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El ictiosaurio ¡hace 160 años!

Mitología y realidad se unieron para explicar, el 25 de marzo de 1849, en “Museo de las familias”, cómo era y cómo vivía el ictiosaurio.

Transcripción (Textual):

Es un monstruo con patas de cetáceo, de cuerpo de pescado y de cabeza y cola de lagarto. Tiene de quince a veinte pies de longitud, y á fuerza de mucho trabajo sale del mar, pues su talla, pesada y maciza, no le permite arrastrarse fácilmente por la arena con sus cortas patas.
Sus anchas mandíbulas, están armadas de dientes formidables, y todo anuncia que sus costumbres son feroces: lo que mas particularmente contribuye á hacer su fisionomía siniestra, son sus ojos de un extraordinario grandor, que hasta le permiten ver los objetos en medio de las tinieblas. Por eso, de noche es cuando especialmente se desliza por debajo del agua para coger su presa dormida. Su respiración aérea, no le permite separarse mucho de las riberas, y cuando nada entre dos aguas, se ve obligado, con mucha frecuencia, á retirarse á la superficie para poder respirar.
Cuanto llevamos dicho acerca de este animal, lo hacemos bajo una suposición, pues se cree que no existen ya mas que sus fragmentos, que los ha encontrado Cuvier de siete especies bien caracterizadas. El mismo Cuvier es de opinión que dicho animal no habia podido nunca salir del nivel del mar, y que debia estar sobre la arena como las ballenas y los delfines cuando les faltaba el agua.
Pero el gran naturalista se ha equivocado ó debia admitir (lo que aun seria mas estraordinario que los mismos mónstruos) que los ictiosaurios eran vivíparos, y de eso no dice una palabra.
Estos animales deben, pues, salir del agua para poner sus huevos, pues tenian la facultad de arrastrase por la tierra, en lo cual se asemejan á otras muchas especies conocidas. La lámina ó grabado que acompaña á este artículo es tan exacto, que nos creemos dispensados de mayores explicaciones, mucho mas tratándose de un animal, cuya existencia es por lo menos dudosa.
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Lo que nos faltaba: "Lo Hueco" y el Diluvio

Creo que son ganas de hacerles publicidad (de hecho me temo que es parte de lo que pretenden), y he dudado sobre la necesidad de hacer una referencia, pero…. es tan ridículo y, de alguna forma, tan divertido, que no he podido resistirme.

Hace unos días, en El Vinosaurio se publicaba un excelente post sobre un artículo que utilizaba las huellas de La Rioja en una revista creacionista.

Hoy le toca al yacimiento de “Lo Hueco”.

Parece que, tras profunda reflexión mientras leía la noticia en un periódico, Alfred Adams ha decidido que “Lo Hueco” es una de las evidencias del Diluvio Universal. La argumentación del Sr Adams está aquí (este enlace conduce a una página creacionista que pretende adoctrinarle, que conste que accede a ella bajo su responsabilidad) En principio se agradece que alguien aporte una hipótesis general para el próximo proyecto de investigación, pero me temo que nos las vamos a ver y desear para encontrar un procedimiento de falsación (supongo que todo se arregla con un poco de fe y la interpretación de cualquier párrafo de la Biblia tomado al azar). El Sr. Adams lo tiene clarísimo, no estoy seguro de que sepa donde cae Cuenca, pero su argumento es impecable (y ni siquiera ha necesitado ir a verlo, muestrear, hacer costosos análisis o pensar más de dos minutos): si un volcán puede depositar metros de sedimentos en un corto periodo de tiempo, el yacimiento de “Lo Hueco” es de antesdeayer, y esto prueba que el arca de Noe y por extensión todo el Génesis es verdad de la buena. Pero... haber empezado por ahí!. Con un argumento tan aplastante y un desarrollo lógico tan potente, podríamos habernos librado de esta caterva de paleontólogos malgastando su tiempo y, lo que es peor, el dinero público. El propio Adams advierte: ¡evolucionistas (e infieles en general), sois carne de fosilización para el próximo diluvio!... Parece que sólo los creyentes se librarán de pasar al registro fósil.

El caso es que, vista así, esta historia puede traer consuelo a aquellos que carecen de la fe necesaria: si persitimos en no creer y no nos desarticulamos cuando nos caigan toneladas de barro encima, podemos pasar a ser la prueba irrefutable del II Diluvio Universal (en segunda persona del plural que no estoy dispuesto a perdermelo). Que así sea

PD: nada novedoso, ya lo decían los Siniestro Total en una de sus canciones:

Sonríe cuando te vayas a fosilizar

Que no piensen luego que lo has pasado mal
Procura extinguirte con clase y dignidad
Piensa en el Museo de Historia Natural.
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La imagen se ha tomado prestada de una campaña de distintos colectivos de ateos españoles:

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El Museo de la Evolución de Yale

En el Año de Darwin y de la Evolución es interesante recordar que hace casi un siglo existía un museo dedicado a esta temática: el Museo de la Evolución de Yale. Se reproduce una noticia de Alrededor del Mundo, del 4 de diciembre de 1926, donde se acercaba este museo y lo que en él se exponía sus lectores.

