Muchos. Todos juntos, apiñados, como si de un rebaño se tratara. De todo ello podríamos deducir que nuestro territorio era el destino de muchos lagartones trashumantes o, al menos, una auténtica cañada real dinosauriana por la que transitaban cientos de esos animalillos.

La pena es que no tengamos una puerta tan famosa pero, a cambio, tenemos unas estupendas Jornadas de la Lana, abiertas a todo el mundo que quiera conocerlas y disfrutar de ellas. Porque estamos en tierra de pastores y dinosaurios.

Sonia Martínez
Dinosaurios de andar por casa
3.6.14 0 comentarios

La leyenda de Lo Hueco


Todas las leyendas tienen un poso de verdad. Todas encierran misterios que escapan a la razón humana. Quizás por eso nos fascinan y atraen. Y, algunas, nos aterran.

Fuentes es un pueblo que ronda los quinientos habitantes, situado en las primeras estribaciones de la Serranía de Cuenca. Su término municipal es muy extenso. En primavera, los campos de trigo y cebada inundan con una marea de verde esperanza laderas y llanuras. Y en agosto, los girasoles desafían el calor abrasador del sol, tiñendo de amarillo el paisaje. Luego, cuando la cosecha termina, queda la tierra, fuerte, dura. A veces hueca.

Cada paraje tiene un nombre y algunos, como es el caso de Lo Hueco, hasta su propia historia.

Cuenta la leyenda que hace muchos años (aunque no tantos como para que el manto del olvido haya borrado su memoria) en ese lugar de Fuentes la tierra era fértil. A pesar de no estar en la ribera del río Moscas y gozar de los beneficios de la vega, los manantiales que por allí afloraban, y que todavía nos regalan su agua en primavera, hacían del paraje un territorio productivo. Sin embargo, los labradores no lo contemplaban con buenos ojos. Algunos había que hablaban de ruidos profundos que podían escucharse a plena luz del sol. Otros afirmaban que, cuando las caballerías tiraban fuerte del arado, el suelo sonaba hueco, como si debajo existiera una caverna gigantesca y recóndita, dispuesta a engullir cuanto hubiera en la superficie.

Aquella mañana no era diferente a otras del mes de Junio. La faena abundaba para los braceros que, desde el pueblo, madrugaban, dispuestos a empezar la cosecha antes de que el calor apretase. La fiesta de San Antonio había terminado y era hora de recoger los frutos que los campos prometían. Ya se sabe que, en esas fechas, una mala tormenta podía dar al traste con el trabajo y las ilusiones de los agricultores (igual que ahora).

El camino era largo pero, con pocos años a la espalda, se hacía llevadero: unos cantaban, otros hablaban de lo acaecido en la última verbena. Las mozas, entre risas y cuchicheos, miraban de reojo a los guapos muchachos que, con la hoz al hombro, marchaban delante.

Las parcelas no eran tan grandes como en la actualidad. Aún faltaba mucho tiempo para la famosa Concentración Parcelaria de los años sesenta. Pero el trabajo endurecía la piel y el alma de aquellos hombres: eran sus manos, manos de labradores curtidos, las que cosechaban el trigo y la cebada y las que luego cargaban los haces en los carros y los llevaban hasta las eras, donde el grano se ablentaba y trillaba.

Aunque estaba amaneciendo, el azul del cielo era tan intenso que parecía un trozo de mar suspendido en el aire. Haría calor sobre la tierra áspera.

El paraje de Lo Hueco se recortaba en el horizonte.
- Hoy me toca segar la mies de Lo Hueco -comentó Juan mirando aprensivo la ladera.
- ¡No me digas que te da miedo! -le respondió Abel entre risas.
- Pues a mí sí me lo daría. ¿Sabéis que el tío Pablo casi se cae con su mula en una sima que se abrió por allí cerca?
- ¡Cómo para no tener miedo! -exclamó Joaquín.
- ¡Bah! Eso son paparruchas -terció Abel.
- Paparruchas sí, pero tú bien que dijiste que no al tío Hilario cuando te ofreció que le segaras su parcela -sentenció Joaquín.
- ¡Y tú que sabrás! -respondió el aludido.

