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25.10.13 0 comentarios

En Mundodisco los dinosaurios se transforman en pollo con gran facilidad...


Volvemos con el “Rincón Literario”, un clásico del blog que estaba últimamente un poco abandonado, y que retomamos ocasionalmente para recomendar algo no demasiado duro, puede decirse que un divertimento no siempre inocuo: El país del fin del mundo ("The last continent") de Terry Pratchett (1998)

La historia de “El país del fin mundo” es el relato de los acontecimientos que ocurren en “Mundodisco”, un planeta de superficie plana donde magos, vampiros, elefantes, trolls, brujas, héroes, enanos, magos, la Muerte, dioses mayores y menores, gárgolas, gólems, tortugas y otros seres inclasificables (en versiones actualizadas por el autor), se unen para satirizar desde la enseñanza universitaria hasta la religión, pasando por los seguros, el machismo, el sistema financiero, lo políticamente correcto o la ciencia...

Y ¿qué es lo que nos gusta de "el pais del fin del mundo"? Juzguen ustedes a la vista de como trata en la vigésimo segunda novela de la serie algunos temas que son relativamente cercanos a este blog:

Sobre paleontología:

(...) La paleontología, la arqueología y el cavar en el suelo no despertaban gran interés entre los magos. Todos opinaban que si algo estaba enterrado sería por alguna razón, y preguntarse cuál podía ser sólo servía para perder el tiempo. No vayas desenterrando cosas por ahí, porque luego quizá no querrán volver a dejarse enterrar.”
o
(...) -Le creo perfectamente capaz de haberlo hecho, jovencito. Y supongo que también coleccionaría viejos fósiles.
-Siempre pensé que los viejos fósiles tenían muchas cosas que enseñarnos -dijo Ponder-. Quizá estaba equivocado —añadió con expresión sombría.
-Bueno, pues yo nunca he creído en todas esas tonterías de animales muertos que se convierten en piedra -dijo Runas Recientes-. Va contra todas las enseñanzas de la razón. ¿Qué cuernos sacan de volverse de piedra?
-¿Y entonces cómo explica la existencia de los fósiles? —preguntó Ponder.
-Ah, pero es que no la explico —dijo Runas Recientes con una sonrisa triunfal-. Al final las explicaciones siempre acaban metiéndote en líos.  (....) De todas maneras, los fósiles no necesitan ninguna explicación: sencillamente están ahí y punto, ¿Por qué tratar de convertirlo todo en un gran misterio? Sí dedica su vida a ir por ahí haciendo preguntas, lo único que conseguirá será perder el tiempo.

Sobre profesores universitarios:

(…) los demás miembros conocidos del claustro de profesores son normales: no se sabe de qué dan clase (si es que dan clase), no investigan, su preocupación principal consiste en aprovechar al máximo la próxima comida pantagruélica que suelen ofrecer en el comedor de la Universidad, y aunque antes solían ascender a cualquier puesto universitario a base de eliminar al mago que lo ocupaba, ahora se han vuelto más civilizados y no se sabe cómo han llegado a su puesto.

Sobre el diseño (¿inteligente?) de los animales:

(...) Quien hubiera diseñado los esqueletos de los animales tenía todavía menos imaginación que el encargado de diseñar su exterior. El diseñador de exteriores por lo menos intentó introducir algunas novedades en el departamento de manchas, rayas y pelajes varios, pero el creador de los huesos se había limitado a colocar un cráneo encima de una caja torácica, después de lo cual añadió una pelvis un poco más abajo y unos cuantos brazos y piernas, y luego se tomó el resto del día libre. Ciertas cajas torácicas eran más largas, ciertas patas eran más cortas y ciertas manos se convertían en alas, pero todos los seres vivos parecían basarse en el mismo diseño, con una talla básica agrandada.

Incluso, en uno de los pasajes, el protagonista puede observar como, a ojos vista, un dinosaurio se transforma en un pollo... pero ya hemos ido demasiado lejos. Eso tendréis que leerlo vosotros.

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Esta es una entrada sugerida y participada por María Jesús Martín...
26.2.13 1 comentarios

Dino, amore mío (o el amor en los tiempos del Cretácico Superior contado a los niños)


En mi biblioteca hay bastantes libros colocados en las estanterías. Es una sencilla biblioteca de barrio, de las que nunca ilustrarán esos correos titulados “Las mejores imágenes del 2012”. Porque ella no es físicamente impactante, ni fastuosamente bella. No tiene altos techos policromados ni escaleras de cristal. Pero en apenas cincuenta metros cuadrados alberga muchos títulos, muchos minutos de lectura, de historias encerradas en páginas a la espera de ser descubiertas. De negro sobre blanco. Y de todos los colores que la fantasía es capaz de inventar.

Como el público infantil es mayoritario, abundan los cuentos, los álbumes, los cómics… Y muy a menudo, porque es mi trabajo y porque me gusta y porque a veces conviene recordar que una ha sido pequeña, leo y releo esas fábulas, esos relatos de aventuras, esas narraciones imaginarias, increíbles y sencillas, cargadas de inocencia y verdad.

En otra entrega de “Dinosaurios de andar por casa” hablaba de lo mucho que los lagartos terribles gustan a los niños (en masculino plural). Porque las niñas (no todas) prefieren otros personajes, otros contenidos (princesas, hadas, brujas, etc.). Lo malo es que nadie (ni antes ni ahora) se preocupa por contar que pasa más allá de esos finales rosas y dulzones, llenos de corazones… Y quizás convendría empezar a hacerlo. Por eso, desde aquí, recomiendo una trilogía sensible y tierna, ahora que están de moda: “Cocodrilo se enamora”, “Una casa a medida” y “Una pareja diferente”, de la autora Daniela Kulot (editorial Kalandraka). Y la recomiendo porque son tres libros que hablan del amor entre seres diferentes, distintos. Son libros que, desde una óptica infantil, van más allá del “fueron felices y comieron perdices”. A mí, personalmente, me han seducido sus personajes: un cocodrilo, primo hermano de algún dinosaurio o pitonomorfo de Lo Hueco, y una jirafa, orgullosa heredera de los saurópodos cuellilargos (como me gusta imaginar).

Pues bien, en esas páginas deliciosamente ilustradas se plantean cosas de la vida cotidiana que, a simple vista, pueden parecer triviales pero que, en el fondo, marcan la convivencia en el seno de una pareja: cómo es la persona de la que te has enamorado, dónde vivir, cómo afrontar las críticas de los demás…Y todo ello con una lógica y una sensatez que, por desgracia, perdemos cuando nos hacemos adultos.

No sé si alguna de esas cuestiones se le planteó a Pepito (en sus escarceos amorosos por Las Hoyas) o a algún Ampelosaurus de Lo Hueco (ya sabemos que, en cuestión de pasiones, el cerebro tiene poco que decir). Lo que sí parece evidente es que convendría explicar a niños y niñas que la realidad casi siempre supera la ficción y, más veces de las deseadas, los apuestos dinosaurios azules se convierten en ranas al doblar la esquina.

Menos mal que tenemos a Daniela Kulot.