Transcripción (textual):

“El mundo tiene muchos museos –dice un sabio-: pero el Museo de la Evolución de Yale es único” En él se encuentran, estudiado demostrativamente, desde los elementos unicelulares hasta el hombre; desde el infusorio hasta los terribles animales, como el pterodáctilo, que asombraba en las primeras edades por sus extraordinarias proporciones.
Todos los fósiles univertebrados están colocados estratigráficamente por orden, con notas explicativas y diagramas y mapas mostrando los cambios verificados en cada sucesiva Era. Por primera vez se ven en el Museo colecciones completas de animales existentes y desparecidos, relacionadas íntimamente las especies para hacer el total estudio de comparación entre ellos.
La colección de caballos es una demostración de la evolución histórica de una raza. El hall del hombre reúne materias para demostrar las evidencias evolucionistas derivadas de la anatomía comparada, el desarrollo histórico y los informes recogidos en el estudio de los fósiles. Junto a esta colección se muestra la llamada de factores evolucionistas: herencia, variación, coloración, semejanza, ambiente, etc…
En la rotonda maravilla al visitante un pequeño hall, donde se muestran algunos fenómenos celestes, en forma luminosa, tales como los meteoritos. En él existe un calendario azteca de piedra de los tres que se conocen.
Un enorme péndulo suspendido del techo, recuerda el experimento clásico que Foncault hizo en el Panteón de París, el año 1851, y que demuestra visualmente el fenómeno de la rotación de la tierra.
No son sólo las colecciones en él reunidas lo que maravilla del Museo que nos ocupa; notable también es el método de reconstrucción de animales de especies desaparecidas, que se debe al profesor Richard S. Lull. El método empleado anteriormente sólo daba una idea del tamaño de los animales, en tanto que el método de Lull muestra a un lado la estructura del esqueleto y a otro la forma y actitudes características que el animal tendría en vida. De ese modo el profesor puede utilizar las esquirlas incompletas de fósiles y los huesos defectuosos en lugar de construir de yeso y montarlos al uso corriente.
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Pie de figuras (Textual):

- El terrible lobo de la Edad de Piedra, reconstruido por el mismísimo método de Lull.
Interesante animal de las primeras edades: lobo de gigantescas proporciones y de una enorme voracidad, en relación con los ejemplares de lobo actualmente existentes. En el Museo de la Evolución es como el punto inicial de los estudios que sobre estos animales se realizan, y del cual se han escrito interesantes trabajos.
Este lobo se encontró en unas excavaciones hechas en el rancho de Brea, en los Ángeles (California). En los terrenos asfálticos de este país los animales de los días prehistóricos se hundían, y sus restos quedaban para testimoniar ante el investigador cuáles eran las características de los animales, cuya descripción nos parece fantástica, más propia de la imaginación que de la realidad.
- Tortuga gigante, la mayor de todas las conocidas, y que pesa tres toneladas y media. Al lado aparece el notable hombre de ciencia R. S. Lull.
- Esqueleto del lobo que aparece en el grabado de la izquierda.
Por el grabado puede comprenderse la importancia del método de Lull de no mostrar sólo la parte exterior de los animales, sino de disponer éstos de modo que por un lado se vea la forma exterior del animal y por otro la estructura del esqueleto.
Lull, teniendo en cuenta que el color de los animales varía poco de una centuria a otra, pinta la piel de acuerdo con un ejemplar determinado de la especie a que pertenece el tipo que se construye.
Para realizar el trabajo de conservación en la forma que lo hace Lull se requiere grandes conocimientos de la materia, un enorme cuidado y dominio exacto del funcionamiento muscular del animal.
20.1.09 0 comentarios

Allosaurus: Um Dinossáurio, Dois Continentes?

Habrá más información en breve, pero, por ahora, un anuncio:
Vai ser inaugurada, no próximo dia 6 de Fevereiro, no Museu Nacional de História Natural da Universidade de Lisboa, a exposição intitulada “ALLOSAURUS: UM DINOSSÁURIO, DOIS CONTINENTES?”
A exposição pretende partilhar com o público um processo de investigação científica e de produção de conhecimento, que tem como base os trabalhos desenvolvidos na jazida paleontológica de Andrés (Pombal). Os visitantes são convidados a acompanhar as várias etapas desse processo, desde as escavações até às conclusões (ou novas questões), passando pela caracterização da espécie de dinossáurios Allosaurus fragilis, uma das descobertas mais surpreendentes resultante dos trabalhos desenvolvidos na jazida de Andrés.
Ao longo desse percurso, além da visualização de imagens, de fósseis e de 16 réplicas de esqueletos alusivas a outros tantos dinossáurios, os visitantes são convidados a fazer as suas próprias descobertas. Poderão, também, participar em conferências, debates e outras actividades relacionadas com o tema em exposição, que vão decorrer durante o período de apresentação pública.
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Más información:
-En la imagen: un momento de la excavación de una falange de Allosaurus en Andrés durante la campaña de 2005.
-Algo de literatura:
15.1.09 0 comentarios

¿Se ha descubierto el unicornio? El probable origen de un animal fabuloso.