Y así, entre recelos y temores, risas y burlas, comenzó la jornada. Cada uno en su trozo de tierra, cada uno con el pañuelo en la cabeza y la mano en la hoz, doblada la espalda sobre el campo.

Hacia el mediodía era obligado parar a almorzar. Había que reponer fuerzas para seguir trabajando. Las mozas ya habían destapado las tarteras con la merienda y algunas otras llegaban desde el pueblo con la comida para sus padres y hermanos.

- No va mal la cosa -afirmó el tío Anastasio, uno de los más veteranos. - A este paso terminamos en dos días estas parcelas.
- ¡Quiah! -exclamó el tío Melquíades. –Quieras que no, aún nos falta lo peor. Esto está llano, pero por allí, en la ladera, se hace más difícil. Y está lleno de piedras.
- ¿Alguien ha visto a Juan? -preguntó María, una moza casadera que le tenía echado el ojo al mozo.
- Ese ni se ha enterao de que es la hora de almorzar -apuntó Abel. ¡O a lo mejor se lo ha tragao la tierra! -exclamó en mitad de una carcajada.
- ¡Muchacho, con esas cosas no se juega! -le cortó tajante el tío Melquíades. –Más te vale acercarte pa’llá y llamarlo pa que venga.

Por no llevar la contraria, Abel se terminó el trozo de pan con tocino que se estaba comiendo y, sin mucha convicción, caminó un trecho hasta lo alto de la ladera.

Desde arriba pudo ver el carro y la mula que llevaba Juan.

- ¡Juan! ¡El almuerzo nos lo estamos comiendo! ¡Y la María ha preguntado por ti! Yo pa’mi que la tienes loca. ¡Menudo estás hecho!

Al llegar a la altura de la mula, Abel vio la hoz de Juan. Estaba tirada en el suelo, pero ni rastro de su dueño. Una sensación de intranquilidad comenzó a adueñarse de él. Un poco más abajo se encontró con el pañuelo de su amigo. Sí, esa mañana se lo había visto anudado en el cuello, cuando habían discutido sobre Lo Hueco.

¡Lo Hueco! La intranquilidad que sentía dio paso al temor y luego al miedo. La mula, allí al lado, parecía inquieta. Y, de pronto, él también lo oyó. Surgía de las entrañas de la tierra. Era un quejido lastimero, profundo, que ascendía hasta la superficie envolviendo el ambiente. El suelo pareció temblar bajo sus pies. Se dio cuenta, con horror, que una grieta comenzaba a formarse entre los surcos de la parcela. Trató de gritar, pero no pudo. La voz se ahogó dentro de su garganta. El sudor le caía por la frente, al tiempo que su cuerpo temblaba. El terror le paralizaba. El crujido de la tierra, abriéndose en canal, le llegaba claro y nítido.

Y, por fin, cuando parecía que nada ni nadie le harían recobrar el movimiento, un empujón de la caballería le devolvió la fuerza y el impulso a sus músculos, a sus piernas, a su cerebro.
Por su mente sólo pasó una idea: correr ladera abajo, hacia donde los demás se encontraban. Y eso fue lo que hizo, tan rápido como pudo, con la cara blanca y desencajada.

Al llegar al grupo, el tío Melquíades fue el primero en percatarse del estado del joven.
- Pero ¿qué te pasa Abel? ¿Has visto un aparecido?
- ¡Juan! -fue lo único que acertó a pronunciar Abel.
- ¿Qué le pasa a Juan? ¡Ay, Dios mío! ¿Qué le pasa a Juan, dónde está? -preguntó Maria, con un hilo de voz.
- ¡La tierra se ha abierto! Lo he visto con mis propios ojos -exclamó Abel temblando. -¡Y se ha tragado a Juan!
- ¡Pero qué dices, muchacho! -arremetió el tío Melquíades mientras lo cogía por los hombros.
- ¡Sí, subid y lo veréis vosotros mismos! Se ha abierto una grieta en el suelo y Juan no está. Su hoz y su pañuelo están en el suelo, pero él no está. ¡Os digo que se lo ha tragado la tierra!