Dinosaurios de andar por casa
Sonia Martínez Bueno

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23.1.13 0 comentarios

Cuando Lucía conoció a Darwin


Acercar a Darwin y su teoría evolutiva a los más jóvenes no es tarea fácil. Con frecuencia, los adolescentes huyen aterrorizados por la aridez de los textos originales o por las pesadas y sesudas aproximaciones a la obra del naturalista inglés. No obstante, siempre existen algunos oasis en el inmenso desierto literario que de forma amena y entretenida permiten a la muchachada sumergirse en la historia de la vida y en los cambios que han tenido lugar a lo largo de millones de años para llegar hasta nuestros días. Un reciente ejemplo de lo anterior es el libro “Charles Darwin y Lucía Sapiens”, escrito por Margarita Hernández Laille e ilustrado por Carlos Arques Soler.

Margarita Hernández Laille es doctora en Ciencias de la Educación por la UNED y realizó su tesis en España e Inglaterra sobre la enseñanza del darwinismo. En 2010 publicó “Darwinismo y manuales escolares en España e Inglaterra en el siglo XIX (1870-1902)” a través de la Editorial UNED, en el que mostraba de qué forma y en qué momento se introdujo la teoría de Darwin en las aulas españolas e inglesas, así como las resistencias que se opusieron al desarrollo de su enseñanza y la posición de las autoridades políticas y académicas.

En su nuevo libro, publicado también por la Editorial UNED, Hernández Laille sitúa la acción en una escuela donde anualmente, en el mes de Febrero y coincidiendo con el aniversario de Darwin, se enseña la teoría de la evolución a través de todas las asignaturas. La protagonista de la historia es una alumna de 15 años, Lucía Sapiens, apasionada por la naturaleza y que dirige al lector a través de sus preguntas y dudas, al conocimiento del origen y evolución de la Tierra y de las especies que habitan en ella. Así, Lucía y sus compañeros conocerán la vida de Charles Darwin en la clase de Historia la vida, viajarán en el Beagle alrededor del mundo en la asignatura de Geografía y estudiarán la teoría de la evolución en las clases de Ciencias Naturales o Matemáticas.


El texto viene acompañado por las ilustraciones de Carlos Arques Soler, licenciado en Bellas Artes, que plasma con acierto la infancia de Darwin, su viaje en el Beagle o la historia de Lucía Sapiens. Además, se incluyen algunas fotografías que nos muestran el mundo en el que vivió Charles Darwin. El libro concluye con una actividad didáctica, con la cual a través de juegos, se pueden comprobar los conocimientos sobre la teoría evolutiva que se han adquirido durante la lectura de la historia de Lucia.

Los autores estarán mañana jueves 24 de Enero en un acto de presentación que tendrá lugar en el Salón de Actos del Edificio Escuelas Pías (Calle Tribulete 14, Madrid) y en el que también intervendrán Herminia Calero Egido (Directora de la Editorial UNED), Maria de los Ángeles Querol Fernández (Catedrática de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid), Maria Novo Villaverde (Catedrática UNESCO de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible de la UNED) y Eudald Carbonell Roura (Catedrático de Prehistoria de la Universidad Rovira y Virgili, Codirector del Yacimiento de Atapuerca y autor del prólogo del libro).
7.11.12 0 comentarios

"Dinosaurios y otros relatos" de Gregorio Ortega


Los dinosaurios son frecuentemente protagonistas de relatos cortos (y no sólo porque al despertarnos todavía estén ahi), quizas por su capacidad evocativa o por su enorme versatilidad como metáfora.  Retomamos hoy la serie del "rincón literario" para referirnos a un texto, no demasiado popular, que forman parte de "Los dinosaurios y otros relatos" de Gregorio Ortega. El pequeño relato presenta varias características interesantes. La primera es que utiliza el concepto de dinosaurio como una metáfora ecológica o social. La segunda, como veremos más adelante, se refiere a su propuesta de generación de un mundo en el que los dinosaurios nunca se extinguieron, simplemente nos lo han intentado hacer creer para encubrir el exterminio al que están siendo sometidos por parte de los paleontólogos.

Gregorio Ortega fue un periodista y diplomático cubano fallecido en 2004. En su curriculum consta, por ejemplo, haber sido corresponsal de la agencia Prensa Latina, para la que cubrió muchos de los conflictos bélicos mundiales en la década de los 60, y haber sido el embajador de Cuba en Francia entre 1973 y 1983. Como escritor, probablemente su obra más conocida es la novela policíaca Cundo Macao, pero también es popular su producción de relatos.
El que da nombre al recopilatorio que comentamos hoy, es una obra corta enfocada desde un  punto de vista muy particular. Intentando no entrar en el spoiler, la narración se basa en que los paleontólogos, lejos de recuperar los restos de las dinosaurios de las rocas, realmente se dedican a su exterminio, mientras convencen al resto de la población de que se han extinguido. Toda la historia de la paleontología de vertebrados puede ser leída bajo ese prisma y nos ofrece pasajes como:

(…) Toda esta desinformación interesada se propaga al solo objeto de ocultar uno de los más monstruosos crímenes de la historia: la despiadada cacería de los dinosaurios (…) Othniel Charles Marsh y Edward Drinker Cope organizaron sus gavillas de matones, se odiaron ferozmente y en una cruenta puja asolaron Montana (…) Sólo apreciaban los esqueletos, y dejaron montañas de carne abandonadas en las mesetas y las gargantas de los ríos; tales que ni los buitres, los lobos y los coyotes pudieron reducir (…) la codicia se desató en la región de Alberta (…) el Museo de Berlín se arrojó sobre Tanzania (…) los norteamericanos lanzaron sucesivas expediciones en el desierto de Gobi (…)

El relato es corto y no queremos destriparlo. La voracidad humana va exterminando a los dinosaurios mientras, en un ejercicio de múltiple moral, niega su existencia y se vanagloria de tener enormes colecciones con sus restos en los Museos de Historia Natural.

Dejamos, como siempre que sea el lector el que, una vez localizado el relato (esta vez no somos capaces de ofrecerlo sin cometer un delito), termine el texto y decida por si mismo qué representan los dinosaurios de G. Ortega.

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  • Referencia: "Los dinosaurios y otros relatos" de Gregorio Ortega. Editorial Tambre (A Coruña) 1993. Editado y comentado por Luis Alonso Girgado
  • Pregunta fuera de lugar: ¿qué demonios es lo que aparece en la portada de la edición de Tambre que colocamos como imagen?

15.10.12 0 comentarios

"Pequeña historia de los dinosaurios" (la reseña)


Pequeña historia de los Dinosaurios” (José Luis Sanz; Ed. Espasa) es también una pequeña joya por varios motivos. Primero, porque José Luis Sanz escribe sobre las cosas que nos interesan en este blog, de la forma en que nos gustaría escribirlas y, por supuesto, como nos gusta leerlas. Después, porque la ilustración aportada por Luis Doyague es todo un descubrimiento para el dinofandom local (ese Pelecaniminus con mantilla, como volviendo de la procesión del Corpus, merece ser trending topic de todos los paleomentideros). 

La serie en la que se incluye este libro va dirigida al público infantil y juvenil, y esa es la base del discurso del libro. Pero el objetivo es mucho más amplío. En este sentido, sorprenderán los códigos que se utilizan a lo largo del texto… para ilustrar algunos conceptos, podemos encontrarnos en el mismo párrafo desde una referencia a una secuencia clásica del cine mudo, hasta un llamamiento para que el lector busque en Youtube “cómo masca un camello”. En una curiosa versión de un video-libro, se nos aconseja varias veces cómo encontrar en Youtube la escena a la que se refiere el texto, o a calibrar en Google la relevancia pública de una referencia. 