Aunque se han planteado muchos hipotéticos orígenes sobre la mitología del unicornio, uno de las más atractivos es el que considera que hace más de dos milenios, descubrimientos casuales de cráneos de dinosaurios cornudos, fueron los que inspiraron la creación de este singular ser. Veamos esta y otras curiosas interpretaciones postuladas en Alrededor del Mundo, en septiembre de 1920.

Transcripción (textual):

El reciente descubrimiento del esqueleto completo de un extraordinario dinosaurio fósil provisto de un cuerno vertical sobre la frente, ha hecho pensar a algunos hombres de ciencia si en la leyenda del unicornio no habrá, después de todo, un fondo de verdad. El gigantesco reptil cuyos restos se han hallado pudiera ser muy bien el monstruo que dio origen a ese mito, que hallamos en todas partes del mundo. No hay, en efecto, animal fabuloso de más universal popularidad que el unicornio. Su recuerdo existe en las mitologías de todos los pueblos antiguos, y lo curioso es que todos ellos le dan un aspecto parecido, habiendo sólo ligeras diferencias entre los dibujos chinos que lo representan y los relatos de los escritores antiguos o miniaturas y bajorrelieves de los artistas medievales.
La Biblia menciona el unicornio nada menos que ocho veces, pintándolo como una bestia fortísima e indomesticable. Eliano, uno de los más antiguos escritores de cosas de historia natural, dice que tiene el tamaño de un caballo, de piel amarilla-rojiza, la cola de jabalí y los pies muy ligeros, aunque inarticulados como los del elefante. “un cuerno negro-añade-sale entre sus cejas, no hacia dentro, sino con cierta curvatura natural y terminado en una afilada punta. Dícese que es cariñoso con cualquier otro animal que se le acerque, pero que lucha con sus semejantes”. En un “bestiario” normando del siglo XIII, se hace de la misteriosa bestia la siguiente descripción: “El unicornio no tiene más que un cuerno en medio de su frente. Es el único animal que se atreve a atacar al elefante, y tan afilada es la uña de su pie, que de un golpe rasga el vientre de la más terrible de todas las bestias. Los cazadores sólo pueden coger al unicornio poniendo una joven doncella en las selvas en que aquél habita. Tan pronto como este animal maravilloso divisa la doncella, corre hacia ella, se arroja a sus pies y consiente ser cogido por los cazadores.”
La descripción que ha servido de base a la concepción corriente del unicornio, tal como la entienden los artistas y los heráldicos, es la de Plinio, el naturalista romano, que lo pintaba como “una bestia muy feroz, semejante en el resto de su cuerpo a un caballo, pero con la cabeza de un ciervo, los pies de un elefante, la cola de un jabalí, una voz mugiente y profunda, y un solo cuerno negro, de dos codos de largo, plantado en medio de su frente”. Añade Plinio que este animal no puede ser capturado vivo, lo que explicaba que nunca hubiera sido presentado en el circo, como otros animales feroces o extraordinarios.
Como ha dicho con razón un eminente hombre de ciencia ingles, el profesor Charles Gould, un animal cuya existencia han afirmado tantos autores en fechas tan distintas y en tan apartados países, no puede ser mero producto de fantasía humana. Se ha buscado durante mucho tiempo el origen de la leyenda, pero sin ningún resultado positivo. Se ha querido ver en el unicornio el procedente híbrido de un cruzamiento entre el caballo y algún rumiante, pero la ciencia niega rotundamente la posibilidad de semejante combinación. Se ha dicho también que el unicornio pudo ser algún antílope de cuernos tan simétrico, que visto de perfil pareciese tener uno sólo, y también se ha supuesto que la leyenda se basaba en el rinoceronte, cuyo cuerno se vende en el Oriente con el nombre de cuerno de unicornio; pero los antiguos conocían muy bien al rinoceronte, y no lo confundían con aquel misterioso monstruo. Realmente el animal que dio lugar a la leyenda estaba por descubrir, y nada de extraño tendría que ese animal fuese realmente el braquicerátopo, que así han llamado los naturalistas al extraño reptil fósil a que nos referimos. O más bien algún próximo pariente suyo que viviese en lo que hoy es el antiguo continente, ya que el braquicerátopo ha sido encontrado en la América del Norte, en Montana, y la leyenda del unicornio es de evidente origen oriental y anterior al descubrimiento del Nuevo Mundo.
El braquicerátopo y otros dinosaurios similares a él, eran indudablemente animales inofensivos, y al parecer herbívoros. Su cuerno sólo les servía para defenderse de sus enemigos naturales, los grandes reptiles carnívoros de la misma época, y no deja de ser curioso que sus pies tenían cierto parecido con los del elefante, como lo pretende la leyenda del unicornio.
Verdad es que le dinosaurio en cuestión existió unos cuantos millones de años antes de que el hombre apareciese sobre la tierra, de modo que no es posible que la humanidad conservase recuerdo de él, no aún por tradición. Pero sí es perfectamente admisible que los antiguos conociesen algún esqueleto de estos reptiles unicornios, porque no se ha de creer que los descubrimientos de fósiles son cosa exclusiva de nuestros tiempos. En la Edad Media, y aún en la antigüedad, al abrir minas y canteras, o al hacer excavaciones con cualquier otro propósito, se hallaban también huesos fósiles de animales gigantescos, que en aquellos tiempos, dado lo rudimentario de los conocimientos científicos, se tenían por cosa digna de admiración. Esos hallazgos dieron lugar a las leyendas de gigantes, y en China, el encuentro en la vecina Siberia de restos de mamuts, fue el origen de la creencia de un animal misterioso con grandes cuernos, que vivía bajo la tierra, como los topos. En más de una iglesia se han conservado durante largos siglos huesos largos de mastodonte en la creencia de que eran los huesos de San Cristóbal, o restos de esqueletos de reptiles fósiles que pasaban por ser los del dragón vencido por San Jorge.
Nada tendría, pues, de extraño que el hallazgo de cráneos o esqueletos de dinosaurios unicornios hubiese sido la verdadera base de la historia del unicornio, el animal maravilloso que sólo se sometía a una doncella abandonada en la selva, lo que equivale a decir que su captura era de todo punto imposible.
Imágenes (Textual):
-Restos fósiles de braquicerátopo
-Un dinosaurio del mismo tipo que el fósil
-Grabado antiguo ilustrando la leyenda de la caza del unicornio
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X Aniversario del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha



Mañana, día 15 de Enero de 2009, se celebra el X Aniversario de la Apertura del Museo de las Ciencias Castilla-La Mancha, en Cuenca. Con motivo de esta señalada fecha, el Museo celebra este evento con una importante remodelación del proyecto museográfico.
Este centro alberga en sus fondos la colección paleontológica de el Yacimiento de Las Hoyas (La Cierva). En la remodelación de las salas que componen el museo, la sala dedicada al Yacimiento de Las Hoyas, ubicada dentro del aréa denominada Tesoros de la Tierra (uno de los espacios mejor valorado por los visitantes), ha sufrido una pequeña renovación. En esta sala se ofrece al público,
a partir de mañana, la posibilidad de acercarse más al yacimiento visionando un día de trabajo tanto en el campo como en el museo -a través de una proyección-, y mostrar, a través de los fósiles expuestos, la importante riqueza paleontológica de el Yacimiento de Las Hoyas. Además, la sala cuenta con un espacio importante acerca de uno de sus grandes hallazgos: Iberomesornis romerali.
Para los que estéis en Cuenca:
Como parte de los fastos, al día siguiente (el viernes 16) a las 19:00 horas, en el Centro Cultural CCM (Parque San Julián, 20), José Luis Sanz presentará la proyección del clásico de los clásicos del cine de serie dudosa pero que combina Dinosaurios y Cuenca:

!El Valle de Gwangi!
(No te lo puedes perder)

Baja el volumen (la musica añadida es incomoda) y disfruta de las escenas finalas de este corte de la pelicula con Gwangi entrando en la catedral de Cuenca

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Ajustando cuentas 07

(Haz click en la imagen para ver el capítulo completo)
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El misterioso brontosaurio africano

El hallazgo de misteriosas huellas en las sombrías y remotas selvas del interior de África, que únicamente se podían atribuir a algún dinosaurio escondido en aquellos lugares, quitaba el sueño a más de un científico. Estas huellas, que suponían para los europeos un misterio y para los indígenas un motivo para creer en extrañas supersticiones, solo pudieron ser realizadas por un extraño ser. Para conocer en detalle estas impresiones y a la criatura que las produjo, se reproduce esta noticia de Alrededor del Mundo, del 8 de marzo de 1920.