Algún tiempo después, las buenas y malas lenguas comentaron que el desaparecido Juan dio señales de vida desde Valencia. Al parecer, aquella mañana había visto claro que su porvenir no pasaba por empuñar una hoz y, ante el temor de que sus padres no le dejaran nunca abandonar el pueblo, se había ido caminando hasta la carretera de Valencia, que apenas distaba a unos kilómetros de Lo Hueco. Había huido de un futuro lleno de polvo seco…

Si es verdad que Juan terminó en la capital del Turia, sano y salvo, o que se lo tragó la tierra, sólo los más viejos lo saben. Lo que sí es cierto es que, muchos años después, gracias a las obras de Alta Velocidad Madrid-Valencia, en el paraje de Lo Hueco apareció uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de Europa.

Aquellos quejidos que la tierra exhalaba seguramente eran movimientos de la corteza. Sí, seguramente. Al igual que las grietas y las simas que ocasionalmente se han formado en ese terreno. Pero lo cierto es que allí, a muchos metros de profundidad, estaban enterrados cientos de lagartos terribles, de aterradores dinosaurios, dragones de ficción… Nadie sabe cómo. Nadie sabe por qué.

Y esto último no es leyenda. ¡Ea!


Sonia Martínez Bueno


4.3.14 0 comentarios

La fiesta de la matanza (del dinosaurio)


Aún a riesgo de cabrear a la gente de la Plataforma Cívica Contra el Uso Banal del Término Dinosaurio (PCCUBTD), debo reafirmarme en mis sentimientos: hoy me considero un dinosaurio. Y aporto pruebas que corroboran lo que digo: tengo teléfono fijo en casa (y recuerdo perfectamente aquellos en los que, para marcar, era necesario girar una rueda), no tengo WhatsApp en mi móvil (aunque le pese a Mark Zuckerberg) y me encantaba una serie de televisión que ponían en los noventa: “Doctor en Alaska”.

En uno de sus capítulos aparecía, en las cercanías de Cicely, un mamut en perfecto estado de conservación que el deshielo había dejado al descubierto. Ante la relevancia de aquel hallazgo, el cosmopolita y neurótico doctor Fleischman no dudaba en la necesidad de llamar a paleontólogos y naturalistas de las más prestigiosas universidades porque, como era evidente para él, había que dar a conocer al mundo entero el elefante gigantón. Sin embargo, los lugareños, en un alarde de sentido común muy reflexivo, decidían que allí había carne para una buena temporada y que, por lo tanto, lo mejor era repartirlo entre todos y comérselo. Y así terminaban haciendo, ante la sorpresa e incomprensión del médico.

A la vista de las noticias que últimamente circulan por periódicos y radios nacionales, donde se nos recuerda la importancia del yacimiento paleontológico de Lo Hueco, su trascendencia científica real y la posible influencia que hubiera tenido en el desarrollo económico y social de una provincia deprimida y asfixiada por la crisis, como es Cuenca, me pregunto ¿qué hubieran sido noventa o cien millones de euros en medio de la vorágine? Porque creo recordar que esas eran las cifras que se manejaron cuando se dio a conocer aquel fastuoso proyecto que incluía un museo, un centro de investigación y un parque temático. Seamos realistas: esa cantidad de dinero ni siquiera hubiera sido recogida y denunciada por la famosa lista Falciani de políticos y empresarios que han defraudado al fisco en este país de castañuelas y panderetas. Y no quiero decir con esto que se podía haber contactado con la mafia o con millonarios que construyen casinos. No. Lo único que afirmo es que, si en aquel momento o en otros posteriores, alguien hubiera tenido la vista y el arrojo que tienen esos jóvenes de Facebook o WhatsApp, a lo mejor ahora el planeta entero era capaz de situar en el mapa mundial a Cuenca.