La narración de cada uno de los 24 capítulos del libro gira alrededor de una idea nuclear que se refiere a un aspecto concreto de lo que sabemos de los dinosaurios. Y a partir de esa idea el ritmo puede ser frenético, encadenando referentes diversos, desde Walt Disney a Harry Potter, desde una actriz saliendo en bikini de un huevo de dinosaurio hasta una discusión sobre porque un dinosaurio puede sonar como un cromorno o un látigo, y desde la época victoriana a algunas de las últimas publicaciones sobre el tema. Todo ello servido a través del relato fantástico, el cine o los últimos hallazgos recogidos en medios de comunicación. 

El texto está plagado de curiosas aproximaciones en la más pura línea dinomaniaca: no se si el autor (o previamente Asimov) han registrado ya la idea del CFT “Cretaceous Fried Tyrannosaur”… pero, a pesar de lo improbable, sería cuestión de planteárselo. En la misma línea agradecemos al autor la referencia en el primer capítulo a la Plataforma Cívica Contra el Uso Banal del Término Dinosaurio, promovida por El Cuaderno de Godzillin… ¿cómo vamos a ser neutrales?

Es agradable la intensidad de la presencia de dinosaurios locales, muchos de ellos en los que el autor tiene una implicación especial Aragosaurus, Pelecanimimus, Concavenator,… A veces el sesgo es justificable, y el reconocimiento de la relevancia de lo cercano y la generación de una iconografía de lo propio se agradecen tanto al autor del texto, como al de la ilustración. 

En resumen, "Pequeña historia de los dinosaurios" es Sanz en estado puro… los que conocéis sus textos vais a reconocerle rápidamente, poniendo de nuevo al servicio del lector dos de sus facetas más características, la del investigador en paleontología de vertebrados y la del estudioso del fenómeno de los dinosaurios en la cultura popular. El libro, inicialmente dirigido al publico infantil y juvenil, trasciende esos límites, satisfaciendo las necesidades básicas de cualquier dinomaniaco.


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Más información
  • En las imagenes tres de las ilustraciones de Luis Doyague para el libro. En la cabecera, la portada del libro, un tiranosaurio observa curioso a su pariente recien nacido. En la intermedia, un detalle de la ilustración sobre dinosaurios conquenses. En este caso,  Pelecanimimus tocado con mantilla y armado de abanico. En la inferior, dinosaurios como Pelecanimimus y Concaventator, emulando a la famosa fotografía de Joe Rosenthal en Iwo Jima, plantando su bandera hace 120 millones de años sobre cualquier Cretácico Inferior.
  • Ficha técnica: 
    • Pequeña Historia de los Dinosaurios 
    • José Luis Sanz, Ilustrado por Luis Doyague 
    • Editorial Espasa 
    • Fecha de publicación: 03/10/2012 
    • 192 páginas 
    • Idioma: Español 
    • ISBN: 978-84-670-0889-0
16.9.12 0 comentarios

Pequeña historia de los dinosaurios


Haremos una referencia apropiada al nuevo libro de José Luis Sanz “Pequeña historia de los dinosaurios” cuando, en breve, se produzca el lanzamiento formal… pero, para ir calentando motores, sepan Vds. dos cosas: i) que es bastante sorprendente (no sólo el texto,… preparense para la parte gráfica) y, ii) para los amigos de los actos de fe, que ya está en preventa en la web de la FNAC 

Hasta ahí podemos leer... por ahora
4.6.12 1 comentarios

El megalosaurio que Dickens imaginó en la Casa Desolada


¿Cuándo entraron los dinosaurios a formar parte de la literatura?. La presencia de dragones y otros monstruos reptilianos y gigantes es común en leyendas y bestiarios, pero no queremos referirnos a eso, si no al momento en que un dinosaurio (considerado como tal) salta de los tratados técnicos (por peregrinos que estos sean) y pasa a la literatura… 

La respuesta no puede ser mejor. El escenario es el Londres victoriano, el padrino es Charles Dickens y el papel: hacer de figura literaria para dar dramatismo a un paisaje de londres oscuro, húmedo y desagradable. Y es que el acto fundacional de los "dinosaurios literarios" es la aparición de un Megalosaurus en el primer párrafo de "Casa desolada" (Bleak house) de C. Dickens en 1852:

 "Tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra y no seria extraño encontrarse con un Megalosaurus de cuarenta pies de largo, contoneándose como un lagarto elefantino subiendo por la colina de Holborn" 
(es decir: ...and it would not be wonderful to meet a Megalosaurus, forty feet long or so, waddling like an elephantine lizar up Holborn Hill...)
 
La obra se distribuyó por entregas entre 1852 y 1853 pero, dado que nuestro amigo aparece en los primeros momentos, sabemos que ya estaba en la calle en mayo de 1852. 
En este momento, Megalosaurus era ya un taxón clásico (dejando a un lado la manida historia de Scrotum, Buckland ya había utilizado el nombre en 1824), pero el concepto de Dinosaurio había sido formulado por Owen sólo diez años antes. Para hacernos una idea de lo que imaginaba Dickens al usar la figura de este dinosaurio paseando por Londres, podemos tomar como referencia que en el mismo año en que se publica "Casa Desolada", Benjamin Waterhouse Hawkins recibe el encargo para realizar la famosa escultura de Megalosaurus (ver la imagen) que formaría parte de la ampliación de la exposición del Crystal Palace desde 1854. 


Dejando a un lado esta anécdota dinosauriana, "Casa desolada" deja rápidamente el asunto y se instala en un denso relato en el que se propone una dura crítica a la ineficacia del sistema judicial victoriano que transcurre en un Londres oscuro y embarrado. 
Todo ello de lectura muy recomendable y a vuestra disposición aquí (uno y dos) o (en versión original) aquí 
29.5.12 0 comentarios

Dinosaurios con "la cara en el abismo"


Dado que hemos sido duramente criticados por apartarnos de la línea dura en nuestro ultimo post sobre "El planeta de los dinosaurios", vamos con una obra magnifica que intente compensar (eso si, sin propósito de enmienda… volveremos a lado blando de los dinos)

 "La cara en el abismo" es un relato de A. Merritt compuesto por la historia original corta: "La cara en al abismo" (publicada en 1923), que fue recrecida con "La madre serpiente" (1930) y que supuestamente se continuaría en el inacabado "Cuando despertaron los antiguos dioses" (1948). 
Se puede decir que el relato que tiene de todo. Comienza como una novela de aventuras, pero rápidamente pasa al fantástico y se dan cita historias sobrenaturales, sitios imposibles, historias improbables, razas increíbles y animales que nos van a interesar. 
El protagonista del relato, Nicholas Graydon, es un ingeniero de minas américano que recibe uno de los soplos que más han debido repetirse en las novelas de aventuras: alguien sabe dónde está escondido un tesoro. Este alguien se llama Starrett y el tesoro es el célebre rescate del Inca Atahualpa. ¿Quien puede resistirse a algo así?. Puestos en marcha, Starret, Graydon y otros dos compañeros de viaje (Soames y Dancret, dos tipos que no te llevarías a ningún sitio y menos a buscar tesoros) comienzan la novela en Ecuador, puestos ya en la búsqueda del tesoro. Nada más empezar, todo va a complicarse con la aparición de "la chica": Suarra, que dará la primera vuelta de tuerca al argumento. Suarra tiene un aspecto extraño que se deriva de que (como por casualidad) pertenece a una desconocida civilización que llego de las regiones polares junto con algunos animales a la tierra escondida de Yu-Atlanch. También, como por casualidad, ella sabe como llegar al tesoro. Aquí divergimos del relato de Merrit. 