Transcripción (textual):

En diferentes ocasiones, los viajeros y misioneros que recorren las sombrías selvas del interior de África han hablado de la posibilidad de que en aquel país existiesen todavía monstruos de los comúnmente llamados antediluvianos, reptiles gigantescos por el estilo del diplódoco y del gigantosaurio, que habrían podido conservarse allí mientras se extinguían en otras partes del planeta. En nuestra misma Revista nos hemos ocupado de estos rumores, que los hombres de ciencia recibían siempre con marcado escepticismo, atribuyéndolos a la fantasía de los viajeros exaltada por algún acceso de fiebre, y que, sin embargo, parecían demostrados por una prueba irrefutable.
Era ésta el hallazgo, en diferentes puntos de la gran selva que ocupa la mayor parte del interior de África, de huellas que por su forma y disposición sólo a un reptil podían atribuirse, pero a un reptil de un tamaño descomunal, tan grande como una ternera o un borrico. Suponíase, no sin cierto fundamento, que el animal que tales muestras de su paso iba dejando era un brontosaurio, es decir, un reptil de aquellos a que nos hemos referido, y que constituía en la época terciaria una de las más típicas especies de la fauna terrestre. Los naturalistas, sin embargo, apoyándose en sus razones biológicas y paleontológicas, se resistían a creer en la supervivencia de este tipo extinguido hace cientos de miles de años, y los naturalistas han tenido razón.Un miembro de la Sociedad Geográfica de Londres, el doctor Christy, recorriendo los bosques del Ituri, en el Congo belga, ha tenido la suerte de resolver el interesante problema. Las huellas, que eran para los europeos un misterio y para los indígenas un motivo de extrañas supersticiones, no son de ningún reptil sino de un mamífero, aunque de un mamífero tan extraño y estrafalario como el más raro de los dinosaurios prehistóricos. Se trata, en efecto, de un oricteropo o cerdo de tierra, como le llaman los colonos del Sur de África; bicho tan singular y diferente de los demás, que los zoólogos se han visto precisados a hacer para él un grupo especial, el grupo de los “tubulidentados”, nombre debido a que sus dientes parecen formados por varios tubos yuxtapuestos.
Aunque no en su figura, en su organización y costumbres se parecen estos animales a los hormigueros de América. Conócense varias especies: la del Congo, descubierta hace pocos años por el oficial del Ejército belga M. Eriksson, y por esta razón llamada “Orycteropus erikssono”, es la que alcanza mayor corpulencia, midiendo unos dos metros de longitud. Este animal, que por ser de costumbres nocturnas rara vez tienen ocasión de ver los europeos residentes en el Congo, es el que con sus enormes uñas, muy idóneas para abrir los hormigueros de los termes que les sirven de alimento, deja en el suelo fangoso de las selvas aquellas huellas que los viajeros creían de un reptil de tamaño enorme. Es sencillamente otro misterio científico que se desvanece y resulta ahora perfectamente explicado.

Pies de figuras (textual):

-El gigantosaurio, uno de los enormes reptiles que en otro tiempo existieron en África, y que se sospechaba podrían tener allí representantes actuales.
-Las huellas atribuídas al brontosaurio: la del pie posterior, indicada por puntos, pisando sobre el anterior.
-El oricteripo del Congo, descubierto recientemente, y al que se deben las huellas misteriosas
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¿Existe el hombre hace doce millones de años? Fotografía rupestre de un dinosaurio

¿Realmente el hombre convivió con los dinosaurios? Eso es lo que se dedujo al observar cómo un paleoartista sensu stricto, es decir, un hombre prehistórico con capacidades artísticas, plasmó sobre la superficie rocosa la silueta de uno de los saurópodos que poblaban su entorno. Imágenes y texto provienen de Alrededor del Mundo, del 4 de Julio de 1925.

Trascripción (Textual):

Los notables descubrimientos que ilustran esta página fueron llevados a cabo, en el desfiladero de Hava Supai, a unos 88 kilómetros y medio del Gran Desfiladero del Colorado (E.U.). Los descubrimientos –debido a una misión, formada por ilustres arqueólogos y geólogos americanos e ingleses, a cuyo frente figura personalidad tan relevante como Mr. Samuel Hubbard- parecen sugerir el hecho de que algún hombre prehistórico hizo la pictografía de un dinosaurio en los acantilados de dicho desfiladero. Esta probabilidad es importantísima, pues que supone el derrumbamiento de todas las teorías admitidas hasta hoy acerca de la antigüedad del hombre.
Las pictografías se encuentran en unos acantilados de piedra arenisca y miden siete metros de altura. La roja piedra arenisca contiene huellas de hierro. Este hiero, debido a la alquimia natural de un espacio desconocido de tiempo forma una especie de escama negra en la superficie de la roca.
Quitando con cualquier instrumento de punta esta capa de hierro, aparece bajo ella la piedra arenisca. De esta forma se puede pintar, sin necesidad de pigmento alguno, logrando para el dibujo una estabilidad casi imperecedera.
Hace aproximadamente un año fue mostrada a un conocido hombre de ciencia una fotografía del dibujo rupestre del supuesto dinosaurio, y el hombre de ciencia contestó ingenuamente:
-Esto no es un dinosaurio. No puede serlo. No puede serlo en manera alguna.
-¿Por qué?- le preguntaron.
-Porque “todos sabemos” que los dinosaurios fueron extintos doce millones de años antes de que el hombre apareciera sobre la faz de la tierra.