A la vuelta de siete años resulta que todos aquellos proyectos, todas las ilusiones de muchas personas que comprendimos la dimensión del hallazgo en términos que superaban los estrictamente científicos y todos los restos fósiles que salieron a la luz, están almacenando polvo en las estanterías de una nave industrial, a la espera de ser ¿analizados y estudiados? A mi mente acuden las obras de la Sagrada Familia, el Monasterio de El Escorial y la relación inversamente proporcional que se establece entre ese polvo de las estanterías citadas y el desarrollo intelectual de un país y las manadas de políticos que lo dirigen.

Por eso, y me van a perdonar por mi visión racional y gastronómica de las cosas, más valdría que, de haber aparecido los huesos de “Lo Hueco” con carne, nos los hubiéramos repartido entre los vecinos de Fuentes. Habríamos disfrutado de alimentos gratis una buena temporada, habríamos podido presumir de llevar en nuestro interior los genes de muchos dinosaurios y, quien sabe, hasta podríamos haber promocionado Cuenca con “la fiesta de la matanza del dinosaurio”. Porque, ¿se imaginan la cantidad de chorizos, morcillas y jamones de pata larga, pero que muy larga, que habrían salido de “Lo Hueco”? A mí, pequeña dinosauria, se me hace la boca agua.


Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno
24.1.14 0 comentarios

La sombra del dinosaurio es alargada…


Si los humanos hubiesen coincidido en el tiempo con los grandes saurios del Jurásico y Cretácico, estoy segura que, en determinados ambientes, la convivencia habría sido posible, pacífica y hasta placentera. Más de uno que conozco habría disfrutado de una merienda sosegada a la sombra de un gigante, mientras el cuellilargo se dedicaba a recolectar jugosas hojas de enormes arbustos.

La inmersión directa en sus hábitats y costumbres, probablemente habría modificado nuestra forma de entender la vida y el arte. Dalí no hubiera pintado relojes sino Triceratops (o alguna parte concreta de su anatomía) y Van Gogh se hubiera decantado por grandes helechos en vez de girasoles. Incluso El Greco, transportado en el tiempo y en el espacio al humedal de Las Hoyas o Lo Hueco, habría incluido en sus cuadros el brillo del sol, ese que nunca apareció en su paleta de colores.

Este año, precisamente, este célebre pintor es el personaje central del stand de Castilla-La Mancha en FITUR. No en vano se cumplen cuatro siglos de su muerte en Toledo y el acontecimiento tratará de atraer más visitantes, si cabe, a la maravillosa ciudad de las tres culturas.

Él, que imprimió un estilo propio a su pintura, presentándonos figuras alargadas y sinuosas como llamas de fuego, habría disfrutado captando la esencia de los grandes saurópodos. Los habría inmortalizado proyectando, sobre un lienzo, la grandeza de sus cuerpos y la infinitud de sus cuellos. Sus detractores (la mayoría políticos) habrían dicho que exageraba la realidad, que no reflejaba con fidelidad la importancia (poca o mucha) de esos gigantes. Pero, en cualquier caso, sus cuadros recogerían la belleza y trascendencia científica de esos animales.

No es el caso. Por eso, aunque todos podemos admirar “El entierro del Conde de Orgaz”, sólo unos pocos conocen y estudian la otra riqueza de esta región: la paleontológica.

Mientras tanto, y como me decía una persona a la que admiro mucho, en estas tierras castellano-manchegas seguimos retrocediendo en el tiempo. ¡Quien sabe si, a este ritmo, llegaremos al Jurásico!


Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno
25.12.13 0 comentarios

Turrodinos (vuelven a Cuenca por Navidad)



A estas alturas del mes de diciembre sólo los habitantes de Plutón ignoran que “casi” estamos en Navidad. El resto de los mortales llevamos dos meses sufriendo el bombardeo publicitario de las compañías de perfumes, juguetes y turrones.