Mientras el relato va mostrando de forma pormenorizada el complejo mundo en el que se desarrolla y entrelaza la extraña red de personajes fantásticos y los protagonistas, nosotros (despreciando sin ningún sentido la mejor parte del excelente relato de Merritt), vamos a interesarnos en esos bichos que viajaron a Yu-Atlanch con "los antiguos" desde el polo norte. Y las primeras pistas las tenemos rápidamente. Suarra está dando a Graydon algunos datos sobre su origen, cuando este se fija en un detalle de las figuras de su brazalete: 

"La chica señalo una de las bestias … el Xinli, dijo. El desconcierto de Graydon aumentó. El sabía que eran aquellos animales. Y también sabía que lo que estaba viendo no era creíble … Eran dinosaurios!… ¿Quién en este desierto andino podría saber o podría haber sabido que eran los dinosaurios? ¿Quién podría haber tallado estos monstruos de forma tan realista?" 

Aquí tenemos a un clásico de la ciencia ficción dinosauriana. Graydon (un ingeniero de minas de principios del siglo XX) reconoce a un dinosaurio al verlo impreso en un brazalete como si se hubiese criado con ellos. De hecho, como se supone que el sabe como son, lo que le llama poderosamente la atención es que un fabricante de brazaletes andino también lo sepa. La cosa, como os teméis, no acaba ahí y rápidamente se produce el primer encuentro en la tercera fase: dinosaurios domésticos

"De los árboles surgió otra forma monstruosa. Al igual que los seres inquisitivos, brillaba como si su cuerpo estuviera revestido de azabache pulido. Su porte era el de un gigante caballo de tiro. Su cuello era largo y reptiliano. En la base de su cuello, a horcajadas sobre él, había un hombre. Graydon cuidado levantó los prismáticos y los enfocó. Directamente en su línea de visión tenía una de las criaturas que habían venido a mirar. Se mantuvo rígido, su cara hacia él, señalando como un perro de caza. Era un dinosaurio!" 

Las cosas se les va a ir complicando mucho (pero mucho) a los protagonistas del relato y las referencias saurianas siguen siendo frecuentes (aunque probablemente no es lo más importante). 
Pero eso, como siempre, tendrás que seguir leyéndolo en otro sitio… 

Nota:
La versión en inglés está disponible en la red (entiendo que legalmente)
La traducción al español tiene (que conozcamos) una edición en La Biblioteca del Laberinto (ISBN: 9788492492237)  
22.5.12 0 comentarios

Una de xenodinosaurios


Como hemos comentado en alguna entrada anterior, las estrategias del relato fantástico para enfrentar a hombres y dinosaurios mediante la generación de "Mundos Perdidos" pueden utilizar los argumentos más peregrinos. En este caso, vamos a referirnos a una vía que no necesita muchas explicaciones para soslayar el salto cronológico. Se trata de usar una excusa extraterrestre, es decir, poner el "mundo perdido" fuera de la Tierra. Una vez tienes a los dinosaurios viviendo en otro planeta es relativamente sencillo plantear un encuentro. Así, nos podemos encontrar con dinosaurios extraterrestres (o entes parecidos) que consiguen viajar a la tierra o, como es el caso de esta semana, de hombres transitando por el espacio que se encuentran con dinosaurios en otros planetas. 

Si el desarrollo del argumento te parece complicado, tan sólo tienes que ver con que poquito se construyó hace una semanas un argumento parecido y con el marchamo de "científico". Se trata de una marcianada (el término es poco serio, pero no me negarás que viene al pelo) sobre dinosaurios extraterrestres que parte de una especulación del químico Ronald Breslow en un estudio publicado en el Journal of the American Chemical Society, con cuyos datos publicaban un artículo con un título que ha llamado la atención en muchos medios: ¿Podrían dominar otros mundos unos dinosaurios avanzados? 

Pero vamos a la novela de hoy: "El planeta de los dinosaurios" y no me refiero a la película de James K. Shmea "Planet of dinosaur" (1979) y su "famoso" cameo de Rhedosaurus, si no a "El Planeta de los Dinosaurios" de Anne McCaffrey. El argumento propone el viaje de una expedición interespacial con aires naturalistas decimonónicos a la búsqueda de recursos energéticos por el espacio. Los protagonistas son los comandantes de la expedición, una pareja compuesta por un aventurero y una xenoveterinaria (por supuesto y para que nos hagamos una idea del tono del relato: "con un cuerpo esbelto pero musculoso que el mono de vuelo color naranja de una sola pieza remarcaba admirablemente"). Junto a ellos, desfilarán por la novela toda una colección de personajes dignos de la cantina de la guerra de las galaxias. 

Sin entrar en más detalles, nuestros chicos acabarán en el "mundo perdido" de está semana: el planeta Iretia. El planeta tiene muchos elementos que nos resultarían familiares, pero la situación empieza a ponerse interesante en los primeros compases de la novela, en los que consiguen atrapar a una forma de vida herbívora
"Esos herbívoros que hemos estado rastreando no sólo son vertebrados y con sangre roja, sino que ahora que nos hemos podido acercar lo suficiente y echarles una buena mirada, hemos descubierto que también son pentadáctilos." 

Dado el título de la novela, no quedan muchas dudas, los bichos de Iretia son dinosaurios y, sorprendentemente, se parecen mucho a los del Mesozoico terrestre. Esto nos permitirá acceder a discusiones evolutivas de un calado que ponen los pelos de punta. Por ejemplo, en algún momento los protagonistas comienzan a sospechar de un origen común con los dinosaurios de la tierra y lo plantean con un argumento que no hay por donde agarrarlo : 

"Oh, sí, pero se iniciaron en la Tierra. No considero el camuflaje o la pigmentación como un auténtico impedimento a mi teoría. Todo lo que necesitas es un antepasado común. Clima, alimentación, terreno, todo ello traerá consigo una especialización a lo largo de los milenios, y evolucionará una gran variedad de tipos. Los grandes herbívoros, por ejemplo, se desarrollaron indudablemente de los strutiomimos, pero también lo hizo el tiranosaurio y, muy probablemente, tu pteranodonte" 

No sigas leyendo si no eres amigo de spoilers, pero, al final, resulta que los dinosaurios de Iretia son descendientes de los del Mesozoico de la tierra. Parece que los Theks (una forma de vida basada en el silicio, enormemente longevos y probablemente basados en los Ents de Tolkien) se habrían encargado de "sembrarlos" en Iretia. Quizás, haberse encontrado con un mamífero del Eoceno, como Hyracotherium (y reconocerlo a nivel de género!!) les debería haber dado una pista. Pero el caso es que: 

"¿Quién rescató a los dinosaurios de la Tierra y los puso aquí para que siguieran viviendo en todo su salvaje esplendor? (….) Los plantaron los theks, por supuesto." 

Este matiz es lo que convierte a Iretia en un "mundo perdido" dinosauriano auténtico, es decir, en una reserva en la que los dinosaurios consiguen sobrevivir a la extinción y no, como en otros relatos con xenodinosaurios, en un caso de evolución paralela.