Bien. Dejemos al ilustre hombre de ciencia con su opinión. Si aceptamos que la pictografía en cuestión representa un dinosaurio, tendremos necesariamente que aceptar una de estas dos conclusiones: o el hombre ya estaba sobre la tierra en el período triásico, esto es, millones de años antes de lo que hasta ahora se ha creído, o hubo dinosaurios mucho tiempo después de la fecha en que científicamente fueron ya considerados como extintos. Claro, que aún en este último, la antigüedad que ello supone es considerable.
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Pie de figuras:
- ¿Fue el hombre contemporáneo del dinosaurio hace doce millones de años? He aquí la pictografía rupestre encontrada en el desfiladero de Hava Supai (Colorado, E.U.)
- El diplodoco -25 metros y medio de altura-, según un esqueleto que se conserva en el Museo Americano de Nueva York.
29.12.08 0 comentarios

Un jardín zoológico antediluviano

En 1911 era posible pasearse entre los más extraños y fantásticos monstruos que habitaron nuestra tierra en los tiempos prehistóricos en el zoológico de Hamburgo. Como se ve en las imágenes, este Jardín del Eden estaba integrado por recreaciones de cemento de muchos de estos seres, en escenas de su vida cotidiana, como la lucha entre un Ceratosaurio, animal descrito como un cocodrilo de cola y patas traseras enormes, semejantes á las del canguro, y un Estegosaurioo o la visión de un Alosaurio, con su gran cabezota y sus largos y aguzados dientes, devorando glotonamente los restos de su un Brontosaurio. Esta noticia proviene de Por Esos Mundos, de Septiembre de 1911. Obsérvese la imagen del árbol de Navidad al final del artículo, tan propicia para estas fechas.
Transcripción (Textual):