Sin embargo, también tiene su lado positivo. ¿Cuál es el single navideño preferido del lector de estas líneas? ¿Quizás aquel de una bebida de cola: “Al mundo entero quiero dar…”? ¿O el de unas archiconocidas muñecas: “Las muñecas de Famosa se dirigen al portal”?

Yo me quedo con el de los turrones que siempre volvían a casa por Navidad.

Y, como ellos, también los dinosaurios regresan a Cuenca. Lo hicieron hace unos días, sobre el escenario del Teatro-Auditorio de nuestra capital y bajo el título de “Aventuras en el Jurásico”.

Un espectáculo familiar bastante logrado que consigue que los pequeños de la casa (y los mayores, con un poco de imaginación) se transporten al interior de un parque temático dinosauriano (ese que todos prometieron pero ninguno ejecutará).

Durante setenta minutos los actores, los efectos especiales de última generación (sistemas de clima simulado, ambientes olfativos artificiales, iluminación robotizada) y, por supuesto, los robots-dinosaurios, nos enseñaron al primer Homo Sapiens, el nacimiento de una cría de dinosaurios, el encuentro con sus padres y lo malvado y puñetero que puede ser un velociraptor.

Los animalillos se movían bastante bien, dotados como estaban (según explicaba el folleto) de una nueva tecnología hidráulica, acústica y eléctrica que lograba que sus movimientos corporales, sus sonidos y sus desplazamientos fueran muy “reales”.

Quizás por las fechas, quizás por el ambiente… El caso es que experimenté cierta nostalgia y tristeza por un futuro que pudo ser pero nadie se atrevió a materializar. Al menos allí, sobre el escenario y en el patio de butacas, fue real durante unos minutos. ¡Manda turrones!

Dinosaurios de andar por casa,
Sonia Martínez Bueno
28.11.13 0 comentarios

Pesadilla en Lo Hueco


Hace ya varios días que todos los medios de comunicación nacionales (e imagino que internacionales) rememoran los acontecimientos que tuvieron lugar hace cincuenta años en Dallas, muy cerca de Elm Street… (Quizás esta fue la primera pesadilla que tuvo lugar en esa calle). Y como no podía ser de otro modo, vuelven a ponerse sobre el mantel diversas teorías, conjeturas, dudas y opiniones sobre quién mató al trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Incluso existe una leyenda urbana entorno al paralelismo entre su asesinato y el de Lincoln.

Pues bien, en Cuenca no vamos a ser menos que nadie. Y a mi se me ha ocurrido que, a nada que uno se ponga a pensar, es fácil apreciar varias similitudes entre la vida y la muerte de John F. Kennedy y los dinosaurios de Lo Hueco. A saber:
  • Tanto el uno como los otros tuvieron una vida intensa, cuajada de momentos estelares (discursos, fotos con políticos, promesas in-cumplidas).
  • A día de hoy, todos están muertos. Y nadie sabe quién o porqué los mató, aunque las hipótesis son muchas y variadas: conspiraciones, meteoritos, ambiciones, poder…
  • El tiempo ha pasado y, sin embargo, ellos nos siguen interesando y atrayendo. Fueron y son un misterio en el que muchos investigadores se sumergen (o se hunden), convencidos de poder aportar un poco de luz sobre su extinción.
  • En la actualidad, a algunos políticos (de allá y de acá) no les interesa que la verdad salga a la luz y se afanan porque los huesos de todos ellos sigan en estado de perpetuo reposo.
Tranquilícense, lectores, porque desde estas líneas no seré yo quien se atreva a formular una nueva teoría sobre los hechos (entre otras cosas porque no sé si me importa mucho conocer la identidad de un asesino cuyo crimen ha prescrito y porque cada cual debe lavar sus trapos sucios); pero quizás, y si las cosas no cambian por estas latitudes conquenses, va siendo hora de que empecemos a plantearnos, como dijo JFK, qué podemos hacer nosotros por los dinosaurios de Lo Hueco. Yo, por mi parte, tengo muy claro lo que ellos podrían haber hecho por nosotros en su momento, y lo que aún podrían hacer si algunos tuvieran voluntad de que así fuera.