Pasan más cosas, por supuesto, en Iretia, un previo de "Parque Jurásico" por el que pululan dinosaurios, razas extraterrestres y xenoveterinarios, pero el resto de la trama, como siempre, tendrás que buscarlo en otro lugar...
8.5.12 1 comentarios

Tarzán de los dinosaurios

En nuestro repaso a los mundos perdidos, tan sólo llevabamos dos ejemplos (interior de la Tierra y selvas remotas) y ya empezamos a repetirnos. Y es que otra de las secuelas de los "viajes al interior de la Tierra" es la serie que Edgar Rice Burroughs instaló en una extraña tierra llamada Pellucidar, cuya historia se inicia en "At the Earth's Core" (1914). Ninguna novedad en un clásico bien conocido que nos va a permitir combinar toda una serie de lugares comunes del subgénero subterráneo.

Lo que nos propone Rice Burroughs es que, dado que la tierra tiene una estructura semejante a la concha de un molusco, habría dos formas posibles de habitarla. Una es la que conocemos, por su parte convexa, es decir, "por fuera". Pero también existe un mundo, Pellucidar, instalado en la parte cóncava que constituye su interior. Este mundo concavo tiene muchas peculiaridades convergentes con el que conocemos, por ejemplo existe una esfera brillante que hace las funciones de sol o una especie de satélite que hace la función de luna. Además, los continentes de la superficie de la esfera tienen sus correspondientes marinos en el interior y, viceversa, los mares externos son superficies continentales en el interior. en la mejor tradición de los mundos perdidos subterráneos, Pellucidar, es todo un festival de lo que es la superficie de la tierra consideraríamos anacronismos. Así, está plagado de pterosaurios y dinosaurios mesozoicos que conviven con tigres dientes de sable, cavernícolas y grupos humanos culturalmente más avanzados. Como elementos novedosos, algunos grupos parareptilianos han conseguido derivar hasta formas inteligentes, como los antropófagos, esclavistas y crueles mahar, y los, más antropomorfos, horibs. El bestiario de Pellucidar está aderezado también con múltiples (deliciosas) quimeras.

Pero, además, el éxito de la serie hace que Edgar Rice Burroughs convierta Pellucidar en el punto de destino de múltiples visitantes y entre estos, el autor decide enviar para allá a uno de sus personajes más conocidos: Tarzán! (Tarzan at the Earth's Core). En Pellucidar, Tarzán tendrá la oportunidad de vérselas con distintos dinosaurios, aunque a los protagonistas no parecen gustarles demasiado. En el relato de Rice Burroughs los dinosaurios encarnan uno de sus papeles clásicos: bichos grandes, tontos y repugnantes... y el caso es que lo bordan.
Véase, por ejemplo, la desagradable forma de presentar a un bicho tan bonito como un estegosaurio:

"allí descubrió un monstruo tan enorme, como jamás los ojos humanos del mundo exterior habrían podido contemplar. Era un dinosaurio, un terrible y espantoso reptil gigantesco, que mediría lo menos sesenta o setenta pies de largo, por más de veinticinco de altura. Su cabeza puntiaguda y relativamente pequeña recordaba la de un lagarto, y sobre su espina mostraba una serie de láminas o placas cornudas, colocadas alternativamente, y la mayor de las cuales tenía casi tres pies de longitud. En el rabo, terminando en un apéndice cornudo también, tenía asimismo otras placas semejantes. El monstruo se movía sobre cuatro patas semejantes a las de los lagartos, pero las delanteras eran tan cortas que hacían que su largo hocico se arrastrara casi por el suelo al andar, lo que aumentaba su aspecto extraño y repugnante."


Las aventuras en Pellucidar están llenas de extraños animales, la mayoría de ellos inventados, pero, a leerla serás capaz de reconocer más maltratos descriptivos a algunos dinosaurios clásicos:

 "Las enormes bestias, asustadas o irritadas por la presencia del dirigible, trotaban aturdidas o formaban círculos bajo la nave aérea, mientras, de vez en vez, un individuo aislado embestía, sin dejar de rugir, a la sombra del dirigible que se proyectaba en el suelo. –¡Una preciosidad de criatura! – comentó con sarcasmo el teniente Hiñes, que había estado observando a las bestias desde una de las ventanas del dirigible. –¡Oh, sí, son horribles!…" 

No es tan malo y no siempre se puede ser el guapo de la película... de hecho, el resto de los "monstruos" de Pellucidar pueden ser aún peores, ... pero esos tendrás que descubirlos por ti mismo.
1.5.12 0 comentarios

Monstruosos canguros de veinte pies de largo

En la entrega anterior hacíamos referencia a como el discurso fantástico inventaba “mundos perdidos” para conseguir la sincronía entre humanos y dinosaurios. En el caso de “Plutonia” de Obruchev los dinosaurios habían conseguido sobrevivir en el interior de la tierra, en la más pura referencia al "Viaje al Centro de la Tierra" de Julio Verne. Pero las cumbres inaccesibles de los “tepuy” de la Amazonia son también un magnífico lugar para instalar "El Mundo Perdido".
¿El Mundo Perdido del Parque Jurásico II de Spielberg? -No.
Ok, ¿la novela de Crichton? -No, tampoco,
¿la película de 1960?, ¿la de 1925? -Que noooo. Que vamos a la madre de todos los mundos perdidos: "El Mundo Perdido" de Arthur Conan Doyle. 

El argumento es bien conocido ya que, además, ha sido reutilizado en innumerables ocasiones: un grupo dispar de expedicionarios se embarca con distintos objetivos en un viaje a una relicta zona de Sudamérica. El grupo se compone por una explosiva mezcla de rudos aventureros, ambiciosos científicos obsesivos y periodistas dispuestos a epatar a cándidas doncellas. El caso es que, en la cumbre de los tepuy amazónicos, protegidos por sus paredes verticales, ha conseguido llegar hasta nuestros dias una muestra de fauna mesozoica (y no sólo mesozoica), entre la que encontramos algunos dinosaurios. El argumento tiene sus tiranteces, dado que los dinosaurios llevan inmutables desde que se quedaros aislados hasta el punto que un científico, que sólo los conoce a partir de sus fósiles, puede identificarlos con facilidad. Además, aparecen, sin demasiados problemas para el equilibrio, algunos elementos completamente diacrónicos, como grupos de homínidos que parecen convivir sin problemas con los dinosaurios. 

Uno de los muchos aspectos interesantes del relato de Conan Doyle es reconocer la concepción que en ese momento (1912) se tiene de algunos dinosaurios conocidos. Leidy, en Estados Unidos, y Dollo en Europa, ya habían descrito respectivamente a Hadrosaurus e Iguanodon como animales canguroides gigantes y Conan Doyle representa fielmente esta idea junto a persecuciones dignas de Parque Jurásico.

"No se me ocurre cómo describir mejor a usted su apariencia que diciendo que se asemejaban a monstruosos canguros, de veinte pies de largo y con una piel similar a la de los cocodrilos negros. "
(...)
 "Por un momento, al ver su figura, confié en que fuera un iguanodonte, que conocía como un animal inofensivo, pero a pesar de mi ignorancia no tardé en advertir que ésta era una bestia muy diferente. En lugar de la bondadosa cabeza parecida a la de un ciervo, característica del gran animal de patas de tres dedos que comía hojas, esta fiera tenía un hocico ancho, aplastado, semejante al de un sapo, como el de aquel que nos había alarmado en nuestro campamento. Tanto su grito feroz como la horrible energía que ponía en su persecución me persuadieron de que era seguramente uno de los grandes dinosaurios carnívoros, o sea, una de las bestias más terribles que habían pisado la faz de la tierra. Cuando el enorme bruto saltaba, se dejaba caer sobre sus patas delanteras y acercaba su nariz al suelo cada veinte yardas o cosa así. Estaba husmeando mi rastro. A veces, por un instante, lo perdía, pero volvía a encontrarlo enseguida y avanzaba saltando rápidamente por el sendero que yo había tomado." 