Aunque la fantasía humana no pueda imaginar la infinita variedad de formas adoptadas por los representantes de los reinos animal y vegetal, cuyas especies sabemos que ascienden á centenares de millares, una mirada superficial á los restos fósiles de organismos extinguidos, nos demuestra que en el curso de los días pretéritos la naturaleza creó muchas formas sorprendentes que no tienen analogía alguna con las de nuestra vegetación y nuestra fauna actuales. Carl Hagenbeck, el fundador del famoso parque zoológico de Stellnigen, en los alrededores de Hamburgo, donde se conserva hasta las fieras más salvajes, en un estado de aparente libertad, ha instalado en su Jardín del Eden, una serie de maravillosas figuras, representando los más extraños y fantásticos mónstruos que habitaron nuestra tierra en los tiempos prehistóricos, creando así lo que podríamos llamar un jardín zoológico antediluviano. Estos gigantes que dominaban, en el mundo, hace millones de años, están situados en un escenario, digámoslo así, adecuado á sus modos de vida, y por lo tanto dan perfecta idea del aspecto de la tierra en aquellas remotas épocas. El visitante que pasa una hora en aquel fantástico jardín, concluye por creerse transportado á un mundo en el que la ciencia de la paleontología le permite reconstruir hasta los más pequeños detalles.
Entre aquellos animales habitantes de la tierra, la lucha por la existencia debía de ser mucho más grande que en la actualidad. Aquellos mónstruos se tenían declarada una guerra perpétua, y la lucha era titánica, á juzgar por sus formas y su enorme tamaño. La multitud de armas que la Naturaleza les prodigó, llegaron á ser insuficientemente protectores en el curso del tiempo, al paso que las condiciones climatológicas acarreaban fatalmente la extinción de aquellos seres. Aparte de sus rasgos peculiares, debidos á las condiciones del mundo antediluviano, estos animales tenían mucho de común con las especies existentes, remotas descendientes suyas, y demuestran en un modo sorprendente, la lenta evolución de una clase á otra, con muchos estados intermedios entre el reptil y el ave, el pez y el mamífero, y así sucesivamente.
Los modelos de animales antediluvianos á que venimos refiriéndonos, los ha modelado en cemento el conocido escultor zoólogo Mr. J. Pallenberg y están colocados en actitudes y grupos tan naturales, que ofrecen el aspecto de realidad. Alzanse unos, á orillas de un precioso lago rodeado de abundante vegetación, y otros, como los enormes cocodrilos, aparecen entre la superficie de las aguas. Para dar mayor realismo á su aspecto, hay también escenas de lucha entre esos mónstruos de los tiempos primitivos.
Para modelarlos con toda exactitud, se ha estudiado, minuciosamente, todos los huesos y las huellas fósiles que se conservan en los principales museos del mundo, especialmente, en el de Historia Natural de Nueva York. Cada modelo fué sometido al examen de las más eminentes autoridades científicas de la paleontología, quienes indicaron las modificaciones y correcciones que convenía hacer para que estuviesen lo más perfectamente de acuerdo con los datos científicos.
Al llegar al puente que cruza el lago, se ofrece á la vista del visitante una escena de lucha. Un monstruo llamado Ceratosaurio, un animal al que podría describirse como un cocodrilo de cola y patas traseras enormes, semejantes á las del canguro, ataca á otro animal de la clase de los reptiles al Estegosaurio, el cual, con el lomo protegido por una doble fila de aletas ó espinas, de un metro de alto, y por una serie de pinchos en la cola, parece próximo á rendirse á los ataques de se enemigo, mucho más pequeño, pero más ágil.
Algo más allá, se ve un gigante aún mayor llamado Brontosaurio, que ya ha sucumbido en la lucha de la vida.
Un Alosaurio, semejante á un enorme lagarto de la misma familia de monstruos, devora, glotonamente, los restos de su desgraciado compañero herbívoro, que aparentemente estaba desprovisto de medios de defensa para una lucha seria.
El triunfante Dinosaurio, con su gran cabezota y sus largos y aguzados dientes, según lo demuestran las circunstancias en que fueron encontrados los restos, fue uno de los amos de aquella época. Gracias á sus enormes garras anteriores, adaptadas para desgarrar, y á sus robustas patas traseras, admirablemente adaptadas para el salto, estaba excelentemenete dotado para desempeñar el papel de dominador. Hablando en términos generales, los dinosaurios contituían una familia de reptiles terrestres con sorprendente abundancia de formas, tanto más notables cuanto que la estructura de sus esqueletos, pone de manifiesto una transición contínua hacia las aves.
Uno de los monstruos más grandes de esta clase, junto al cual los árboles de alrededor parecen enanos, es el gigantesco Iguanodonte, cuya cabeza se alza á unos ocho metros sobre en nivel del suelo. Tan fantástico ser andaba habitualmente sobre sus patas traseras, semejantes á las de un ave, como lo prueban las enormes huellas de más de setenta y cinco centímetros de largo, separadas por un espacio de catorce metros, encontradas en los bosques de Sussex. Ayudábanle á sevarse derecho y á marchar como las aves, las grandes dimensiones de su cola; tenía el cuello relativamente largo, los brazos largos, y los dedos primero y quinto formaban casi ángulo recto con los dedos centrales. En cambio la cabeza era muy pequeña, y las limitadas proporciones de su cerebro no impedirían, indudablemente, que este animal tuviese capacidad para la lucha por la existencia.
Otra especie de dinosaurios, el Diplodoco, ofrece cierta semejanza con el anterior, pero es de proporciones mucho mayores. Este animal vivía en las regiones de América del Norte, de clima tropical, con extensos lagos de agua salada, cuyos restos sedimentarios formaban las llamadas “tierras malas” de nuestros días. Aunque el Diplodoco de Stellingen mide 20,13 metros de largo, no es de los más grandes, pues ha sido reconstruido con los huesos más completos, y no con los mayores que existen de su especie. Este lagarto ingente poseía una cola más larga que la del Iguanodonte, pero las patas traseras eran poco más largas que las delanteras, circunstancia que le permitía al animal andar con las cuatro. La enorme longitud de su cuello y la notable pequeñez de su cabeza son igualmente sorprendentes.