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno
1.11.13 0 comentarios

El monte de Lo Hueco (Leyendas Fuenteñas)


Cuando Bécquer escribió su famosa leyenda “El Monte de las Ánimas”, situó la acción en Soria. Quizás porque había oído la escalofriante historia de boca de los lugareños, en alguna visita a esas tierras maravillosas que, por otro lado, tanto se parecen a las conquenses. Porque quien haya viajado a las dos provincias, estará de acuerdo conmigo en que se asemejan en multitud de aspectos: mesetas duras, frías y ardientes, montes de pinos negrales y rodenos, pueblos desperdigados entre valles cuajados de enebros y sabinas y habitados por personas sencillas, castellanos puros de la Vieja y la Nueva, pero buena gente en definitiva.

Y huesos, muchos huesos… Aterradores huesos…

En la noche de Todos los Santos cualquiera que lo desee y no tenga aprecio por su vida, podrá dirigir sus pasos a tierras sorianas y, al oír las campanas doblar en la capilla de San Juan del Duero, perderse en el Monte de las Ánimas… Espantosos esqueletos coronados por cráneos amarillentos, pugnando por salir del encierro eterno de sus fosas… Dantescos corceles que, movidos por una mano invisible, ponen en pie sus horribles osamentas y buscan jinete… Caballeros templarios e hidalgos castellanos enfrentados en cruenta batalla. Brutal y atroz castigo que se reproduce cada año en esa sombría fecha. Huesos contra huesos.

Aquí, en Cuenca, todavía no tenemos leyenda propia. Pero si alguien lo desea, también puede dirigir sus temblorosos pasos hacia nuestro terruño. Y cuando escuche el lúgubre tañido de las campanas de la iglesia de Fuentes anunciando la medianoche, perderse por los campos de Lo Hueco. Si la imaginación del temerario visitante se lo permite, quizás pueda contemplar con estupor como, uno tras otro, surgen de las profundidades de la tierra atroces saurópodos titanosaurios, pavorosos pitonomorfos, tétricas tortugas pleurodiras y horripilantes pelvis de ave del tipo Rhabdodon. Huesos sobre huesos. A miles.

Y, para que sirva de aviso a todos, desde estas líneas afirmo que lo más espeluznante no será ver cómo estas criaturas reviven sus macabras danzas de la muerte en la noche de Todos los Santos, sino comprobar que, a pesar de su evidente y demostrable existencia e interés, a ningún de nuestros funestos y lamentables políticos les importan un carajo los difuntos huesos de esos pobres dinosaurios.

Quizás convendría que todos (los políticos) se perdieran en el Monte de las Ánimas en tal fecha…Y se convirtieran en leyenda (caduca).

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno

22.10.13 0 comentarios

¡Adjudicado al Tyrannosaurus del fondo!


¡Adjudicado!
Quien tiene una casa…tiene que decorarla. Esta frase, que bien podría ser el slogan publicitario de alguna empresa sueca (por ejemplo), encierra una de las pocas verdades absolutas y universales.

Y es que desde la cabaña infantil construida sobre un árbol o en un rincón del jardín, pasando por el piso compartido de la época estudiantil, hasta desembocar en esa inocente y falaz sensación adulta de poseer una vivienda hipotecada, todos, grandes y pequeños, en algún momento de nuestra vida (o en varios) hemos tenido la necesidad de decorar una casa, una cueva o un almacén (como en las películas americanas, donde lo más normal es vivir en una nave industrial tipo Taller Paleontológico de Restauración Lo Hueco).

¡Qué recuerdos, brocha y pintura en ristre! ¡Qué calambrazo al descubrir que el cable azul sí conducía electricidad! ¡Qué muebles tan maravillosos recogidos al lado del contenedor o comprados en un mercadillo! Y ¿quién no soñó con colgar en su pared “Los girasoles” o el mismísimo “Guernica”?