Otro de los aspectos interesantes es la "estereotipación" del científico senior (al que veremos posteriormente en otros relatos). Evidentemente Conan Doyle conocia bien las mimbres con las que caricaturizar a un paleontólogo victoriano cuando presenta a G. E. Challenger, pero también conocia las instituciones de referencia del momento.

"Aquí hay un resumen de sus antecedentes. Voy a leérselo: «Challenger, George Edward. Nació: Largs, N. B., 1863. Estudios: Academia de Largs; Universidad de Edimburgo. Ayudante en el British Museum, 1892. Ayudante–conservador del Departamento de Antropología Comparada, 1893. Dimitió el mismo año después de intercambiar una mordaz correspondencia. Premiado con la Medalla de Crayston por investigaciones zoológicas. Miembro extranjero correspondiente de ...» (bueno, aquí una verdadera ristra de nombres, que ocupa cerca de dos pulgadas en tipografía menuda), Asociété Belge, American Academy of Sciences, La Plata, etc., etc. Expresidente de la Sociedad Paleontológica, Sección H, British Association (¡etc., etc.!).... " 

La novela es corta y se lee con facilidad… a estas alturas ya nada va a sorprenderte en este relato, pero no está mal echarle un vistazo a los clásicos...
24.4.12 0 comentarios

Dinosaurios que vivían en Plutonia: entrando por Siberia, al fondo a la izquierda


Como decía Sanz en "Mitología de los dinosaurios", una de las estrategias más comunes del relato fantástico para "construir" una coexistencia entre hombres y dinosaurios es la generación de "mundos perdidos". El truco es fácil, hay que conseguir que algunos dinosaurios no se hayan extinguido, si no que hayan permanecido acantonados y aislados del resto del mundo en cualquier lugar inaccesible… y uno de los escenarios más populares para instalar estos refugios fue, en numerosos relatos clásicos, el interior de la Tierra 

Aunque hay antecedentes bien documentados (y que no vamos a reseñar aquí) del género desde el s. XVIII, el subgénero subterraneo y sus bestias prehistóricas se consolidarán con las aventuras del profesor Lidenbrock en el “Viaje al interior de la Tierra” de Julio Verne (1864) y adquirirá un notable éxito entre finales del s. XIX y principios del XX . Puede que en próximas entregas volvamos sobre algunas de estas obras, pero hoy nos interesa “Plutonia” del geológo ruso Vladimir Afanásievich Obruchev (1924). 

Y ¿por qué Plutonia?, pues por una de las cosas que el propio Obruchev, manifiesta en su introducción: “Este viaje es una novela científica fantástica cuyo tema inventé para dar a conocer a los lectores la naturaleza, los animales y las plantas de períodos geológicos hace tiempo desaparecidos en las condiciones de su existencia de entonces.” 
Obruchev no esconde que bebe de las fuentes del relato de Verne, pero no importa, porque el autor, con su novela, tiene otro objetivo... pretende enseñar Paleontología (toma ya!):  
“Mi deseo sería que también esta edición de Plutonia incitase a los jóvenes lectores a adentrarse más en la Geología y estudiar esta ciencia interesante que explica la composición y la estructura de nuestro planeta y refiere qué plantas y qué animales lo habitaron en los periodos pasados y sus transformaciones sucesivas...” 
Ok, tiene que hacer concesiones al relato, pero, en general, el texto está plagado de referencias que enlazan directamente con la visión de un geólogo soviético de principios del siglo XX, …y eso es magnífico. 

Los dinosaurios no se libran de este tratamiento y, en los distintos encuentros del grupo de expedicionarios con ellos, el geologo Kashtánov, el zoólogo Pápochkin o el botánico Gromeko van describiendo (como quien no quiere la cosa) aspectos de la anatomía y la biología de estos animales Así, en el relato se las ven con ornitópodos: 
“¡Quién dejaba escapar aquella ocasión tan interesante de fotografiar a unos iguanodones paciendo y jugando! Los viajeros regresaron precipitadamente al lindero del bosque y luego lo siguieron con mucha precaución para acercarse a los animales. Lo consiguieron…” 

....con saurópodos: 
 “Los monstruos agitaron de una manera extraña sus largos cuellos, terminados por unas cabezas de dimensiones ridículamente pequeñas en comparación con el cuerpo inmenso, aunque alcanzaban los setenta y cinco centímetros de largó, y luego echaron a correr pesadamente siguiendo la orilla con torpota oscilación. Comparadas al cuerpo macizo, tenían las patas cortas y débiles. - Creo que son brontosaurios, los reptiles herbívoros más grandes del período jurásico superior, desaparecidos muy pronto de la superficie de la tierra a causa de su estructura mal equilibrada y la ausencia de órganos defensivos -dijo Kashtánov. - ¿Quién podría atacar a estos colosos que miden lo menos quince o dieciocho metros de largo por cuatro de alto? -preguntó Makshéiev. - Pues se conoce que, a pesar de esas dimensiones, los carniceros, los ceratosaurios, por ejemplo; pueden degollar fácilmente a uno de estos monstruos, sin hablar ya de la destrucción de los huevos y de los pequeños. - Al parecer, tampoco en Plutonia son numerosos -observó Pápochkin."

... y, cómo no, con terópodos:  
“Dos cuernos menores asomaban detrás de los ojos y, desde la nuca, la espina y la cola estaban erizadas de una hilera de púas cortas pero agudas. La piel, desnuda y arrugada, tenía un calor gris verdoso. El animal, que alcanzaba cinco metros de largo, debía poseer una fuerza enorme, y fácil era juzgar de su agilidad y su audacia por el ataque a los iguanodones. Después de haber examinado el cadáver, Kashtánov dijo que debía tratarse de un ceratosaurio, del mismo orden de los dinosaurios al que pertenecían también los iguanodones y otros reptiles terrestres del período mesozoico. - ¡Supongo que no vamos a probar la carne de esta horrible fiera! -dijo Gromeko” 

De nuevo, el resto de las historia hay que encontrarla en otro lugar, pero esta vez lo vamos a poner mas sencillo, aquí puedes enredar con una versión electrónica de “Plutonia”... a disfrutarla.