Entre el lugar ocupado por el Iguanodonte y el reservado para su compañero, el Diplodoco, los visitantes pueden ver un encantador idilio de hace diez millones de años. Una familia de “Rhinoceros Saurians” (Triceratops), ha llegado al lago, y el padre se baña asomando en las aguas la cabeza y el lomo, mientras que la madre, con el hijuelo permanece en la orilla. Aparte de la gruesa cola de lagarto, característica en ellos, como en los reptiles, estos extraños animales recuerdan por su aspecto general al rinoceronte de nuestros días. El Triceratops tenía tres cuernos, un pico como el de un ave de rapiña y una especie de collar erizado de puntas.
Un grupo aún más antiguo de lagartos fósiles, comprende al Plesiosaurio que puede ser descrito como una enorme foca con larga y gruesa cola, cuello notablemente prolongado, y cabeza pequeñita. Era un reptil marino con miembros que recuerdan las aletas de la ballena, y cinco dedos sin garras.
Una familia algo emparentada con esta, comprende los Ictiosaurios, parecidos a los peces, que ocupaban, entre los reptiles de su época, un lugar semejante al que ocupan hoy las ballenas entre los mamíferos. Tenían el cuello corto y rechoncho, el hocico notablemente largo, la cola larga y vigorosa, y los remos tan cortos como las aletas de la ballena.
Lo mismo que estos reptiles de forma de ballena, los lagartos voladores fósiles, ó Pterosaurios, no han dejado representantes en los reptiles de nuestros días. En realidad, la única analogía solo puede encontrarse, en la fauna de hoy, en la familia de los murciélagos de la clase de los mamíferos.
Sin embargo, mientras que la membrana voladora de los murciélagos, se extiende entre el segundo, tercero, cuarto y quinto dedo y el cuerpo, la de los Pterosaurios llegaba desde el último (cuarto) dedo, extraordinariamente desarrollado, hasta el cuerpo. Los tres primeros dedos eran cortos, y estaban provistos de garras.
En le parque de Stellingen se ven unos cuantos animales de esta clase, á orillas del agua, rastreando por las rocas ó descansando sobre losas de piedra. Estos lagartos-aves comprenden unos pocos Aerosaurios, de ancho hocico, y algunos Rhamphorhynchus de larga cola como la de una rata. En una gran roca hacia la cual parece dirigirse el Diplodoco, están representados dos gigantescos dragones voladores en actitud de descansar. Estos Pteranodontes, como se denominan científicamente, eran grandes lagartos voladores, de cola corta, dotados de largo pico como el de un marabú, y una estrecha cresta de longitud casi igual á la del pico.
Al mismo tiempo que las familias de animales ya extinguidos, vivían otras muchas especies más ó menos relacionadas con los reptiles de hoy. Ejemplos de esto son los grandes y pequeños lagartos de cresta, (Dimetrodonte y Naosaurio) que se ve en una de las fotografías que acompaña á este artículo.
Asemejábanse á un caimán dotado de hocico largo y ancho, y les caracterizaba una alta cresta de rígidas espinas que se extendía á lo largo del lomo. Junto á éstos, y medio ocultos por el agua, se ve dos cocodrilos verdaderos de los periodos cretáceo y del jurásico, que se distinguen de la misma familia, en la actualidad, por su gordura, principalmente. Por el césped andan dos enormes tortugas caracterizadas por una formación cartilaginosa en la cola y en la cabeza, y, especialmente, por dos grandes excrecencias como cuernos, próximas a las orejas.
Además de los reptiles antediluvianos, hay en le jardín fósiles de otras clases. En las rocas y á orillas del agua, se ve unas cuantas aves primitivas (arqueopterigios) íntimamente relacionados con los reptiles. Caracteriza á estas aves una cola larga compuesta de vértebras, á cuyos lados, se extienden unas líneas de grandes plumas. El ala comprende tres dedos bien desarrollados y, en sus mandíbulas se encuentran algunos dientes. En una piedra litográfica de la formación jurásica desenterrada en Solenhof, Alemania, se ha encontrado huellas del Arqueopterigio.
En el centro del lago, emerge la cabezota de un batracio llamado Mastodonsaurio, miembro de una familia propia de las formaciones carbonífera y triásica.
Mientras que los más grandes anfibios de nuestros días apenas alcanzan medio metro de largo, entre sus antecesores antediluvianos, figuran algunas especies cuyo cráneo sólo, medía metro y medio de largo. Otro anfibio es el Pareiosaurio, de unos dos metros de largo, que es semejante á un sapo gigantesco, de cola corta y cabeza menos aplastada que la de los sapos de hoy. Su piel revela notables restos de una especie de coraza de chapas de hueso.
En el parque de Stellingen se ve hasta un insecto fósil, una mosca dragón gigantesca, de más de sesenta centímetros de alas.
Actualmente, se está trabajando para ampliar el jardín zoológico antediluviano, mediante la adición de nuevos ejemplares pertenecientes á todas las familias conocidas de animales extinguidos.
D.R.
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Pies de figuras (textual):

-Estegosaurio atacado por un Ceratosaurio
-El Iguanodonte. Medía 8 metros de altura.
-Alosaurio devorando los restos de un Brontosaurio. Interesante escena de lucha por la existencia entre los primeros pobladores del planeta, formidablemente dotados de armas de combate.
-Un idilio de hace diez millones de años. Familia completa de Rhinoceros Saurians, bañándose en un lago.
-El Plesiosaurio. Reptil marino con miembros que recuerdan las aletas de la ballena.
-El Pteranodonte. Gran lagarto volador, dotado de pico y cresta de ave.
-El Diplodoco. Medía 20 metros y medio de longitud.
-Las aves primitivas.-Una colección de reptiles antediluvianos. En segundo término, el Dimetrodonte y el Nausosaurio, de formas parecidas al caimán.