Ahora, sin embargo, cualquiera puede instalar en el salón de su casa un dinosaurio. Bueno, cualquiera no, sólo aquel que esté dispuesto a gastarse unas 600.000 libras en el animalejo y disponga de espacio suficiente para albergar un bicho cuyo esqueleto mide 17 metros de longitud y 6 metros de altura.

El Diplodocus en cuestión saldrá a subasta el próximo día 27 de noviembre en el condado inglés de West Sussex. Se llama Misty y fue encontrada (se supone que la venden como el esqueleto de una hembra) por los hijos del paleontólogo Raimund Albersdoerfer cerca de una cantera de Wyoming, en Estados Unidos. Errol Fuller, experto en historia natural y encargado de la puja, cree que podría atraer a museos de países emergentes (y ricos en petrodólares) o a algún coleccionista particular (también rico y con mucho espacio).

¿Algún comentario o idea? Supongo que muchos. A mí, en este momento, sólo se me ocurre formular una petición: que nadie ponga sobre aviso a nuestros políticos, porque si descubren que el negocio es rentable son capaces de especializarse en el golpe de martillo y en esa frase tan taquillera: “¿Alguien da más? Cien a la una, cien a las dos, cien a las tres. ¡Adjudicado al Tyrannosaurus del fondo!”.

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno

Más información:
8.10.13 0 comentarios

¡Bienvenido, Mr. Bones!


Se fue el verano. Atrás hemos dejado ya las vacaciones, las tardes al sol, las charlas nocturnas con amigos y las lecturas tranquilas junto al mar, al borde de la piscina o en la cama (ahora tenemos que compatibilizarlas con nuestra ajetreada rutina diaria).

Según los expertos, ha llegado el otoño, esa estación indefinible por naturaleza, donde uno se levanta con frío, se cuece al mediodía y se congela por la noche. Y con el otoño hemos retomado los quehaceres cotidianos, los estudios y el interés por las noticias cercanas, esas que hablan de Cuenca y su provincia. Y debo confesar que hay algunas que me han sorprendido gratamente: hace unos días, en un periódico digital, podía leerse un titular que aludía a la “próxima apertura de un museo paleontológico en Lo Hueco”. ¡Pardiez! (Sí, en serio, eso fue lo primero que acerté a pronunciar).

Luego, cuando pude controlar la emoción que me embargaba y leer el cuerpo de la noticia, supe que el artículo en cuestión hacía referencia a las declaraciones de nuestra presidenta en el Debate sobre el Estado de la Región… (de Castilla-La Mancha, aclaro).

Desde entonces vivo en mí sin vivir y no puedo dejar de tararear aquella melodía tan conocida de la gran película de Berlanga, “Bienvenido, Mr. Marshall”, donde todos los vecinos del imaginario Villar del Río cantaban: “Americanos, vienen a España guapos y sanos….”

Porque, si eso es verdad y no tenemos porqué dudarlo (¿a que no?) ha llegado el momento de poner en marcha nuestra imaginación y nuestros escasos conocimientos musicales para ir pensando en alguna letra que, aunque no emule el talento del director valenciano, por lo menos sea capaz de reproducir lo que todos sentimos. Se admiten propuestas, del tipo que sean. La mía es muy cutre: “Dinosaurios, vienen a Fuentes limpios y cepillados…” Se nota que soy de publicidad ¿verdad? Quizás podría idearse una campaña como aquella de Huesitos…

Y en el peor de los casos, si vemos que no se nos ocurre nada inteligente que decir, o si, como sucedía en la citada película, los americanos/dinosaurios pasan de largo, siempre nos quedará el recurso de poner los pies en la tierra (de la plaza de mi pueblo, of course) y tomarnos una relaxing cup of coffee. O un bocata de chorizo, ¡ea!

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno

Más información