17.4.12 0 comentarios

Dinosaurios en el cielo o cuando Ray encontro a Dahl


La entrada de esta semana del Rincon literario es claramente casera, pero no hemos podido aguantarlo despues de la referencia a Bradbury de la semana pasada y teniendo en cuenta que habíamos prometido una reseña más completa. Nos gusta pensar (seguro que  injustamente, que la premier colgada en este cuaderno hace ya algunos años contribuyó al nacimiento del resto de esta serie de cuentos que vienen del norte. Se trata de "El Cielo de los Dinosaurios" de Vicente García Oliva.
Alguien nos sugiere un subtitulo para el post: "Cuando Ray Bradbury encontró a Roald Dahl", ok, pretencioso, pero puede que ésta sea la esencia del cuentario "El Cielo de los Dinosaurios". Se trata de once historias protagonizadas por dinosaurios. Temidos, admirados, estudiados. Siempre presentes, aún, mientras vuelan a nuestro alrededor. El autor ha conseguido un punto intermedio entre el calado emocional de los cuentos de Ray Bradbury y el sentido del humor que recuerda a esos “Relatos de lo inesperado” de Roald Dahl. Mala leche, vamos, humor negro del que a veces hace falta para afrontar circunstancias adversas. Así, el autor no sólo pelea, si no que nos enseña a hacerlo. Y con una sonrisa. Como Bradbury, el autor escoge un escenario, uno que en este caso resulta muy conocido para nosotros. En él encontramos tiranosaurios, estegos, etc., y, a pesar de que estos viejos compañeros aparecen en lugares tan dispares como la segunda guerra mundial o las cataratas del Niágara, nos sentimos cómodos, porque estamos como en familia. Pero una vez  allí, una vez que la narración te ha conducido hasta escenario, es cuando aparece el cuento. Y cada cuento es único, pero en todos encontramos un contexto común, que también resulta familias: el de los sentimientos. Porque Oliva no es un especialista en dinosaurios si no en personas. Y de ellas, de nosotros, habla en cada una de sus historias. El autor se mueve en un difícil equilibrio entre el humor, la ternura, la decepción y la ilusión. Y,  por ello, siempre podremos reconocernos en alguna de las historias que, como hicieron sus protagonistas, llegan para quedarse.
Las "letras ajenas" de la semana no lo son tanto para este blog, pero, como ocurría con Bradbury, no nos importa nada regresar a ellas:

"Nunca supo el porqué de su desaforado interés por los dinosaurios, pero cierto fue que ello marcó su vida para siempre. No se trataba de esa dulce fascinación, compartida con millones de niños, que juegan con sus feroces animales de goma o disfrutan aterrorizados ante la inmensa presencia de esos enormes esqueletos del museo, mientras aprietan, hasta dejar sus deditos blancos, la confortable mano de su padre que les ofrece calor y seguridad.
(...)
Desde niño, había tenido clara su vocación. Cuando fuera mayor se haría paleontólogo. Se dedicaría en cuerpo y alma al estudio de los dinosaurios, de los dinos, como él los llamaba con familiaridad, como si ya fueran un miembro más de su abundante parentela.
Y empeñaría su vida en la búsqueda de alguno de esos restos majestuosos que el tiempo y la destrucción habían sembrado por algunos lugares de la tierra. Como restos de un naufragio de dimensiones cósmicas"

Como siempre, el resto está en "El Cielo de los Dinosaurios"... tendréis que buscarlo ahí.


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Mauro en gran parte del texto.

    9.4.12 0 comentarios

    Dinosaurios o la importancia de llamarse Ray

    A Sound of Thunder (El sonido de un Trueno) es uno de los cuentos más célebres de Ray Bradbury. Sinceramente, he tenido serias dudas para incorporarlo en esta serie, porque es una obviedad (está frase la guardo para el día que le toque el turno a Monterroso). Pero bueno, por una parte estamos empezando (así que empecemos por el principio), y por otra hay que releer “El Sonido de un Trueno” de vez en cuando.
    No se puede ser más clásico. El autor, Ray Bradbury, es uno los más consagrados escritores del ramo y recuerdo haber leído que quedó enganchado a los dinosaurios mientras veía una película cuando era pequeño. Los "asuntos a tratar" han sido reelaborados cientos de veces: viajes en el tiempo, paradojas e  incongruencias, tiranosaurios, cazadores rudos, cobardes , efectos mariposa y “ten-cuidado-cuando-juegas-con-fuego-sólo-para-divertirte-no-te-vayas-a-quemar”... pero funciona.
    La historia original es de los años 50, pero los lectores de este blog quizás encuentren satisfactorio “Cuentos de Dinosaurios”, una recopilación de cuentos del autor, a la que seguro volveremos en esta serie. Por ahora, sin más dilación vámonos a cazar tiranosaurios con “Safari en el tiempo S.A.”
    "El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad: 
    Safari en el tiempo S.A. Safaris a cualquier año del Pasado. Usted elige el animal. Nosotros le llevamos allí. Usted lo mata. 
    Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio. 
    -¿Este safari garantiza que yo regrese vivo? 
     -No garantizamos nada -dijo el oficial-, excepto los dinosaurios. 
    -Se volvió
    -Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta....."

    El cuento, como casi siempre, no termina aquí,... el resto tendréis que leerlo en otro sitio.

    --
    1.- La imagen es de Willian Stout para el cuento en su edición de 1982, tomada de aquí
    2.- Ok, si, también hay una película: El sonido del trueno (2005)... es otra historia
    3-. El titulo, por supuesto, hace referencia a Ray Harrihausen.
    3.4.12 0 comentarios

    ¿Qué tiene de malo la paleontología?

    La nueva referencia de esta serie literaria constituye un ejercicio de "metadinomanía", es decir, la referencia dinomaniaca no se encuentra dentro de un texto de ficción, si no de un análisis del hecho dinosaurio en el que se reproduce el guión de una película... y es que el texto ajeno de esta semana procede de "Cazadores de dragones" del paleontólogo José Luis Sanz.

    "En la película “The Beast from 20.000 Fathoms” (“El monstruo de tiempos remotos”, 1953) un profesor de física descubre un enorme dinosaurio vivo, liberado de los hielos árticos por el ensayo de una explosión atómica. Por supuesto, nadie le cree, pero una atractiva paleontóloga, visiblemente interesada por el científico, le lleva a su casa para enseñarle reconstrucciones de “bestias prehistóricas”. El (principal) objetivo de la visita es tratar de identificar al monstruo polar avistado por el profesor de física. En un descanso de tan ardua tarea la joven paleontóloga saca una bandeja con café y sándwiches. Mientras mastica, el científico comenta “Es curioso”. “¿Qué es curioso?”, dice ella. “Que una chica como usted sea paleontóloga”. Entre divertida y tajante, la guapa paleontóloga responde: “¿Qué tiene de malo la paleontología?”...

    Personalmente, si lo que pretende el físico es ligársela, le aconsejaría vivamente el "¿estudias o trabajas?" y así no quedarían dudas sobre lo cutre que es, pero respecto a la respuesta de ella (¿Qué tiene de malo la paleontología?), Sanz deja su opinión en el libro y es allí a donde tienes que ir para seguir leyendo...
    27.3.12 0 comentarios

    Dinosaurios "más allá del hielo"

    No, no se trata de dinosaurios encerrados en el permafrost que vuelven a la vida tras una explosión nuclear (aunque no se descarta que ésta sea una de las próximas entradas). 
    "Más allá del hielo" de Douglas Preston y Lincoln Child no va de dinosaurios, si no de las peripecias del grupo contratado para la recogida de un meteorito en una isla chilena cerca de la Antártida. En este caso, los dinosaurios sirven para caracterizar al personaje central de la novela, Palmer Lloyd un millonario excéntrico y obsesivo. Y, claro está, si queremos construir este personaje, que mejor que presentarlo como un coleccionista compulsivo de cosas tan inútiles como (entre otros) dinosaurios.

    "un hombre de unos sesenta años, un personaje llamativo y de presencia no sólo notable, si no abrumadora. Llevaba el cráneo afeitado, y barba oscura en punta. Su poderosa osamenta servía de percha a un traje de Valentino, un traje de seda azul marino que al moverse brillaba un poco. La camisa era de Turnbull Asser, de un blanco sin concesiones, y estaba abierta por el cuello, con corbata estrecha y, a guisa de pasador, un ámbar del tamaño de un puño, que contenía la única pluma de Archaeopteryx encontrada en todo el mundo." 

    No se puede ser más excéntrico… o si?. La novela arranca con nuestro personaje a punto de adquirir una pieza más para el Museo de Historia Natural que está montando en Nueva York:

    "La caja contenía un diente marrón y curvo, sobre fondo de raso blanco. La pieza tenía unos veinte centímetros de longitud, y el borde interno de sierra. 
    El director carraspeó. -El remitente del lote número uno, único del día, es la nación navajo, en régimen de fideicomiso con el gobierno de Estados Unidos. 
    Miró a los presentes. -El lote es un fósil. Un fósil muy especial.  
    Consultó la tarjeta-. En 1996, Wilson Atcitty, pastor navajo, perdió unas cuantas ovejas en los montes Lukachukai, cerca de la frontera entre Arizona y Nuevo México. Durante la búsqueda encontró un hueso grande que sobresalía de una pared de arenisca, en un cañón muy apartado. A esta capa de arenisca los geólogos la llaman Formación de Hell Creek, y se remonta al cretácico. Al enterarse, el Museo de Historia Natural de Alburquerque hizo un trato con la nación navajo y empezó a excavar el esqueleto. A medida que avanzaban las excavaciones, fueron dándose cuenta de que no había uno sino dos esqueletos entrelazados: un Tyrannosaurus rex y un Triceratops. El tiranosaurio tenía clavadas las mandíbulas en el cuello del triceratops, justo debajo de la cresta, decapitando o casi de un feroz mordisco al animal. Por su parte, el triceratops había clavado el cuerno central en el pecho del tiranosaurio. Los dos animales murieron juntos, en un abrazo mortal. 
    Carraspeó. -Ya tengo ganas de ver la película." 

    El fósil de la subasta es un extraño pastiche entre el Tyrannosaurus Sue (por la parte de los Navajo); los dinosaurios luchadores de Mongolia; y los dueling dinosaurs (la lucha entre un tiranosaurio y un triceratops) emblemáticas del Natural History Museum of Los Angeles County.

    Acaba aquí la presencia de dinosaurios en "Más allá del hielo". El resto de la historia del rescate del meteorito de Isla Desolación (sin pretensiones y con curiosos bandazos argumentales) tendréis que leerlo en otro sitio…..
    21.3.12 0 comentarios

    Paleontólogos en "El Cálculo de Dios"

    Iniciamos una serie sobre la presencia de referencias dinosaurianas en la literatura no técnica y abrimos con "El cálculo de Dios" (Calculating God), un texto bien conocido de Robert J. Sawyer, un autor canadiense de novelas de ciencia ficción. No hay dinosaurios en "El Cálculo de Dios" pero son frecuentes las referencias paleontológicas y, en particular a paleontólogos de dinosaurios.
    En la novela, Thomas Jericho es el director del Departamento de Paleontología del Royal Ontario Museum (Toronto, Canadá). Un día una nave  aterriza frente al museo y un alienígena con aspecto de araña desciende de ella..."... se acercó sigilosamente hasta el guardia de seguridad de chaqueta azul –Raghubir, un sij de gran aspecto pero simpático que llevaba toda la vida en el RMO– y le  dijo en un inglés perfecto: –Perdóneme. Me gustaría ver a un paleontólogo (…) –¿Qué tipo de paleontólogo? –dijo, con seriedad, siguiendo la broma. El torso esférico del alienígena se sacudió una vez. –Uno amable, supongo (…). –Quiero decir, ¿invertebrados o vertebrados? –¿Los paleontólogos no son todos humanos? –preguntó el alienígena. (…) ¿No son todos, por tanto, vertebrados? (…)  –Por supuesto, todos son humanos –dijo Raghubir. (…) –. Pero algunos se especializan en fósiles vertebrados y otros en invertebrados. –Oh –dijo el alienígena– (…) Cualquiera de ellos me vale. Raghubir levantó un teléfono y marcó mi extensión. (….)  –Doctor Jericho –dijo la voz de Raghubir, con su acento característico–, hay alguien aquí que desea verle"

    Como canadiense, Sawyer parece tener muy claras sus referencias paleontológicas:
    "...el cráneo de Troodon que Phil Currie había enviado desde el Tyrrell había esperado pacientemente durante setenta millones de años; podía esperar un poquito más..."

    pero su registro es mucho más amplio, y así, en un momento, Jericho se refiere a un extenso grupo de paleontólogos:
    "...Nunca sé por adelantado lo que voy a encontrar en una excavación... nadie lo sabe. Pero lo que sea que encuentres debe encajar en el vasto mosaico de hechos descubierto por Buckland, Cuvier, Mantell, Dollo, Von Huene, Cope, Marsh, los Sternberg, Lambe, Park, Andrews, Colbert, Russell el Viejo, Russell el Joven sin ningún parentesco con el anterior, Ostrom, Jensen, Bakker, Horner, Weishampel, Dodson, Dong, Zheng, Sereno, Chatterjee, Currie, Brett–Surman y todos los demás, los pioneros y mis contemporáneos..."

    El resto hay que buscarlo en la  novela: los alienígenas han captado la existencia de extinciones sincronizadas en todo el universo y, de alguna manera, parecen tener pruebas de la existencia de Dios. No vamos a entrar en esto, pero, aunque el escenario en el que se desarrolla la novela parece prometedor: un científico alienígena conversa sobre ciencia con un científico de la Tierra, el texto y la carga ideológica de la novela se espesan por momentos.

    26.8.11 2 comentarios

    El Cielo de los Dinosaurios

    Hace ya cinco años, Vicente García-Oliva, nos obsequió tres (magníficos) cuentos de dinosaurios que llevan ya acumuladas miles de entradas en este blog. Por suerte, la cosa no quedó ahí y hoy saludamos la publicación de un "cuentiario" completo que se titula “El Cielo de los Dinosaurios”. Como nos ha pillado un poco a desmano hacemos sólo este anuncio, tomamos unas palabras del autor y nos referimos al blog de Vicente García-Oliva, pero ya estamos preparando una reseña completa.
    El libro está en castellano, pero la reseña original es en asturiano:
    "... Trátase d’un “cuentiariu”, neoloxismu qu’emplego pa desplicar que se trata d’un “bestiariu” en forma de cuentos, o unos cuentos que formen un “bestiariu”. El volume recueye once histories protagonizaes, d’una o otra manera, por dinosaurios. Nunes son los suxetos de la narración, y notres los oxetos. Dientro d’elles hailes d’estremada triba: unes son fantástiques, otres realistes. Unes son simpátiques (creo), y otres tristes. Ya, inclusive, dalgunes paezme que te faen pensar.
    El porqué, depués de más de 60 millones d’años, los dinosaurios siguen interesando ye un misteriu. Quiciás seya porque los tenemos llantaos neso que los “cursis” llamaríen “l’imaxinariu coleutivu”, o porque de dala manera rellaciónense cola mitoloxía, con aquellos seres mitolóxicos apavoriantes, como los dragones. O quiciás, cenciellamente, porque despierten en nós curiosidá y mieu, dos cualidaes mui humanes".
    Si, como nos consta de algunos, te gustaron los "Tres cuentos de dinosaurios", en "El cielo de los dinosaurios" tienes una dosis cuádruple.
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    Referencias:
    • El cielo de los dinosaurios (ed. Pearson) De Vicente García Oliva.
    • En la imagen, la portada del libro, obra de Pablo Amargo.